por Agencia EFE Cada vez más drones suicidas de largo alcance lanzados por Rusia utilizan ahora propulsión a reacción y son capaces de superar los 500 kilómetros por hora, según analistas militares ucranianos y la Fuerza Aérea. En un intento por hacer más destructivos sus ataques aéreos contra…
por Agencia EFE

Cada vez más drones suicidas de largo alcance lanzados por
Rusia utilizan ahora propulsión a reacción y son capaces de superar los 500 kilómetros por hora, según analistas militares ucranianos y la Fuerza Aérea. En un intento por hacer más destructivos sus ataques aéreos contra
Ucrania, que desde hace algún tiempo ya no son eminentemente nocturnos, Moscú incrementa el uso de drones propulsados por motores a reacción y del Banderol, un híbrido entre un misil y un vehículo aéreo no tripulado.
El uso de los drones Shahed-136, más lentos, y de los misiles de crucero Kh-101 es cada vez menos frecuente, ya que
Rusia apuesta por modificaciones más baratas y rápidas, tanto para saturar las defensas aéreas ucranianas como para ahorrar recursos en medio de la presión económica provocada por la guerra. Además de los ataques nocturnos, durante los cuales estos drones acompañan a misiles balísticos, también se lanzan de forma continua durante el día, como ocurrió la víspera en Kiev, donde dos ataques con varias horas de diferencia causaron 16 muertos.
El primer interceptor de
Ucrania diseñado específicamente para este tipo de drones, el Alexa Spatium, se ha incorporado oficialmente al arsenal del país tras superar con éxito las pruebas que confirmaron su capacidad para volar a 600 kilómetros por hora y ser lanzados desde tierra en cuestión de minutos, informó el Ministerio de Defensa este viernes. Aunque
Ucrania intercepta actualmente alrededor del 90 % de los drones rusos más lentos, el país se está quedando atrás a la hora de aumentar la producción de interceptores más rápidos, señala Oleksandr Kovalenko, analista militar del Grupo de Resistencia Informativa.
La táctica rusa ha evolucionado hacia una mayor velocidad y frecuencia, desplazándose de modelos tradicionales como los Shahed-136 a plataformas híbridas que combinan la versatilidad de un UAV con la potencia destructiva de un misil. Esta transición responde a una necesidad estratégica clara: saturar el cielo ucraniano mediante munición más económica y rápida de fabricar, aprovechando la crisis económica derivada del conflicto prolongado. La capacidad de estos nuevos vehículos para alcanzar velocidades superiores a 500 km/h representa un desafío directo para los sistemas de defensa existentes, obligando a Kyiv a adaptar sus protocolos de respuesta casi en tiempo real.
A pesar de que el Ministerio de Defensa ha validado recientemente el Alexa Spatium como una solución efectiva para contrarrestar estas amenazas aceleradas, la brecha tecnológica sigue siendo preocupante. Los datos indican que, mientras los sistemas actuales logran derribar con éxito a las unidades más lentas, la producción masiva de interceptores capaces de alcanzar velocidades de 600 km/h no ha escalado al ritmo necesario. Este desfase pone en riesgo la integridad del espacio aéreo nacional frente a una ofensiva que combina ataques continuos durante el día y la noche, incrementando significativamente la mortalidad civil como se evidenció en los recientes incidentes en Kiev.
Rusia ha desplegado una nueva táctica que prioriza el uso extensivo del Banderol, un sistema híbrido entre dron y misil diseñado para dañar infraestructuras críticas. Según la Fiscalía de Járkov, este arma vuela a 600 kilómetros por hora y posee aproximadamente el doble de potencia destructiva que los Shahed; además, lleva metralla para amplificar los daños en sus blancos. Su capacidad de impacto es tal que, con un alcance de unos 500 kilómetros, puede llegar hasta Kiev.
Su diseño económico contrasta fuertemente con la tecnología occidental: inspirado en misiles costosos como el Kh-101, cuyo motor cuesta más de 2 millones de dólares, el Banderol depende de componentes electrónicos chinos y piezas civiles importadas ilegalmente desde Europa y Estados Unidos. Gracias a esta estrategia, cada unidad se produce por unos 100.000 dólares, permitiendo fabricar varias decenas mensuales.
Vladislav Vlasiuk, comisionado presidencial para la Política de Sanciones, confirmó que estos vehículos aéreos no tripulados fueron responsables del 80 % de los ataques contra los puertos de Odesa en julio y agosto, obstaculizando las exportaciones ucranianas. El impacto humano es devastador: un ataque cerca de la estación de autobuses de Pechenihi causó 10 muertos, mientras que otro golpeó una comisaría en Zhitómir dejando tres fallecidos y 53 heridos.
Este cambio estratégico permite a Rusia acumular misiles más potentes necesarios para destruir objetivos fortificados. La Inteligencia Militar de Ucrania estima que Moscú dispone actualmente de más de 1.300 armas de distintos tipos, incluyendo unos 600 misiles supersónicos Onyx, 130 Iskander-M balísticos, 450 cruceros Kalibr y 120 hipersónicos Tsirkón.
No obstante, los ataques constantes sumados a la perspectiva de un invierno difícil mantienen a la población bajo una presión permanente. En Kiev, varias personas han expresado su intención de trasladarse temporal o permanentemente hacia regiones occidentales como Leópolis, Úzhgorod e Ivano-Frankivsk.
No obstante, en esas zonas de refugio los precios de alquiler y apartamentos continúan aumentando, lo que complica la evacuación de las familias ucranianas. La presión permanente sobre la sociedad se ve agravada por la disponibilidad masiva de sistemas híbridos baratos y rápidos que Rusia emplea para saturar el espacio aéreo enemigo.
Kovalenko afirma que, para enfrentar el creciente riesgo en Ucrania, es vital desarrollar una red de defensa aérea multicapa. Esta estrategia combina sistemas nacionales y extranjeros, interceptores y aviación, dado que Rusia ha ampliado progresivamente su alcance y magnitud de ataque.
Rusia difumina la línea entre el frente y las ciudades de retaguardia; por ello, los analistas señalan que ninguna zona del país queda completamente segura ante esta nueva táctica híbrida.
Mientras tanto, Ucrania ejecuta ataques asimétricos contra eslabones vulnerables de la economía rusa. Invierte en misiles balísticos y proyectiles potentes para dañar instalaciones militares, al tiempo que emplea drones de largo alcance como herramienta clave en esta guerra defensiva y ofensiva.
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