Lima y Cusco concentran la mayor parte de los viajes, mientras que el turismo gastronómico y cultural lideran las actividades en el Perú.

De acuerdo con el Perfil del Turista Extranjero 2025, elaborado por la Comisión de Promoción del Perú para la Exportación y el Turismo (PromPerú), el viajero internacional que llegó al país en 2025 gastó en promedio US$1.232 durante su estadía. Este monto no incluye los boletos aéreos internacionales. Aunque la cantidad de arribos aún se mantiene por debajo del volumen previo a la pandemia, el dinero dejado por quienes visitan el territorio ya supera los registros históricos de 2019.

El estudio revela un comportamiento clave: el visitante no siempre llega con un itinerario cerrado con mucha antelación. El 84% compró sus servicios con menos de cuatro meses de anticipación y el 67% contrató cada servicio por separado. Esta dinámica tiene implicancias directas para hoteles, restaurantes, agencias de viaje, transporte y operadores turísticos, quienes compiten activamente por captar una parte del presupuesto del viajero incluso después de que este decidió visitar el Perú.

PromPerú reporta que, al cierre del año 2025, las divisas generadas por los viajes internacionales se ubicaron 14% por encima del nivel de 2019. Sin embargo, los arribos todavía representan el 78% de aquellos registros. La diferencia plantea una lectura distinta sobre la recuperación: el turismo aún no recupera completamente su volumen en términos numéricos, pero los visitantes que llegan están dejando más recursos en la economía nacional.

El dinero que un extranjero gasta durante sus diez noches en el país tiene un impacto económico mucho más amplio que lo que sugiere una estadística simple. Este gasto no se queda solo en las zonas hoteleras; fluye hacia restaurantes, comercios locales, servicios de transporte y entradas a atractivos culturales o naturales. De hecho, buena parte de los ingresos termina en negocios vinculados directa o indirectamente con la actividad turística. Sin embargo, para que este efecto multiplicador funcione plenamente, es crucial que el visitante permanezca más tiempo, consuma localmente y agregue nuevos destinos a su itinerario.

La distribución geográfica del turismo revela un desafío estructural: Lima concentra el 79% de las visitas internacionales. Le sigue Cusco con el 37%, seguido por Tacna (17%), Ica (15%), Arequipa (12%) y Puno (10%). Estas cifras evidencian que los destinos tradicionales siguen manteniendo un peso abrumador, ya que Lima acapara la mayoría de los servicios asociados a la llegada internacional. Por su parte, Cusco continúa operando como uno de los principales motores del turismo cultural nacional.

No obstante, el reto actual es conseguir que una mayor proporción del gasto se desplace hacia otros territorios regionales. En esta disputa por el consumidor, entran en juego actividades vinculadas con la naturaleza, la aventura y el bienestar. El perfil del visitante ya muestra un claro interés por experiencias distintas a los circuitos clásicos. Sin embargo, convertir ese deseo de aventura en mayor gasto regional requiere urgentemente infraestructura adecuada, mejor conectividad y servicios capaces de sostener una estadía más larga.

Gastronomía: casi todos los visitantes tienen contacto con ella

Vacaciones son el principal motivo que impulsa la llegada de visitantes al Perú, explicando el 65% de las llegadas. Esta cifra supera ampliamente a los viajes por negocios, que representaron el 17%, y a las visitas a familiares o amigos, con un 13%. En cuanto a cómo se organizan estos desplazamientos, la soledad es frecuente: el 40% de los turistas llegó solo. Otro 24% viajó acompañado de amigos o familiares sin niños, mientras que el 23% lo hizo en pareja. Estos datos dibujan un mercado donde una parte importante de los visitantes toma decisiones de consumo individualmente o en grupos reducidos, lo cual explica el crecimiento de la contratación separada de servicios como vuelos, alojamiento y transporte.

En el terreno de las actividades, el 98% de los turistas extranjeros participó en experiencias gastronómicas, consolidando a la comida como la actividad con mayor participación. Le siguen las actividades culturales con un 96%, las compras al 87% y el entretenimiento al 76%. La naturaleza también estuvo presente en el 52% de los viajes, mientras que las aventuras representaron el 46%.

En la práctica, esto significa que la experiencia gastronómica no está limitada a restaurantes de alta gama; destacan las visitas a lugares regionales. Asimismo, en compras aparecen recuerdos de viaje, artesanías y productos de alpaca. Este comportamiento ayuda a entender por qué el turismo genera movimiento en sectores que no son exclusivamente turísticos. Un visitante que come, compra artesanía, utiliza transporte local y paga por actividades culturales distribuye su gasto entre distintos negocios.

El país recibe menos turistas que antes de la pandemia, pero cada visitante genera un gasto promedio que contribuye a que las divisas ya hayan superado el nivel de 2019. Más que una recuperación completa, las cifras muestran un sector todavía en proceso de recomposición. Con una permanencia promedio de 10 noches, el margen no está solamente en atraer al turista que llega al Perú, sino en lograr que esas noches incluyan más destinos, más servicios locales y más consumo fuera de los circuitos que ya concentran la demanda. La pregunta económica queda abierta en las regiones que todavía captan una proporción menor de ese gasto. Por países de procedencia, Chile y Estados Unidos se mantienen como los principales mercados emisores, seguidos por Ecuador, Brasil, Bolivia y Colombia. España aparece como el principal mercado europeo dentro de los diez primeros. La cercanía geográfica convierte a varios países sudamericanos en fuentes relevantes de visitantes, mientras que Estados Unidos mantiene un peso importante entre los mercados de larga distancia. El comportamiento coincide con la transformación que ha experimentado la compra de viajes. El turista extranjero tiene más herramientas para comparar precios y organizar su recorrido por cuenta propia, lo que reduce la dependencia de los paquetes tradicionales. Esto refleja cómo la tecnología ha empoderado al viajero internacional, permitiendo diseñar itinerarios personalizados sin intermediarios. Así, las cifras no solo hablan de volumen, sino de un cambio estructural en la demanda. La diversificación de mercados es clave para el futuro del sector peruano.

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