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El potencial minero impulsó una expansión económica de diez veces en los últimos setenta años. Moquegua creció al ritmo del 4,5% anual y Arequipa alcanzó el 3,8%, ambos por encima del promedio regional del 3,4%. Este dinamismo ha estado acompañado de una importante reducción de la pobreza, especialmente en el sur donde cerca de dos millones de personas salieron de esta situación desde el 2004.

Asimismo, en las últimas dos décadas, su producción de cobre se triplicó y concentró alrededor del 64% del total nacional.

A ello se suma que Moquegua, Tacna y Arequipa registran las menores tasas de desnutrición crónica infantil, y que Apurímac es la región que más posiciones ha avanzado en el Índice de Competitividad Regional (Incore) durante la última década. En Apurímac, donde el desarrollo minero es más reciente, la pobreza cayó 17 puntos porcentuales desde el inicio de las operaciones mineras en el 2016. Moquegua, con una trayectoria minera consolidada, registró además una de las mayores reducciones anuales durante las últimas dos décadas.

La minería ha contribuido a financiar estos avances y ha generado una oportunidad considerable para cerrar las brechas existentes. En los últimos 20 años, el sur recibió S/ 68 mil millones por canon y regalías mineras, lo que representa el 52% del total nacional. Sin embargo, persisten desafíos en la gestión pública para su ejecución eficiente.

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Un análisis reciente elaborado por Videnza revela una alta heterogeneidad en la eficiencia del gasto en inversión entre las 200 municipalidades provinciales y distritales que registran mayores transferencias mineras. Ello explica por qué, a pesar de mejoras en la provisión de servicios públicos, persisten brechas importantes. Por ejemplo, más de la mitad de los locales educativos públicos en Apurímac, Cusco y Puno requiere sustitución. Asimismo, aunque más del 96% de la población en Apurímac accede a agua, solo el 10.7% dispone de agua adecuadamente clorada.

No obstante, la evidencia histórica demuestra cómo la minería puede traducirse en mejores condiciones de vida. Un reciente estudio del IPE encontró que la presencia de Southern Perú Copper Corporation (SPCC) aceleró la mejora de indicadores sociales en los distritos de su zona de influencia frente a áreas comparables sin actividad minera.

La experiencia de SPCC, desde el inicio de operaciones de Toquepala en Tacna en 1960 y Cuajone en Moquegua en 1976, ilustra este impacto. Las diferencias se hicieron evidentes entre 20 y 30 años después de 1960. En 1972, el 34.8% de las viviendas del área de influencia de SPCC contaba con alumbrado eléctrico, más del doble que en los distritos sin minería (15%), los cuales tardaron varias décadas en alcanzar niveles de acceso similares.

También se observaron mejoras significativas en otros indicadores, como el acceso al agua, desagüe y la calidad de las viviendas. Este caso demuestra cómo la inversión minera bien gestionada puede generar beneficios tangibles para la población a largo plazo, superando las deficiencias actuales en ciertas regiones donde los recursos no se traducen eficientemente en servicios básicos.

La minería en Moquegua y Tacna no solo impulsó la producción, sino que generó mejoras socioeconómicas profundas. Desde hace dos décadas, estas regiones lideran al país en proporción de población con educación superior, un capital humano clave para lograr empleo formal y adecuado por encima del promedio nacional. De hecho, las cifras proyectadas para 2025 muestran tasas superiores: Moquegua alcanza el 67.5% y Tacna el 60.9%, frente al 56.8% a nivel país.

Ese impacto trasciende el sector extractivo gracias a los encadenamientos productivos. Según el IPE, por cada empleo minero directo se crean seis en Moquegua y siete en Tacna. Así, la minería generó alrededor de 226 mil empleos directos e indirectos en ambas regiones para este año. Sin embargo, convertir estos recursos en bienestar sigue siendo el principal desafío.

Entre 2004 y 2024, solo SPCC aportó más de S/ 49 mil millones en términos reales al Estado, cifra que equivale a casi el 60% del presupuesto total combinado de Tacna y Moquegua. Además, se proyecta que ambas regiones recibirían de la minera alrededor de S/ 18 mil millones adicionales en los próximos 10 años. Esta inyección es monumental: representa 18 veces el presupuesto del Programa Juntos y 88 veces el costo de los colegios de alto rendimiento hechos en las dos provincias.

En las últimas dos décadas la minería representó el 15% del Producto Bruto Interno (PBI) nacional. Foto: Andina/ Referencial.

"La oportunidad que espera"

Por Luciana Cáceda, economista del IPE Según estimaciones del IPE, la ejecución de los proyectos mineros en cartera aportaría a la economía más de dos veces el PBI nacional alcanzado en 2023. Esto incrementaría la recaudación fiscal en un 77% y el empleo en un 17%, reduciendo fuertemente la pobreza a niveles similares entre 2007 y 2019 (de 42% a 20%). De cara a las próximas elecciones regionales, es clave elegir autoridades que promuevan la inversión privada para desarrollar esta cartera. Además, esta iniciativa se complementa con proyectos productivos en el sur —energía, puertos, aeropuertos y agroindustria— que podrían dinamizar aún más la economía y el desarrollo regional. Aprovechar el potencial minero y cerrar las brechas sociales requiere fortalecer las capacidades de los gobiernos regionales y locales para garantizar que se provean servicios públicos de calidad. En síntesis, el éxito depende de una gestión local capaz de traducir estos recursos en bienestar tangible para la ciudadanía peruana.

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