En 1930, Clyde Tombaugh descubrió a un nuevo cuerpo celeste y lo designó como el noveno planeta del Sistema Solar. Durante décadas, esa fue la respuesta correcta en cualquier aula escolar. Sin embargo, hoy la realidad es distinta: si una estudiante respondiera nueve planetas, sería reprobada porque, en 2025, solo existen ocho. ¿Qué ocurrió? Nada extraordinario, simplemente la historia de Plutón lo explica todo.

El cambio no fue arbitrario. El descubrimiento posterior de otros cuerpos con características similares reveló que la definición original de planeta confundía más que ayudaba. La Unión Astronómica Internacional (UAI) reconoció que esa clasificación ya no servía y optó por una redefinición precisa adaptada a la realidad astronómica actual. Bajo este nuevo concepto, Plutón dejó de ser un planeta porque no cumple con el requisito de dominancia orbital.

Este devenir cósmico nos ofrece tres enseñanzas cruciales para el gobierno de datos en las organizaciones modernas. La primera es fundamental: las definiciones pueden dejar de ser útiles.

Así como la ciencia actualizó sus criterios, las empresas deben revisar constantemente cómo categorizan y gestionan su información. Un sistema que funcionaba ayer podría no hacerlo hoy si los datos han evolucionado o si el contexto operativo ha cambiado. Ignorar esta dinámica implica mantener estructuras obsoletas que distorsionan la toma de decisiones.

La experiencia de Plutón demuestra que la rigidez en las normas es peligrosa. La UAI actuó con valentía al ajustar su marco conceptual frente a nuevas evidencias, y los líderes empresariales deben hacer lo mismo con sus estrategias de datos. No se trata solo de tecnología, sino de entender que el conocimiento está vivo y requiere actualización continua.

Mantener definiciones fijas mientras el entorno cambia genera ineficiencia. La adaptación es la única vía para asegurar que la información siga siendo relevante, precisa y útil para los objetivos estratégicos de la organización en un mundo digital cada vez más complejo y dinámico.

Antes y después del año 2006, Plutón siguió siendo el mismo pedazo de hielo flotando en el espacio; lo que sucedió fue que la definición de lo que era un “verdadero” planeta empezó a perder utilidad con los nuevos conocimientos –una mejor percepción de la realidad– y por ello tuvo que acordarse una nueva definición que evitara las confusiones. Esto puede aplicarse hoy mismo para definir qué es, en la práctica, un cliente o un producto dentro de una organización.

Plutón visto desde el espacio

En 2006, cuando se hizo la redefinición, hubo mucha polémica con voces a favor y en contra; pero finalmente fue la UAI quien tuvo la última palabra y estableció lo que era un planeta, definición que fue adoptada por todas las instituciones, incluido el sistema educativo.

(*) Nota para curiosos: en el 2008, la UAI clasificó a Plutón como plutoide, un nuevo tipo de cuerpo celeste.

El caos incomprensible, una auténtica torre de Babel, se desatará inevitablemente en cualquier avance del vasto universo de la información, la analítica y la inteligencia artificial si no se establece un riguroso gobierno de datos que garantice una comprensión común de estos.

Enseñanza 1: es vital tener un “Data Owner” que sea el encargado de establecer las definiciones últimas y que todos las respeten.

Cualquier avance en la información, la analítica y la inteligencia artificial se transformará inevitablemente en un caos incomprensible, una auténtica torre de Babel, si no se establece un riguroso gobierno de datos que garantice una comprensión común de estos.

Enseñanza 3: en las organizaciones, la verdad es un buen acuerdo entre todos que es útil y, generalmente, beneficioso.

Este ejemplo nos enseña que, para evitar confusiones en el gobierno de datos, debemos buscar consensos útiles. Enseñanza 2: es importante tener un “Data Owner” que sea el encargado de establecer las definiciones últimas y que todos las respeten.

(*) Nota para curiosos: en el 2008, la UAI clasificó a Plutón como plutoide, un nuevo tipo de cuerpo celeste.

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