La experiencia del El Niño Costero de 2017 dejó un precedente claro: empresas exportadoras del norte operaron con apenas el 30% de su plantilla. Pese a que sus instalaciones no sufrieron daños estructurales, registraron altos niveles de ausentismo y redujeron su producción hasta en un 20%. El impacto se extendió incluso meses después, complicando la retención de personal técnico y operativo.

Las empresas suelen concentrar sus planes frente a El Niño en proteger instalaciones, equipos, inventarios y finanzas. Sin embargo, existe otro factor que puede comprometer la continuidad de una operación: la salud de sus trabajadores.

Para Percy Mesías, gerente VP de Seguridad y Salud Ocupacional en Marsh Perú, uno de los principales errores es asumir que el impacto de El Niño se limita a los daños físicos y financieros. Señala que cuando aumentan las enfermedades, el ausentismo y el agotamiento, la productividad puede caer aunque la planta permanezca operativa.

Dengue, calor y enfermedades gastrointestinales

El fenómeno climático genera condiciones favorables para un incremento de enfermedades. Las aguas estancadas pueden convertirse en criaderos de mosquitos transmisores de dengue, zika y chikungunya, mientras que la contaminación del agua puede elevar los casos de enfermedades gastrointestinales.

A ello se suma el aumento de temperatura y humedad, que incrementa el riesgo de golpes de calor, especialmente entre trabajadores de actividades como agro, construcción y minería. También pueden aumentar las afecciones respiratorias y dermatológicas derivadas del clima extremo.

El antecedente de 2017 muestra la magnitud que puede alcanzar este escenario. En Piura se confirmaron 6,270 casos de dengue durante el periodo asociado al fenómeno, además de casos de chikungunya y leptospirosis, según la OPS. Para las empresas, el impacto no se limita a las licencias médicas. Un trabajador cuya vivienda resulta afectada o cuya familia debe desplazarse puede enfrentar dificultades para acudir a su centro de trabajo, lo que añade presión sobre la operación.

Tres puntos que las empresas deberían revisar

1. Beneficios de salud

Un aumento de enfermedades puede elevar de manera repentina la demanda de atención médica y presionar los planes de salud corporativos y las EPS. Por ello, las compañías deberían revisar si sus coberturas y convenios tienen capacidad para responder a un incremento de consultas y licencias.

Según la compañía, el costo de los beneficios de salud para las empresas en Perú aumentó 8% en los últimos seis meses y 6.5% durante el segundo trimestre de 2026. Un incremento de la demanda sanitaria podría añadir mayor presión. También resulta relevante evaluar si la compensación y los beneficios siguen siendo adecuados en zonas donde el trabajador puede enfrentar mayores gastos de transporte, salud o vivienda temporal debido al impacto del fenómeno.

2. Prevención y salud ocupacional

La preparación también pasa por medidas preventivas: protocolos frente a golpes de calor, monitoreo del estrés térmico, campañas para eliminar criaderos de mosquitos, acceso a agua segura e información para los trabajadores y sus familias.

Otro aspecto es el bienestar emocional. Las pérdidas materiales, desplazamientos o problemas familiares derivados de un evento climático pueden afectar la concentración y el desempeño laboral.

Diana Plasencia, líder de Estrategia de Talento en Mercer, advierte que la preparación ante El Niño no se limita a reforzar infraestructuras o asegurar activos; el verdadero desafío radica en integrar tanto la identificación de puestos críticos como la capacidad de los líderes para gestionar al personal. Un plan de continuidad incompleto es aquel que deja fuera a la fuerza laboral: incluso si una planta permanece operativa, su capacidad de producción colapsa si trabajadores clave enferman por dengue o golpes de calor y no pueden llegar.

El dengue, los golpes de calor y otras enfermedades pueden elevar el ausentismo laboral durante un evento de El Niño. Foto: GEC.

Para mitigar este impacto en la operación, las organizaciones deben identificar cargos críticos, establecer planes de sucesión y definir mecanismos de movilidad interna que permitan reemplazar temporalmente al personal clave. Según el estudio Bienestar Emocional en las Organizaciones, el escenario es complejo: un 42% de las empresas del país carece de programas de bienestar o salud mental, mientras que el 48% aborda estos temas como iniciativas aisladas.

Frente a cambios de turnos, reubicaciones o modificaciones temporales en las condiciones de trabajo, mantener informados a los equipos resulta fundamental. La comunicación juega un papel relevante para reducir la incertidumbre entre los colaboradores y asegurar que el personal comprenda las nuevas dinámicas. Así, una empresa no solo protege sus activos físicos, sino que garantiza que su gente pueda llegar y trabajar, evitando que emergencias familiares o enfermedades por el clima paralicen la operación.

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