El Perú tiene una valiosa oportunidad para prepararse ante un desafío climático inminente. Este escenario pone a prueba nuestro capital físico de forma asimétrica: mientras la costa norte enfrenta intensas lluvias que inciden sobre lared vial y la agroexportación, la sierra sur, como la región de Puno, sufre una disminución hídrica que impacta el sector pecuario y la generación hidroeléctrica. La aproximación más constructiva es anticipar un fenómeno de El Niño extraordinario, un escenario altamente probable. Para marcar un hito de eficiencia, resulta fundamental articular un plan proactivo basado en dos frentes de acción:

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La historia económica ofrece lecciones muy útiles. Según el BCR, el evento de 1982-1983 contrajo el PBI en 10.4%, costando US$ 3,200 millones. Los episodios de 1997-1998 y el 2017 generaron un impacto conjunto superior a US$ 6,600 millones, y las variaciones del 2023-2024 influyeron en la contracción de 0.6% de nuestra economía.

Ampliar los límites de gasto fiscal y endeudamiento público para acomodar un déficit temporal es necesario y adecuado. (Foto: Captura de video/Canal N)

Prevención ágil e integral: En la costa, es vital acelerar la limpieza de cauces y el despliegue de drenajes para resguardar nuestros corredores logísticos. En paralelo, para la sierra sur, resulta indispensable activar de manera masiva los procesos de construcción de qochas y zanjas de infiltración. Mediante la aplicación a gran escala de estas probadas técnicas ancestrales de siembra y cosecha de agua, logramos captar e infiltrar las precipitaciones en el subsuelo de las cuencas altas para asegurar el afloramiento continuo del recurso hídrico durante las épocas de sequía, protegiendo así el capital productivo regional de forma altamente eficiente.

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José Martínez Sanguinetti, fundador y CEO de Sothys Capital, señala que el fenómeno del Niño exige una reconstrucción moderna y resiliente para nuestro país. Según el IPCC, debemos anticipar a eventos cada vez más frecuentes y severos. Por ello, es vital actualizar la red hídrica y reubicar infraestructura mediante ingeniería adaptada a estos mayores extremos climáticos, asegurando su eficiencia a largo plazo para el beneficio de todos los ciudadanos.

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Para materializar esta transformación, resulta conveniente asumir una inversión estratégica. Ampliar los límites de gasto fiscal y endeudamiento público para acomodar un déficit temporal es necesario y adecuado. Según el economista Robert Barro, el principio de "suavizamiento de impuestos" (tax smoothing) sostiene que, ante variaciones externas de carácter temporal, la respuesta fiscal más eficiente es financiar el gasto extraordinario emitiendo deuda, fomentando un entorno productivo mucho más preparado.

La experiencia internacional demuestra los claros beneficios de esta perspectiva técnica. Tras el huracán Katrina en 2005, la Oficina de Análisis Económico de EE.UU. (BEA) registró una moderación del crecimiento del PBI a 1.7% anualizado en el cuarto trimestre. Sin embargo, inyectar más de 125,000 millones de dólares en fondos de reconstrucción transformó el panorama rápidamente, elevando el crecimiento a un sólido 5.4% en el primer trimestre del año siguiente. La economía norteamericana integró este estímulo favorablemente en aproximadamente 18 meses.

Asumir con rigor técnico la inversión fiscal representará el impulso ideal para modernizar a nuestro país frente a estos desafíos climáticos inevitables y aprovechar las oportunidades que ofrece esta crisis, garantizando un desarrollo económico robusto y sostenible para la nación peruana en los años venideros, consolidando así nuestra capacidad de respuesta ante futuros eventos extremos.

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