Microsismos revelan que la cordillera de los Andes sigue deformándose bajo Chile

En Chile, una red de sensores instalada en la precordillera de Valparaíso permitió identificar 803 microsismos que habían pasado inadvertidos para las redes convencionales. Los eventos se registraron en unos 100 kilómetros cuadrados de la comuna de San Esteban, ubicados entre dos y seis kilómetros de profundidad. Aunque fueron demasiado débiles para ser percibidos por la población, sus registros ofrecen una nueva mirada al comportamiento interno de la cordillera. Las pequeñas magnitudes oscilaron aproximadamente entre 1 a 2 Mw, unidad de potencia equivalente a un millón de vatios.

Los investigadores encontraron que estos microsismos se concentran alrededor del sistema de fallas Cariño Botado, una estructura relacionada con el levantamiento del borde occidental de los Andes. El patrón indica que la corteza continúa absorbiendo deformación en la actualidad, lo cual está directamente vinculado a la subducción de la placa de Nazca bajo Sudamérica. Esta interacción, cuya configuración en esta zona presenta un bajo ángulo conocido como flat slab, puede trasladar parte de la compresión hacia estructuras situadas en el interior del continente.

Para detectar estos movimientos, el equipo combinó registros sísmicos con mediciones de gravedad, estudios magnetotelúricos y herramientas de inteligencia artificial. La información permitió localizar cientos de señales diminutas y reconstruir parte de la actividad que ocurre bajo la superficie. Aunque los resultados no implican un inminente gran terremoto ni permiten predecir uno, su importancia radica en demostrar que los Andes continúan deformándose, mientras los 803 microsismos funcionan como pequeñas señales que permiten observar cómo la cordillera sigue evolucionando.

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