Una investigación liderada por la Universidad de Stanford, cuyos resultados se publicaron en Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS), ha reconstruido las condiciones de la mayor extinción de la Tierra ocurrida hace 252 millones de años. El análisis revela que el aumento térmico y la pérdida crítica de oxígeno fueron decisivos para la desaparición masiva de organismos marinos durante ese periodo. Erik Sperling, profesor asociado e investigador principal del proyecto, advirtió que comprender la reacción terrestre de ese periodo podría informarnos sobre lo que está por venir.

El evento histórico inició en un planeta con mares fríos y oxigenados, justo antes de una inyección masiva de dióxido de carbono. Hoy, las emisiones de combustibles fósiles alteran con rapidez los ecosistemas acuáticos mediante el calentamiento y la desoxigenación. Un trabajo difundido el 6 de julio de 2026 aclara que los océanos contemporáneos todavía no alcanzan el escenario drástico registrado hace 251,9 millones de años tras el vulcanismo masivo.

No obstante, el paralelismo reside en la dinámica del fenómeno: la liberación de gases eleva la temperatura, resta oxígeno disuelto y acidifica el medio. Esos hallazgos permiten evaluar la respuesta futura de la biodiversidad ante la actual crisis climática. Los investigadores emplean ese evento geológico antiguo como un patrón para prever cómo reaccionarán las especies biológicas ante el actual trastorno ambiental provocado por la actividad humana. El estudio sugiere que los océanos actuales sufren alteraciones por CO2 idénticas a las que causaron la gran crisis climática del Pérmico-Triásico.

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A través de ensayos de respirometría y modelos metabólicos, los especialistas identificaron el mecanismo que provocó un colapso devastador en la fauna marina durante la extinción masiva. El estudio revela que criaturas paleozoicas como braquiópodos y crinoideos resistían bajos niveles de oxígeno en aguas frías, pero su necesidad de ventilación aumentaba aceleradamente ante el calor. Esta marcada fragilidad explica por qué estos grupos desaparecieron en gran número. Al respecto, Sperling remarcó que “el calentamiento y la pérdida de oxígeno son los factores clave”.

La conexión con nuestra época se basa en cómo el impacto térmico afecta la capacidad respiratoria marina, alejando la idea de una catástrofe inevitable. El líder del estudio señaló que la crisis pérmica inició desde “un océano relativamente frío y relativamente bien oxigenado” previo a la inyección masiva de CO2. Comprender esa metamorfosis histórica permite evaluar qué seres vivos son más vulnerables si el cambio climático actual evoluciona hacia escenarios térmicos similares al Pérmico-Triásico.

¿Cómo transformó la Gran Mortandad la vida en los océanos según Stanford?

Durante 280 millones de años, fondos acuáticos estuvieron poblados masivamente por fauna paleozoica integrada por braquiópodos y crinoideos. La catástrofe redució severamente a dichos grupos e impulsó el ascenso de bivalvos, gasterópodos, peces y equinodermos. Como resultado de esa transformación evolutiva, la era actual alberga solo unos 400 tipos de braquiópodos frente a 15.000 de bivalvos. El estudio detalla la causa directa del cambio en la biodiversidad marina tras el evento extintivo. Esta reconfiguración ecológica marcó el fin de una dominación inmensa y el inicio de nuevas adaptaciones que definieron los ecosistemas modernos, demostrando cómo las presiones ambientales extremas pueden reescribir completamente la historia de la vida acuática en un periodo geológico relativamente corto.

La investigación destaca una ventaja fisiológica clave en la selección taxonómica de la fauna moderna. Erik Sperling, quien remarca que «Todavía estamos en un punto en que podemos cambiar las cosas y hacer algo al respecto», señala que el fenómeno térmico global incrementó los valores entre 8 y 12 °C durante la crisis histórica, relegando la acidificación oceánica a un plano secundario. Frente a las proyecciones para este siglo de un aumento de 1,5 a 4 °C sobre niveles preindustriales, los científicos afirman que la hipoxia impulsada por el calentamiento explica la reorganización ambiental permanente de los mares. Los organismos con mayor actividad biológica respondieron mejor ante la escasez de oxígeno provocada por la alza térmica. Esta capacidad les permitió sobrevivir al eliminar especies vulnerables con mayor intensidad, lo cual fue determinante para la supervivencia en un entorno tan hostil y cambiante como el que enfrentaron sus antecesores.

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