La candidatura de Carolyn Rodrigues-Birkett, excanciller de Guyana, avanza tras imponerse en la segunda votación informal del Consejo de Seguridad para suceder a António Guterres como secretario general de las Naciones Unidas.
La diplomática guyanesa obtuvo ocho apoyos en la consulta a puerta cerrada entre los 15 integrantes del Consejo de Seguridad, superando a su rival más directa y actual secretaria general de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD), Rebeca Grynspan. Esta última, representante de Costa Rica, logró siete votos favorables en esta segunda instancia celebrada el 22 de agosto.
El resultado modifica parcialmente el escenario dejado por la primera consulta del 30 de julio, cuando Grynspan había ocupado el primer puesto. Ahora, ambas continúan como principales candidatas frente a un campo dominado por aspirantes latinoamericanas, mientras que el argentino Rafael Grossi permanece en tercer lugar con siete apoyos, seis rechazos y dos abstenciones.
Cada país evaluó de forma anónima a los ocho aspirantes mediante las categorías "apoya", "no apoya" y "sin opinión". El proceso aún no define la elección porque las potencias con derecho a veto no han revelado sus posiciones, lo que podría prolongar el camino hacia un desenlace. Ante esta incertidumbre, Zenon Ngay Mukongo, embajador de la República Democrática del Congo, declaró tras el acto: "Es demasiado pronto para lograr un consenso".
A pesar de que Rodrigues-Birkett recibió tres votos en contra y cuatro abstenciones o miembros sin opinión, Grynspan acumuló cuatro rechazos y cuatro votos sin opinión. La exvicepresidenta costarricense perdió terreno frente a su rival guyanesa, aunque la competencia sigue abierta con un panorama electoral todavía sin desenlace definitivo.
El liderazgo actual de Carolyn Rodrigues-Birkett no garantiza su victoria. La fase determinante será la ronda de votaciones informales, conocida como «votación de color», donde se revelará qué aspirantes son rechazados por los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad: Estados Unidos, Rusia, China, Francia y Reino Unido. Para ser recomendado por este órgano, un candidato debe acumular al menos nueve votos favorables y, crucialmente, evitar el veto de cualquiera de esas potencias. Posteriormente, la candidatura será sometida a la Asamblea General, integrada por 193 Estados miembros.
El carácter reservado de las grandes potencias mantiene abierta la posibilidad de que el escenario cambie. "Si, por ejemplo —y ahora estoy especulando-, se produce un estancamiento en torno a uno de los candidatos que vemos, si ninguno de ellos logra despegar, entonces creo que podríamos ver surgir otras" figuras, señaló Vassili Nebenzia, representante permanente de Rusia.
Una posible elección histórica
La competencia tiene además una dimensión regional y de género. Cinco de los ocho candidatos son mujeres y la mayoría procede de América Latina y el Caribe, una región que reclama la Secretaría General en virtud de la tradicional alternancia geográfica, aunque esta no constituye una regla obligatoria.
Sí Rodrigues-Birkett o Grynspan resultaran elegidas, Naciones Unidas tendría por primera vez en sus más de ocho décadas de historia a una mujer al frente de la organización. Al mismo tiempo, se cumpliría la expectativa de que la máxima autoridad de la ONU proceda de América Latina y el Caribe.
Junto a las dos candidatas que encabezan la carrera y a Grossi, continúan en competencia la expresidenta chilena y ex alta comisionada de Derechos Humanos de la ONU Michelle Bachelet, la excanciller ecuatoriana María Fernanda Espinosa, el diplomático ugandés Olara Otunnu, el expresidente senegalés Macky Sall y la ecuatoriana Ivonne A-Baki.
A-Baki, quien presentó su candidatura esta semana, no recibió ningún voto favorable en la segunda consulta. Obtuvo ocho votos en contra y siete sin opinión.
Las últimas posiciones reflejan, no obstante, un escenario desfavorable para varios de ellos. También parecen haber perdido impulso Bachelet, Espinosa, Otunnu y Sall, aunque ninguno está formalmente fuera de la contienda.
Una ONU bajo presión
La elección se desarrolla mientras el grupo afronta una etapa especialmente compleja, marcada por las divisiones entre las grandes potencias, el debilitamiento del multilateralismo y problemas financieros que afectan sus operaciones.
La relación con Estados Unidos constituye uno de los principales factores de incertidumbre. La Administración de Donald Trump cuestionó el papel y el financiamiento de la organización, mientras Naciones Unidas enfrenta dificultades para ejercer influencia en conflictos internacionales y mantener sus operaciones humanitarias y de paz.
Rodrigues-Birkett defendió la necesidad de reforzar el multilateralismo y convertir a la ONU en una institución más eficaz y capaz de responder con mayor rapidez a las crisis internacionales.
El mandato de António Guterres concluirá el 31 de diciembre, por lo que el próximo secretario general debería asumir el cargo el 1 de enero de 2027. Aunque algunos diplomáticos consideran conveniente que la selección quede resuelta en octubre para facilitar la transición, no existe un calendario definitivo.
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