El melanoma uveal es un tipo poco frecuente de cáncer que se origina en la úvea, la capa media del ojo integrada por el iris, el cuerpo ciliar y la coroides. A pesar de su rareza, según el Instituto Nacional del Cáncer de Estados Unidos (NCI), constituye la neoplasia intraocular primaria más común entre los adultos. Su desarrollo suele ser asintomático en las primeras etapas, lo que permite que el tumor pase inadvertido por largos periodos.
Los datos epidemiológicos muestran una incidencia ajustada por edad de aproximadamente 4,3 casos nuevos por cada millón de personas. Esta frecuencia aumenta progresivamente con la edad hasta alcanzar un pico alrededor de los 70 años. Además, se ha identificado que existe una mayor prevalencia en individuos de piel y ojos claros.
Aunque el tumor puede presentarse a cualquier edad, el riesgo aumenta conforme envejece la persona. Asimismo, otros factores asociados incluyen ciertas lesiones pigmentadas o lunares localizadas en el ojo. En casos específicos, también está relacionado con el síndrome de predisposición tumoral BAP1, una condición hereditaria poco frecuente vinculada al mayor riesgo de melanoma ocular y otras formas malignas.
Una de las principales dificultades para la identificación temprana es que, inicialmente, no genera molestias evidentes. «Cuando aparecen señales, estas pueden manifestarse como visión borrosa, destellos de luz, manchas oscuras o flotantes en el campo visual y cambios progresivos en la visión, síntomas que pueden confundirse con otros problemas oculares», explica la Dra. Gabriela Quezada, médica oftalmóloga y asesora de Laboratorios Lansier.
Ante estos cuadros clínicos, la especialista recomienda acudir a un oftalmólogo para determinar el origen. La evaluación puede incluir el examen del fondo de ojo y, cuando corresponda, una ecografía ocular. Estas pruebas son fundamentales para contribuir al diagnóstico y diferenciación precisa de los tumores intraoculares.
La detección oportuna es crucial dado que la ausencia inicial de síntomas no implica la inexistencia de la enfermedad.
Tener uno o varios factores de riesgo no garantiza que una persona desarrolle la enfermedad, pero sí exige atención. Cuando aparezcan cambios como visión borrosa persistente, nuevos destellos luminosos, aparición de manchas o cuerpos flotantes y pérdida de parte del campo visual, se justifica acudir al oftalmólogo para establecer la causa. Es importante precisar que estos síntomas no significan necesariamente un melanoma uveal; pueden presentarse en otras enfermedades oculares, por lo que la evaluación profesional permite diferenciarlas y determinar si son necesarios exámenes adicionales. “El melanoma uveal nos recuerda que algunas enfermedades oculares pueden avanzar de manera silenciosa. La prevención no debe comenzar cuando aparece una molestia, sino con controles periódicos que permitan detectar cambios tempranos”, sostiene Quezada. En personas con lesiones oculares conocidas, antecedentes relevantes u otros factores de riesgo, la frecuencia de los controles debe establecerse de acuerdo con la evaluación del especialista. ¿La radiación ultravioleta causa melanoma uveal? Este punto requiere una precisión. Aunque proteger los ojos de la radiación solar es una recomendación general de salud ocular, no se ha demostrado de manera concluyente que la exposición al sol cause este tipo de cáncer. La American Cancer Society señala que los estudios sobre exposición a rayos UV y melanoma ocular han producido resultados mixtos; si existe un aumento del riesgo, probablemente sea pequeño. La organización recomienda utilizar lentes que bloqueen entre el 99% y el 100% de los rayos UVA y UVB cuando existe exposición intensa al sol. Sin embargo, la entidad aclara que no está claro si esta medida reduce específicamente el riesgo de melanoma ocular. Por ello, tener un factor de riesgo no implica certeza de padecer la enfermedad, pero sí la necesidad de mantenerse alerta ante cualquier señal del cuerpo. La clave radica en los controles periódicos que permitan detectar cambios tempranos antes de que aparezca una molestia evidente.
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