En una reciente entrevista con El Comercio, Cielo Díaz, de Arequipa, detalla los sacrificios de su emigración hacia Bolivia. Hoy, tras cuatro años en el país vecino, la artista cuenta cómo cambió su vida al formar parte del elenco de «Divinas», aunque guarda ciertos sueños en reserva. También recuerda a quienes se convirtieron en sus «ángeles» y relata los momentos críticos donde estuvo a punto de regresar a casa.
¿Qué tuvo que pasar para que una joven arequipeña terminara formando parte de una agrupación boliviana que hoy está dando tanto que hablar?
Todo comenzó hace años cuando viajó al país hermano con cuerpos de baile peruanos, como Agua Bella y Aguas de Oro. Desde ese encuentro, quedó cautivada por la alegría de las fiestas locales y, sobre todo, por la calidez con la que la recibieron. Fue ahí donde nació su ilusión de volver.
La oportunidad finalmente llegó. Salir de su zona de confort para abrir nuevos horizontes ha sido un reto constante, pero no fácil. «El arte no tiene fronteras», asegura convencida. Desde entonces, ha trabajado con distintas agrupaciones en Bolivia. Está muy agradecida con cada una por haber confiado en ella, brindándole trabajo y abriendo puertas para seguir creciendo profesionalmente.
Ser la única peruana de «Divinas» le ha significado un cambio profundo en su rutina diaria. Sin embargo, frente a las oportunidades que encontró allí, mantiene algunos deseos personales ocultos hasta el momento. Su historia es un testimonio de cómo la pasión por el baile y la gratitud hacia quienes apoyaron su paso pueden transformar una vida entera, llevándola desde Arequipa hasta los escenarios bolivianos.
Hoy quiero agradecer especialmente a Ibisa Producciones - Bolivia por darme la oportunidad de formar parte de su proyecto. Me llamaron directamente para integrar "Divinas" y no dudé en aceptar este nuevo desafío.
Reitero mi profundo agradecimiento a mis jefes por la confianza, por creer en mi talento y por apostar por mí. Esta experiencia representa un nuevo capítulo en mi carrera y me llena de orgullo poder seguir haciendo lo que amo en un país que me ha recibido con tanto cariño.
Cuando tomaste la decisión de irte a Bolivia, ¿sentiste que estabas persiguiendo un sueño o arriesgándolo todo?
Tenía mucho miedo, incertidumbre y, al mismo tiempo, mucha inquietud y emoción por todo lo nuevo que me esperaba. Implicaba transformar por completo mi realidad profesional como ingeniera comercial, alejarme de mi familia, dejar mis costumbres, mi tienda de vestidos y, sobre todo, despedirme de Arequipa.
Dejar mi ciudad fue una de las apuestas más grandes de mi vida. Hoy, al responder esta pregunta, recuerdo un camino lleno de sacrificios, desafíos y también muchas satisfacciones. A pesar de los temores y las dudas, siempre confié en mí misma y traté de mantener una actitud positiva, convencida de que todo esfuerzo valdría la pena.
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