La obra, escrita por el periodista y comunicador limeño Roberto Quiroz, es una recreación de un periodo histórico definido por la violencia y las persecuciones políticas. Sin embargo, la narrativa no se limita a los hechos; atraviesa varias décadas a través del prisma de una historia familiar.
La trama inicia años después de los sucesos de 1932. Beltrán, un adolescente marcado por el suicidio de su padre, llega a la residencia de su abuelo en Lima. En ese lugar encuentra una azotea prohibida y una torre habitada por un anciano misterioso. Lo que comienza como un secreto doméstico pronto se conectará con un pasado oculto durante generaciones.
Para desvelar esa verdad, el protagonista debe usar un mapa, un tesoro, una fotografía y una historia de amor imposible. Estos elementos son las piezas clave para acercarse a la realidad que su familia intentó mantener en silencio.
Uno de los ejes centrales es la revolución de Trujillo, uno de los episodios más cruentos de la política peruana del siglo XX. En julio de aquel año, la ciudad se convirtió en el escenario de una rebelión que enfrentó a los insurgentes contra las fuerzas gubernamentales.
Bajo la orden del entonces presidente Luis Miguel Sánchez Cerro, Trujillo fue bombardeada. Tras la derrota de los rebeldes, se desencadenó una fuerte represión. Meses después de estos eventos, el contexto de tensión continuó escalando cuando Sánchez Cerro fue asesinado por militantes apristas. Este asesinato profundizó aún más la confrontación política de aquella época convulsa.
A través de estos hilos narrativos, Quiroz logra tejer una historia donde lo personal y lo histórico se entrelazan para explicar el impacto de un momento decisivo en nuestra memoria colectiva.
Todos piensan que estoy muerto, de Roberto Quiroz, no se limita a ser una reconstrucción histórica; integra elementos clásicos de las aventuras: mapas, secretos, tesoros y personajes que ocultan información durante años. Esta novela rescata la revolución de Trujillo de 1932 como escenario para desarrollar una trama donde los protagonistas atraviesan acontecimientos políticos y sociales de aquellos tiempos.
La historia se desplaza entre las décadas de los treinta y los setenta, demostrando cómo decisiones del pasado afectan a generaciones posteriores. En ese recorrido aparecen temas como la amistad, el amor, la traición y las consecuencias que los conflictos históricos dejan en las familias, específicamente la pérdida de ilusiones políticas.
Los personajes ficticios conviven con hechos reales, creando un relato donde la historia peruana sirve de telón de fondo para una aventura de descubrimiento. En ese sentido, la obra recupera la influencia de los libros de aventuras que marcaron la adolescencia del autor, con referencias a piratas e identidades ocultas.
El manuscrito de Todos piensan que estoy muerto recibió comentarios favorables de reconocidos periodistas y escritores peruanos. Así se valida una narrativa que fusiona ficción y realidad. La novela logra rescatar la memoria colectiva a través de un género literario afín, permitiendo que el lector explore las complejidades de un periodo histórico crucial desde una perspectiva personal.
Este enfoque permite entender mejor cómo los eventos del pasado moldean el presente. Al mezclar elementos de ficción clásica con hechos históricos verificables, Quiroz logra mantener al lector engaged mientras se sumerge en la atmósfera de la época revolucionaria.
Jamás olvidable es la revolución de Trujillo de 1932, un episodio político casi borrado que se convierte en el punto de partida para una historia de misterio y memoria. La obra Todos piensan que estoy muerto plantea, en última instancia, una pregunta profunda sobre cómo el pasado permanece presente incluso cuando sus protagonistas han desaparecido. Jaime Bayly calificó la novela como una obra «preciosa» y destacó la capacidad del autor como escritor, mientras que Federico Salazar la definió como una historia de amistad, desarraigos, revoluciones y sacrificios. Por su parte, Mario Ghibellini resaltó que, detrás de sus elementos de aventura, la novela desarrolla una reflexión sobre la amistad, el amor, la traición y la pérdida de las ilusiones.
De la investigación periodística a la ficción
Roberto Quiroz Morote nació en Lima en 1960. Su trayectoria profesional ha estado vinculada al periodismo, la comunicación y la escritura. Trabajó en medios como La Prensa y CARETAS, donde realizó reportajes y entrevistas, además de desempeñarse posteriormente como comunicador y asesor político.
Durante la pandemia decidió dejar el trabajo de escritura por encargo para comenzar a desarrollar historias propias. De ese proceso nació Todos piensan que estoy muerto, su primera novela. La obra propone así un acercamiento distinto a la historia peruana: recuperar un episodio político casi olvidado y convertirlo en el punto de partida de una historia de misterio, aventura y memoria.
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