Una de las señales clave que permiten anticipar la próxima gran temporada de incendios en la Amazonía no aparece hasta meses antes, cuando se observan las primeras columnas de humo. La pista principal reside en el océano Pacífico, donde el incremento de la temperatura del mar permite rastrear la evolución de El Niño. Con un nuevo calentamiento en marcha, el Proyecto de Monitoreo de la Amazonía Andina (MAAP) ha emitido una advertencia crítica: si este fenómeno se intensifica hacia finales de 2026, podría dejar condiciones más secas que favorezcan incendios mucho más severos en 2027.

Esta alerta no es especulativa, sino que se fundamenta en un patrón histórico documentado durante las últimas dos décadas. El MAAP revisó ocho eventos de El Niño registrados desde el año 2002 y comparó sistemáticamente su intensidad con la pérdida de bosque primario por fuego ocurrida en el año subsiguiente. De los casos analizados, cuatro fueron débiles, dos moderados, uno fuerte y otro muy intenso. Los datos revelaron claramente que los episodios más potentes del fenómeno climático estuvieron seguidos por temporadas donde una superficie significativamente mayor del bosque amazónico fue afectada por las llamas.

Para precisar la relación entre el calentamiento marino y la deforestación, se destacan dos casos extremos. En 2015, la temperatura superficial del océano registró una anomalía de +2,34 °C, correspondiente a un Niño muy fuerte; en consecuencia, en 2016 los incendios provocaron la pérdida de 1,76 millones de hectáreas de bosque primario. El segundo caso ocurrió en 2023, con una anomalía de +1,49 °C, lo que un año después, en 2024, resultó en la mayor superficie perdida por incendios del periodo analizado: 2,79 millones de hectáreas. Por el contrario, anomalías menores, como +0,52 °C o +0,73 °C, estuvieron seguidas por pérdidas inferiores a las 160 mil hectáreas.

No obstante, es necesario matizar la interpretación de estos resultados debido al tamaño de la muestra. El MAAP trabajó con apenas ocho eventos, lo que limita la capacidad estadística del análisis. Aunque la relación encontrada es fuerte, se aproxima sin alcanzar el margen tradicional de significación estadística; al ajustar el estudio al comportamiento de los incendios, el valor de probabilidad llegó a 0,08. Por ello, el informe no plantea que un Niño intenso conduzca inevitablemente a incendios extremos. Lo que identifica es una señal suficientemente consistente como para incorporarla a la prevención activa.

"Por lo tanto, los datos indican una posible relación de escalada entre El Niño y los incendios en la Amazonía", señala el documento técnico. Este hallazgo subraya la urgencia de monitorear las condiciones oceánicas no solo por su impacto en especies como el pingüino de Humboldt —cuya crisis agrava el fenómeno—, sino también por su papel predictivo para la seguridad forestal continental.

La composición de esta nota visual ilustra el impacto ecológico del fenómeno en otras especies marinas, recordando que los efectos son sistémicos.

El Niño no causa los incendios, pero puede hacerlos más destructivos

Prácticamente todos los fuegos amazónicos tienen origen humano. No obstante, el fenómeno climático juega un rol crucial al preparar el terreno: puede dejar la selva en un estado mucho más seco, donde una chispa iniciada por actividades humanas encuentra las condiciones ideales para expandirse con mayor rapidez y violencia.

Para comprender este mecanismo es necesario observar el calendario. El Niño suele alcanzar su pico de intensidad entre noviembre y diciembre, justo cuando debería iniciar la temporada húmeda en gran parte de la Amazonía. Según plantea el MAAP, una alteración en el flujo de humedad que alimenta las lluvias puede extender tanto la época seca como la de transición, reduciendo las precipitaciones e impidiendo que el suelo recupere su capacidad hídrica. Así, meses después, el bosque llega a la temporada de incendios con vulnerabilidad extrema.

Esa dinámica es lo que hace relevante el escenario de 2026. Para el periodo mayo-junio-julio, la anomalía de la temperatura superficial del mar se ubicaba en +0,98 °C, un nivel entre un Niño débil y moderado, tras salir rápidamente de la fase de La Niña del año anterior. Algunas predicciones recopiladas por el MAAP proyectan que el calentamiento podría superar los 2 °C hacia finales de 2026 e incluso acercarse a los 3 °C entre noviembre y diciembre. De concretarse, se trataría de un evento muy fuerte; el antecedente más cercano por intensidad sería el fenómeno ocurrido en 2015.

Aunque la comparación no permite predecir cuántas hectáreas podrían quemarse específicamente en 2027, sí explica la preocupación actual. Después del Niño muy fuerte de 2015 se perdieron casi 1,8 millones de hectáreas de bosque primario por incendios en 2016. De igual forma, tras el Niño fuerte de 2023 llegó la temporada récord de 2024. El MAAP plantea incluso la posibilidad de que el efecto de un gran evento pueda prolongarse durante un segundo año, lo que ayudaría a explicar las temporadas severas de 2017, con un millón de hectáreas afectadas, y de 2025, con 1,5 millones.

