La gestión del Banco Central de Reserva (BCR) bajo Julio Velarde se ha consolidado como un pilar de estabilidad para el país, resistiendo crisis globales y cambios políticos internos. Su ratificación por cinco años más, hasta 2031, fue oficializada ayer por el gobierno de Keiko Fujimori. Este hecho histórico convierte al actual presidente en la figura que ha superado las gestiones de diez gobernantes, más de 25 ministros de Economía y cinco congresos consecutivos.
Bajo su liderazgo, la inflación promedio se sitúa entre las más bajas de América Latina. Mientras tanto, el sol no se derrumbó ni las reservas internacionales cayeron ante golpes como la fuga de capitales tras la victoria de Castillo o la incertidumbre de ocho cambios de gobierno en una década. A pesar de ello, Velarde sostuvo la casa mientras los demás le movían el piso: un Congreso que aprobó leyes de gasto por S/ 11,400 millones anuales y subsidios, además de un Tribunal Constitucional que torció la norma para habilitar iniciativas fiscales frente a un MEF que no frenó el populismo.
No obstante, esta ratificación es correcta, pero insuficiente si se considera que el BCR no es una isla. Su principal problema radica en la falta de institucionalidad que acompañe al banco central; el país debe prepararse para cuando Velarde deje el cargo y dejar de depender solo de su presidente. De hecho, con esta decisión, además de Fujimori, Velarde ha logrado mantener intacta una institución que muchos otros debilitaron.
Estos números demuestran que el Perú no destruyó al BCR, sino que lo preservó con excelentes resultados frente a la pandemia y la crisis del 2008. Sin embargo, para evitar futuros colapsos, es urgente fortalecer los marcos normativos que protejan la autonomía de la banca central ante la presión política.
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