La papa, segundo producto agropecuario más relevante del Perú tras el arroz, enfrenta incertidumbre en su desarrollo. El Servicio Nacional de Meteorología e Hidrología (Senamhi) proyecta que entre agosto y octubre de este año, diversas regiones podrían sufrir impactos por condiciones climáticas variables. Si bien se esperan lluvias y temperaturas dentro de rangos normales o ligeramente desviados, estos factores pueden comprometer los cultivos en zonas específicas. En la costa central y sur, las alertas son más precisas: el riesgo agroclimático para este tubérculo se sitúa principalmente entre medio y bajo, concentrándose particularmente en ciertos valles costeros. En estas áreas, donde el cultivo depende casi exclusivamente del riego, la disponibilidad oportuna de agua será decisiva para asegurar un crecimiento adecuado. Las condiciones de riesgo medio y alto podrían derivarse de una mayor demanda hídrica combinada con temperaturas que, según la fase fenológica del cultivo, afectarían directamente la tuberización y el llenado de los tubérculos. Ante este escenario, el Senamhi recomienda a los productores optimizar el manejo del riego para evitar estrés hídrico, lo cual reduciría el calibre final de las papas y comprometería su calidad comercial. Asimismo, condiciones cálidas y secas en algunas zonas podrían favorecer la aparición de plagas como la prodiplosis, polilla de la papa, mosca minadora y gusanos de tierra. Por ello, es crucial mantener un monitoreo fitosanitario constante y ajustar la frecuencia de los riegos según el avance del cultivo.Expectativa para la siembra de papa para la campaña 2026-2027. Fuente: ENIS 2026-2027 Por otro lado, en la sierra norte el panorama es distinto. El ente meteorológico indica que este mes se prevé un riesgo bajo para esta región. Esto se debe a que una parte significativa de las parcelas destinadas a papa aún permanecen en descanso agrícola o en etapas de preparación de terrenos. En estas zonas se están iniciando las labores de instalación de la nueva campaña, lo que mitiga temporalmente los efectos adversos del clima antes de la emergencia total de los cultivos. La entidad enfatiza que el éxito de la siembra dependerá de cómo se gestionen estos factores, especialmente en la costa donde la ventana crítica para el riego es estrecha y determinante para la rentabilidad de la producción anual.

Hacia septiembre y octubre, el inicio progresivo de las siembras de la campaña grande en la sierra central incrementaría la sensibilidad del cultivo a la disponibilidad de humedad del suelo. En parcelas con cultivo establecido, se recomienda mantener una vigilancia constante frente a plagas que puedan afectar las primeras fases de desarrollo. Una insuficiente humedad durante la siembra y emergencia podría generar retrasos en la brotación y un establecimiento irregular de las plantas, advierte la entidad. Por ello, será crucial realizar las plantaciones cuando el suelo presente condiciones adecuadas de agua y evitar instalaciones anticipadas sin disponibilidad hídrica suficiente. En casos donde se disponga de humedad adecuada, las labores agrícolas podrían continuar hasta octubre, aunque una escasez afectaría directamente el surgimiento del cultivo.

Asimismo, las bajas temperaturas que todavía podrían presentarse en sectores altoandinos representarían un factor de riesgo para las plantaciones recién emergidas. Vale recordar que el Estudio Nacional del Fenómeno El Niño (Enfen) ha previsto que este fenómeno continúe hasta abril del 2027, y es más probable que mantenga su magnitud fuerte, sin descartar que alcance un nivel de extraordinario hacia finales del 2026.

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