A ese componente climático se suma otro cambio que aparece con claridad en los datos: los incendios se volvieron mucho mayores desde 2016. Antes de ese año, la superficie promedio de bosque afectada rondaba las 150 mil hectáreas; posteriormente, el promedio se acerca al millón. El MAAP también ha documentado que muchos de estos grandes incendios comienzan en zonas recientemente deforestadas y luego pueden escapar hacia los bosques vecinos cuando las condiciones son suficientemente secas. En la Amazonía brasileña, más del 70 % de los grandes incendios analizados quemaron áreas que habían sido deforestadas recientemente.

2024 expuso las brechas de preparación ante incendios en la Amazonía

El antecedente más reciente mostró, además, que conocer el riesgo no significa estar preparado para enfrentarlo. Según el MAAP, El Niño de 2023 y los incendios de 2024 expusieron importantes brechas de preparación en la cuenca amazónica. Brasil, Perú y Bolivia estuvieron entre los países más afectados.

Brasil registró 1,9 millones de hectáreas de bosque primario afectadas directamente por incendios en 2024. En Perú fueron 47 574 hectáreas, más del doble de su máximo anterior, mientras Bolivia alcanzó 779 960 hectáreas y atravesó su peor temporada dentro de los registros utilizados por el proyecto. Los tres países recurrieron a medidas de emergencia durante la crisis, aunque con capacidades y tiempos de respuesta distintos.

Después de esa temporada se produjeron algunos cambios. En Brasil se declaró preventivamente una emergencia ambiental antes de los incendios de 2025, se anunció la contratación de 250 bomberos federales adicionales y se destinaron 45 millones de reales para fortalecer brigadas estatales. En Perú, el Ministerio del Ambiente propuso una Ley de Prevención y Control de Incendios Forestales para crear brigadas regionales y prohibir el cambio de uso del suelo en áreas afectadas por el fuego. Además, siete de las 24 regiones del país cuentan con planes publicados de prevención y reducción del riesgo, mientras se encuentra en elaboración un Plan Multisectorial de Respuesta a Incendios Forestales 2025-2027. Las evaluaciones consideradas para este proceso clasifican cerca del 20 % del territorio nacional con riesgo alto o muy alto.

En 2025, la superficie de bosque primario perdida por incendios en la Amazonía cayó de 2,8 millones a 1,5 millones de hectáreas. Pero el informe advierte que esa reducción no puede atribuirse únicamente a una mejor respuesta institucional. Ese año las condiciones climáticas también fueron más favorables y La Niña aportó mayores niveles de humedad en el bioma. Por eso, el descenso de los incendios todavía no permite saber cuánto funcionarán las nuevas medidas bajo un escenario más seco. “La verdadera prueba de la preparación institucional llegará bajo la presión del fenómeno de El Niño”, sostiene el MAAP.

Perú debe reforzar alertas y prevención antes de la temporada 2027

En el caso peruano, todavía existen brechas importantes. El informe señala que los distritos considerados más críticos se concentran en Ucayali, Madre de Dios y Huánuco. También identifica limitaciones en la capacidad operativa para prevenir y responder a incendios y diferencias importantes en la asignación y ejecución de los recursos públicos destinados a la gestión del riesgo de desastres. Frente a ello, plantea reforzar el monitoreo, los sistemas de alerta temprana, la planificación y la respuesta institucional, priorizando las zonas que históricamente han mostrado mayor vulnerabilidad.

La preparación ante una emergencia no se limita a incrementar el número de brigadas, sino que exige trabajar cinco componentes clave antes de 2027. Según un informe de la FAO que guía al MAAP, esto implica comprender las causas de los grandes incendios, establecer sistemas de alerta temprana y clasificación del peligro, reforzar la prevención y extinción, coordinar acciones previas a la temporada y contar con mecanismos ágiles para detectar y responder rápidamente. El documento también subraya el rol vital de las brigadas comunitarias, el monitoreo territorial y prácticas agrícolas que reduzcan la dependencia del fuego. Sin embargo, una medida crucial inicia incluso antes de preparar la próxima temporada. Si gran parte de los grandes incendios nace en áreas recién desmontadas, lo que ocurra con el bosque este año tendrá consecuencias futuras. “Por lo tanto, una de las estrategias clave para minimizar los grandes incendios en 2027 es minimizar la nueva deforestación en 2026”, advierte el informe. Aunque el calentamiento del Pacífico sigue evolucionando y no permite predecir con certeza la magnitud del próximo año, existen antecedentes que marcan una diferencia importante frente a otras crisis climáticas: esta vez, la señal de riesgo apareció antes de que empiece el fuego. La anticipación es fundamental para evitar repetir los escenarios devastadores de incendios forestales en la Amazonía tras eventos intensos como El Niño. La combinación de datos históricos y proyecciones actuales permite a las autoridades actuar con mayor precisión. Incendio en la Amazonía por efectos de El Niño *Accede al informe aquí.*

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