El hallazgo permite entender por qué el cuerno de este mamífero marino puede alcanzar dimensiones extraordinarias y soportar fuertes tensiones sin quebrarse ni deformarse.

Un estudio publicado en Nature Communications, liderado por Henrik Birkedal de la Universidad de Aarhus, analizó por primera vez la organización interna a escala nanométrica del colmillo del narval. Mediante avanzadas técnicas de rayos X en 3D, el equipo observó cómo se organizan los materiales que forman este enorme diente.

La orientación interna del cuerno del narval.

¿Qué descubrieron los científicos?

El equipo examinó tres colmillos de narval mediante tomografía tensorial y potentes rayos X producidos en sincrotrones de Suecia, Suiza y Francia. Esta tecnología permitió reconstruir la orientación de sus componentes internos a escala nanométrica y seguir su organización desde el interior hasta el exterior.

Los resultados revelaron que el colmillo no contiene una única estructura helicoidal, como podría sugerir su apariencia. En realidad, está compuesto por dos estructuras que giran en sentidos opuestos: las fibrillas del cemento externo forman una hélice hacia la izquierda, mientras que las de la dentina interna lo hacen hacia la derecha.

La orientación interna del cuerno del narval.

Los expertos citados en el estudio señalan que la compensación entre giros opuestos recuerda a principios actuales para diseñar estructuras sometidas simultáneamente a torsión y flexión. Parte interna del cuerno del narval. Esta organización contrapuesta ayuda a compensar las tensiones generadas durante el crecimiento y evita que el diente termine curvándose o retorciéndose excesivamente. Así, el narval puede desarrollar un colmillo extremadamente largo, de hasta tres metros, manteniendo una trayectoria prácticamente recta.

La estructura descubierta ofrece un ejemplo de cómo la naturaleza fabrica materiales capaces de combinar resistencia, estabilidad y flexibilidad mediante la orientación de fibras a escalas diminutas. Los autores consideran que comprender estos mecanismos podría aportar ideas para desarrollar nuevos materiales artificiales con mejores propiedades mecánicas. Este conocimiento podría trasladarse al desarrollo de biomateriales y materiales compuestos destinados a sectores como la medicina, la construcción o la ingeniería aeroespacial.

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