Según el último reporte de RAMI, que monitorea la minería ilegal mediante imágenes satelitales de radar, en julio se detectaron 101 alertas de deforestación. Estas incidencias concentradas en cuatro zonas del sur de la Amazonía peruana afectaron un total de 7,47 hectáreas de cobertura forestal. Las áreas impactadas incluyen las comunidades nativas Puerto Luz y Kotsimba, la Reserva Nacional Tambopata y la Concesión Minera Bloqueada Playa Abarca.
Dentro de la Reserva Nacional Tambopata se registró la mayor superficie de bosque perdida entre los puntos monitoreados. RAMI identificó 19 alertas en esta área natural protegida, lo que representa 2,7 hectáreas afectadas por la actividad minera. Este dato marca una diferencia frente al mes anterior: si bien en junio se habían identificado 30 alertas equivalentes a 0,67 hectáreas, en julio la superficie reportada fue más de cuatro veces mayor pese a registrar menos avisos.
La presión también alcanzó territorios de comunidades nativas. En Puerto Luz, el monitoreo identificó 23 alertas relacionadas con minería aurífera que significaron la pérdida de 2,08 hectáreas durante julio. Por otro lado, en la Comunidad Nativa Kotsimba se registraron 32 alertas, cifra más alta entre los cuatro puntos analizados, generando una afectación de 1,08 hectáreas de cobertura boscosa.
El avance de estas actividades ilegales no es un fenómeno aislado. Como evidencia el contexto regional, la minería ilegal avanza por 13 ríos en Loreto y concentra 704 registros de dragas en dos años, dejando 868 hectáreas deforestadas específicamente en Manseriche.
La presión sobre estos ecosistemas continúa siendo severa y requiere atención inmediata de las autoridades competentes para frenar la expansión de estas operaciones que dañan gravemente el medio ambiente.
Durante julio, el monitoreo de RAMI sobre deforestación por minería reveló patrones distintos a los habituales. Si bien Kotsimba acumuló 32 registros de alerta —el número más alto entre las zonas destacadas—, la Concesión Minera Bloqueada Playa Abarca en Madre de Dios registró una pérdida concreta de 1,61 hectáreas de bosque con 27 alertas. Los datos demuestran que un mayor volumen de registros no implica automáticamente una superficie afectada más extensa; es el caso claro de Tambopata, donde solo se detectaron 19 alertas, pero que sí presentó la mayor extensión de cobertura forestal perdida entre los puntos analizados.
Río Malinowski mantiene una alta concentración de alertas
Más allá de estos cuatro puntos específicos, el mapa elaborado por RAMI muestra dónde se agrupan con mayor intensidad las señales de deforestación. Durante julio, los sectores ubicados en el río Malinowski, también en Madre de Dios, presentaron las mayores concentraciones de alertas, clasificadas con niveles muy altos de incidencia. Parte de estas zonas críticas se encuentra dentro de la Zona de Amortiguamiento de la Reserva Nacional Tambopata.
No es la primera vez que este río figura entre los focos de mayor presión ambiental. En meses anteriores, el organismo había señalado que las concentraciones más altas se distribuían entre los ríos Inambari y Malinowski, incluyendo también sectores de la zona de amortiguamiento de Tambopata. Ahora, en julio, el nuevo monitoreo vuelve a ubicar al Malinowski entre las áreas donde se acumulan más alertas vinculadas a la pérdida reciente de bosque por actividad minera.
Chinchipe: 80,57 hectáreas de zonas mineras identificadas en julio
El reporte también dirige la mirada hacia el norte del país. En sectores aledaños al río Chinchipe, en Cajamarca, RAMI identificó durante julio nuevos registros de actividad minera próximos a los distritos de San Ignacio y San José de Lourdes, en la provincia de San Ignacio. En total, el monitoreo contabilizó 80,57 hectáreas de zonas mineras distribuidas en diferentes puntos cercanos al río.
RAMI, una iniciativa del Observatorio de Minería Ilegal (OMI), se consolidó como una herramienta clave para frenar la minería ilegal en la Amazonía. Este espacio reúne a expertos y sociedad civil con el objetivo de monitorear el cumplimiento legal, identificar amenazas y evaluar los impactos socioambientales mediante imágenes satelitales.
Gracias a su tecnología de radar, la plataforma permite detectar rápidamente nuevas infraestructuras y cambios en los bosques. Su función principal es monitorear constantemente la minería de oro y la deforestación, facilitando que autoridades y organizaciones civiles tomen acciones preventivas frente al avance de esta economía criminal.
Las imágenes satelitales del Chinchipe evidencian transformaciones en el territorio: RAMI identificó acumulaciones de sedimentos, zonas donde el terreno fue removido y pozas mineras. Estos elementos son directos indicadores que relacionan la actividad minera con las áreas próximas al río.
Pese a estas alertas continuas sobre los efectos de la minería ilegal, la presión extractiva persiste en distintos puntos del bosque. Puedes revisar los datos reportados en junio aquí.
*Conoce más sobre la plataforma RAMI aquí.
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