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El colapso del sistema de alcantarillado, agravado por el incremento repentino del caudal del río Surco, ha dejado a decenas de casas, negocios y colegios afectados en la zona sur de Lima. Distritos como Villa El Salvador, Villa María del Triunfo, San Juan de Miraflores y Chorrillos sufrieron severamente una serie de lluvias durante el fin de semana, con especial intensidad el domingo. Varios vehículos quedaron atrapados en avenidas y calles anegadas por la falta de drenaje eficiente.

Todo comenzó a las dos de la tarde del domingo con una intensa lluvia que se prolongó hasta generar una situación crítica a las 10:00 p.m., obligando al ministro de Vivienda, Construcción y Saneamiento, Mauricio Arnillas, a acudir a la zona. El funcionario permaneció allí trabajando junto a equipos de Sedapal hasta la madrugada para tratar de succionar el agua y el barro acumulado. Por la mañana del lunes, la presidenta Keiko Fujimori llegó al lugar donde anunció diversas medidas ante esta emergencia que afecta a cientos de personas.

A pesar de los esfuerzos inmediatos, lo sucedido en las últimas horas es apenas una clarinada de lo que podría pasar en Lima, una ciudad caótica de más de 10 millones de habitantes. El entorno urbano ni remotamente está preparado para recibir algo más de las habituales garúas que apenas humedecen pistas, veredas y los parabrisas de los autos. Si no se toman medidas urgentes, lo que podría suceder en los próximos meses sería catastrófico, generando pérdidas materiales millonarias y poniendo en riesgo la seguridad ciudadana frente a fenómenos climáticos recurrentes.

Nunca olvidemos el cauce del río Huaycoloro: puede pasar años sin apenas un chorro de agua, pero cuando llueve más de la cuenta, se activa y causa estragos. Lo vimos en 2017 con el Niño Costero, pero quienes tenemos más años recordamos también lo sucedido en 1998, cuando el 23 de febrero un descomunal huaico generado por un desborde avanzó desde Huachipa hacia Campoy y luego a Zárate, el Rímac –cerca de la Plaza de Acho– y el Cercado de Lima. Lamentablemente, los sucesivos gobiernos que hemos tenido no han priorizado las obras de prevención, y hoy pagamos las consecuencias. Está bien mirar a Tumbes, Piura, Lambayeque, La Libertad, Ica y demás puntos, pero las autoridades no deben perder de vista a la capital misma –incluso cerca del Centro Histórico–, que también está expuesta a desastres por un evento climático que según advierten los especialistas, se viene con una furia brutal.

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