La llegada reciente de la DANA Aníbal ha expuesto una dura realidad que golpea a nuestra capital: Lima no solo es vulnerable ante los sismos, sino que tampoco posee capacidad para soportar lluvias intensas superiores al promedio. Ya vemos las consecuencias inmediatas, con inundaciones y colapsos generalizados en redes de agua y desagüe que afectan gravemente a distritos como Villa El Salvador, Villa María del Triunfo, San Juan de Miraflores y Chorrillos.
Esta fragilidad estructural se agrava por la antigüedad de las construcciones, el crecimiento desordenado urbano, la informalidad en edificaciones y una ausencia crítica de bomberos y servicios de emergencia debidamente equipados. Los expertos prevén que nuestro país no esté listo para un sismo de magnitud 7 u 8, lo cual convierte a nuestra ciudad en una bomba de tiempo.
El peligro es ubicuo: desde el Centro Histórico hasta Barrios Altos, Rímac, Breña, Magdalena y Barranco. La situación se repite en los acantilados de la Costa Verde y en las laderas de los cerros que rodean a Lima, donde viviendas precarias se levantan sobre plataformas de llantas y material de desecho, o bien con ladrillo y cemento sin ningún criterio técnico.
Ninguna zona escapa al riesgo; el vecino puerto del Callao también alberga muchas edificaciones precarias. Además, gran parte de esta ciudad portuaria está expuesta a los efectos devastadores de un posible tsunami. La combinación de estos factores naturales y la falta de planificación urbana deja al país completamente desprotegido frente a catástrofes sísmicas o hidrometeorológicas.
Muy bien que la presidenta Keiko Fujimori haya anunciado cambios profundos en Sedapal, una empresa pública históricamente mal manejada que es gran parte del problema. Sin embargo, cualquier cosa que se haga incluso desde hoy mismo, arrojará resultados en el largo plazo, no ahora cuando estamos ante una emergencia. Además, tengamos en cuenta que los sindicatos y sus representantes de la izquierda no van a permitir que la necesaria reestructuración se haga fácilmente. Entonces, en estos momentos tenemos dos riesgos sobre la capital: la ocurrencia de un sismo que podría suceder en este mismo instante; y lo que pueda pasar en los próximos meses, cuando llegue el fenómeno El Niño previsto y se incrementen las lluvias en todo el país, incluyendo la costa central, tal como ha sucedido en el pasado. ¿Las casas con el agua hasta la mitad de sus paredes serán parte del paisaje? Todo hace indicar que sí, pues es poco lo que se puede hacer en unas cuantas semanas. Diario Correo Síguenos en WhatsApp y recibe las noticias al instante
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