Un promedio de dos o tres horas de electricidad tendrán los 9.4 millones de cubanos este martes, en una jornada en la que la estatal Unión Eléctrica (UNE) prevé que el mayor apagón deje a la vez sin suministro eléctrico al 71 % del país. En un contexto donde el Gobierno ha reconocido que la situación del Sistema Electroenergético Nacional (SEN) es «crítica», la isla atraviesa desde hace dos años una profunda crisis energética agravada desde enero por el asedio petrolero de EE.UU.
La crisis se explica por causas endógenas y exógenas. De un lado, un sistema energético profundamente obsoleto sin las inversiones precisas durante décadas; del otro, el bloqueo petrolero iniciado en enero por Washington.
Para entender el colapso, hay que analizar cómo se nutre el país. Las centrales termoeléctricas, responsables del 40 % del mix energético, fueron construidas en su mayoría durante las décadas de los 60 y 70 y, con el déficit crónico de inversiones y mantenimientos, sufren frecuentes averías. Como consecuencia, en esta jornada, ocho de las 16 unidades de generación térmica del país se mantienen sin aportar energía. Esta fuente se nutre de crudo nacional y no está afectada por el bloqueo petrolero estadounidense.
Otro 40 % del mix estaba a cargo de los motores de generación, pero esta fuente precisa diésel y fueloil importado; la presión de EE. UU. obligó a pararlos por falta de materia prima. El 20 % restante se obtiene de gas y fuentes renovables.
La UNE prevé para el horario de mayor demanda (tarde-noche) de este jueves una capacidad de generación de 1.011 megavatios (MW) y una demanda máxima de 3.350 MW. De esta forma, la afectación estimada -lo que se desconectará realmente para evitar apagones desordenados- alcanzará los 2.369 MW.
Expertos independientes consideran que el saneamiento completo del SEN precisaría entre 8 000 y 10 000 millones de dólares, unas cifras fuera de las posibilidades de Cuba, que se encuentra sumida en una grave crisis económica desde hace más de seis años.
Frente a este escenario, la principal apuesta del Gobierno cubano para salir de esta crisis ha sido la energía solar, principalmente con el apoyo chino. Ha puesto en marcha un programa para levantar 92 parques solares en toda la isla, con una potencia instalada total de unos 2 000 megavatios (MW). Sin embargo, esto genera una paradoja: no podrán aprovechar al máximo esta nueva capacidad dada la fragilidad del sistema electroenergético existente.
Hasta el momento, los datos oficiales del UNE confirman que solo 54 parques fotovoltaicos contribuyen a la generación eléctrica en Cuba. Si bien esta tecnología alivia los apagones durante las horas diurnas, su utilidad se agota al anochecer. El problema radica en la falta de baterías para acumular energía, lo que impide cubrir el pico de demanda nocturna cuando más se necesita luz.
En un contexto de crisis energética donde el suministro eléctrico falla en más del 70 % de la isla, la dependencia de fuentes intermitentes es crítica. Los expertos señalan que sin sistemas de almacenamiento masivo, los paneles solares no pueden garantizar un servicio continuo fuera del sol. Esta limitación técnica agrava las condiciones de vida de la población y pone a prueba la resiliencia de la red nacional.
Mientras el gobierno busca alternativas para estabilizar la producción, la realidad es que la infraestructura actual tiene brechas importantes en su capacidad operativa. La solución no está solo en instalar más paneles, sino en invertir en tecnologías que permitan guardar excedentes y distribuirlos cuando cae el sol. Sin este componente clave, cualquier avance en energías renovables queda incompleto frente a las necesidades básicas de la ciudadanía.
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