La panadería, con un ambiente de los años 70, ofrece 25 variedades de pan y se distingue por sus precios asequibles y por regalar una bebida a los clientes como tradición.
Yuriko-baachan, una mujer japonesa de 84 años que opera desde hace cinco décadas la panadería Yaoki en Fukuoka, asegura que no tiene planes de jubilarse. Su rutina diaria es incesante: duerme apenas cinco horas y mantiene un ritmo laboral que puede extenderse hasta por casi 20 horas consecutivas. Pese a su avanzada edad, ella explica que continuará trabajando mientras su salud se lo permita.
Su jornada comienza antes de la medianoche con una serie de preparativos: carga su teléfono, toma su medicación y acude al gimnasio para mantenerse activa. Posteriormente, inicia su labor principal en un establecimiento abierto desde las cinco de la madrugada hasta las siete de la tarde. "Soy una persona de la vieja escuela", confiesa la panadera, quien considera que el movimiento constante es vital para ella.
Para Yuriko-baachan, trabajar no se limita a ser una obligación económica, sino una estrategia clave para disfrutar del paso de los días y evitar el perjuicio de la inactividad. Esta preferencia por conservar el ritmo de décadas ha convertido su esfuerzo en una característica notable. Yaoki preserva un ambiente nostálgico de los años 70 y ofrece alrededor de 25 variedades de pan a precios accesibles para toda la comunidad.
Además, el negocio ha consolidado una tradición muy apreciada por el barrio: regalar una bebida gratis a cada cliente. Esta generosidad, junto con su dedicación inquebrantable, demuestra que Yuriko-baachan no solo mantiene viva una empresa familiar, sino que también cuida profundamente de su bienestar físico y mental mediante la actividad constante.
55 años detrás del mostrador y sin planes de retirarse
Yaoki ofrece panes de frijol rojo, curry, hamburguesas y dulces, todos elaborados íntegramente dentro del establecimiento. La mujer de 84 años explica que utiliza buenos ingredientes y mantiene precios bajos, una fórmula heredada de la época en que comenzó el negocio junto a su marido. Además, preparar todo en el mismo local le permite reducir gastos y mantener abierta la panadería.
Su futuro es incierto porque sus nietos no están interesados en hacerse cargo del lugar. Sin embargo, Yaoki quiere continuar trabajando mientras su salud se lo permita y no contempla una jubilación próxima después de 55 años dedicada al oficio. Por ahora, la anciana continúa levantándose de madrugada para mantener vivo un negocio que se ha convertido en parte de la historia de su barrio.
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