"Somos migrantes. En 2002 mi mamá y yo nos fuimos a Trujillo porque vivíamos en un entorno que no era saludable", recuerda Shaidy Conde Allcca, quien junto a su madre Eduarda y sus hermanas abandonó Ayacucho huyendo de la violencia familiar. En el norte del país, el comercio ambulante se convirtió en su principal sustento; fue allí donde las chocotejas ingresaron a la economía familiar y marcaron el inicio de todo. Conde comenzó a apoyar a su madre mientras cursaba una carrera universitaria que no pudo concluir por falta de recursos económicos. Más adelante, durante la pandemia, la familia empezó a elaborar y vender lo que bautizaron como Miskitejas. Ese primer producto abrió el camino hacia la creación de una bombonería y al trabajo con cacao procedente de distintas regiones del país.

Este jueves 16 de julio comienza la XVII edición del Salón del Cacao y Chocolate Internacional 2026, un encuentro que pone en el centro las historias de esfuerzo e identidad. "Somos tres hermanas, puras mujeres en casa", añade Conde.
Inforegión presenta revista digital del XVII Salón del Cacao y Chocolate con historias de esfuerzo, identidad y orgullo
Sin embargo, el rumbo cambió drásticamente entre 2023 y 2024. Un derrame cerebral que sufrió su madre llevó a la familia a retornar a Ayacucho. Fue entonces cuando decidieron adquirir sus primeras máquinas para elaborar directamente el chocolate que hasta ese momento recibían procesado de terceros. Al mismo tiempo, Conde comenzó a acercarse a productores del VRAEM y a convivir con familias dedicadas al cultivo del cacao, una experiencia que terminó modificando profundamente el enfoque del proyecto.
Ahora, Miski Warmi busca dar autonomía económica a mujeres cacaoteras. La historia de esta marca, cuyo nombre en quechua significa "mujer dulce", empezó mucho antes de convertirse en un referente comercial. El esfuerzo familiar y la reinvención constante son los pilares sobre los que se ha construido este emprendimiento, transformando el comercio callejero inicial en una propuesta sólida de valor para la industria del cacao peruano.
"En ese proceso, comenzamos a vender chocotejas", recuerda Conde. Esta declaración resume el origen modesto pero resiliente del proyecto, que hoy busca consolidar una marca con identidad propia y compromiso social. La migración forzada por la violencia se convirtió en un nuevo comienzo, donde las mujeres lideraron la transformación de su realidad económica y personal.
Conde recuerda haber visitado familias donde los certificados de cacao estaban a nombre del padre, o bien, productoras quedaban excluidas de ciertos espacios por no saber leer ni escribir. Esta realidad se repetía en cada lugar: las mujeres participaban activamente en el cultivo y las labores alrededor del cacao, pero su presencia no siempre era reconocida de la misma manera que la de los hombres.
"Empecé a convivir con las mujeres cacaoteras y observé que, si bien todas estaban involucradas en el mundo del cacao, no se les daba la visibilidad que correspondía. Iba a una chacra queriendo aprender sobre cosecha, poda o cómo usar una motoguadaña y me decían: 'Por allá puedes cocinar, puedes ir con las mujeres'. También encontraba casos donde todos los certificados estaban a nombre del papá y ninguno reconocía a las mujeres de la chacra", cuenta.
Esa experiencia fue el detonante para que las hermanas pensaran en un proyecto que colocara a las mujeres en el centro de la cadena productiva. Así tomó forma Miski Warmi, una marca donde la identidad ayacuchana y el quechua pasaron a integrar sus productos y empaques. Una propuesta distintiva son las Miskitejas: bombones hechos con cacao del VRAEM acompañados por palabras ilustradas en quechua; según Conde, existen alrededor de 150 palabras coleccionables. Actualmente, la empresa también ofrece barras de chocolate, pasta y polvo de cacao, nibs, grageas e infusiones. En su catálogo, señalan trabajar chocolates con entre 60 % y 100 % de cacao puro y utilizar panela en lugar de azúcar refinada.
“Queríamos promover el quechua, pero también nos preguntamos qué mejor que beneficiar a la comunidad quechuahablante y cacaotera, que muchas veces no tiene mercado. Así decidimos crear Miski Warmi y darle visibilidad a la mujer. Queríamos que ellas sepan que también son parte de esta cadena productiva”, explica la gerente general.
Ese enfoque también se trasladó al empleo y al trabajo con productoras. Según Conde, actualmente Miski Warmi reúne a siete mujeres entre las áreas de planta y comercial, además de cinco productoras asociadas, cada una vinculada a familias y personas que participan en sus respectivos sectores. La empresa mantiene operaciones de producción vinculadas a Huamanga y Trujillo y busca seguir ampliando su capacidad.
Para la cofundadora, generar ingresos propios es uno de los componentes centrales del proyecto. La motivación parte también de la historia de su familia y de las experiencias que ha conocido entre las mujeres con las que trabaja. “Hay mujeres que por no tener un ingreso económico siguen viviendo un ciclo de violencia en sus hogares. También hemos escuchado cosas pequeñas que para nosotras significan mucho: ‘Esta vez me pude pagar mi celular’ o ‘me pude comprar algo que antes no podía porque dependía de otra persona’. Esos casos son los que nos motivan a seguir trabajando con este propósito”, señala.
Mientras consolidaban el equipo humano, Miski Warmi ha comenzado a diversificar el aprovechamiento del cacao. La gama de productos ahora incluye mermelada de mucílago e infusiones elaboradas con cascarilla, además de combinaciones con ingredientes de Ayacucho como menta y canela. Esta innovación no solo responde a la demanda interna, sino que ha sido validada por expertos en el sector. En el Concurso Nacional de Chocolate Peruano 2025, realizado en el marco del Salón del Cacao y Chocolate, la marca obtuvo dos medallas de plata en la categoría de chocolates oscuros de origen elaborados en microbatch.
Dentro de los premios destaca su tableta de 72 % de cacao nativo blanco Origen La Pareja. Este chocolate alcanzó 89,4 puntos y, además, recibió el reconocimiento Gold “Direct Traded”. Por otro lado, la versión de 65 % del mismo origen obtuvo 89,1 puntos y una segunda medalla de plata. Estos logros certifican no solo la calidad técnica de sus elaboraciones, sino que también refuerzan el compromiso social de la empresa con las mujeres cacaoteras.
El objetivo final sigue siendo claro: construir una marca que busque dar autonomía económica a las mujeres del campo y validar su labor en el mercado nacional e internacional. A través de estas medallas y sus productos innovadores, Miski Warmi demuestra que es posible transformar la tradición cacaotera en oportunidades reales de vida para quienes cultivan el cacao con dedicación.
Miski Warmi nació con un propósito claro: que más mujeres vinculadas al cacao sean reconocidas por su trabajo y generen ingresos propios. El crecimiento de la marca busca ir acompañado de este objetivo familiar, donde el impacto económico sea real para las protagonistas. “La meta es que ya no sean cinco warmis, sino 15 que estén teniendo autonomía económica en sus hogares”, sostiene Conde. Para lograrlo, el siguiente paso es aumentar su escala de producción. Hace pocos meses, pasaron de trabajar con una tostadora de tres kilos a adquirir otra de ocho. A largo plazo, proyectan contar con una planta de mayor capacidad y ampliar el número de mujeres involucradas en el proyecto, consolidando así un modelo que transforma la venta informal en autonomía sostenible.
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