La cantante Paris Jackson, de 28 años, abrió su historia en el podcast On Purpose, dirigido por Jay Shetty. La artista relató uno de los momentos más oscuros de su vida, tras atravesar una severa depresión que incluso la llevó a pensar en el suicidio. Ante ese dolor, recurrió a la terapia electroconvulsiva (ECT). Sin embargo, su objetivo al compartirlo fue humanizar un procedimiento que muchos aún ven como antiguo.
«Ya no es tan bárbaro como antes. Usan anestesia general, así que te dejan inconsciente cuando te aplican la descarga», explicó sobre el método actual. Jackson detalló que recibió nueve sesiones de ECT durante tres semanas. El protocolo implica un reemplazo previo de los piercings metálicos por piezas plásticas y el uso obligatorio de protector bucal bajo anestesia general.
No obstante, la recuperación no fue lineal. Aunque la depresión comenzó a ceder tras las primeras aplicaciones difíciles, enfrentó pérdidas de memoria, uno de los efectos secundarios que más influyeron en su decisión de no mantener el tratamiento indefinidamente.
La ECT no fue su única opción antes de encontrar estabilidad. A lo largo del proceso, la cantante transitó un largo camino probando alternativas diversas. Pasó por cinco instituciones de salud mental y utilizó una batería completa de intervenciones: medicamentos, terapia dialéctica conductual (DBT), EMDR, CBD y estimulación magnética transcraneal (TMS). Solo después de intentar todo esto fue que llegó al tratamiento eléctrico.
A pesar de los desafíos físicos y cognitivos, el procedimiento marcó un punto de inflexión en su salud mental. La experiencia de Jackson busca mostrar la realidad del ECT moderno, alejado de mitos persistentes sobre su crueldad, aunque sus secuelas como la amnesia fueron una barrera significativa para continuar con las sesiones.
Hoy, la artista continúa enfocada en mantener su estabilidad y encontrar un equilibrio que pueda sostener a largo plazo. Para lograrlo, actualmente combina distintas herramientas con el acompañamiento de especialistas para cuidar su bienestar.
Su testimonio también pone sobre la mesa la evolución de la terapia electroconvulsiva, un procedimiento utilizado en ciertos casos clínicos bajo supervisión médica. Paris Jackson reveló que este tratamiento tuvo buenos resultados para tratar su trastorno obsesivo-compulsivo (TOC), aunque no consiguió el mismo efecto sobre la depresión.
Había mencionado previamente tratamientos con lidocaína, los cuales le proporcionaron alivio temporal durante esa etapa especialmente complicada. De hecho, fue una de las herramientas que encontró en medio de su proceso, pero no la única.
Jackson ha decidido abordar públicamente experiencias que durante años formaron parte de su vida privada. Al hablar sobre su salud mental, busca contar su historia desde su propia perspectiva y explicar que su recuperación ha incluido diferentes etapas y tratamientos. Su testimonio es clave para entender este camino personal.
Su proceso también está vinculado a la sobriedad: la cantante lleva seis años sin consumir alcohol ni drogas. Esta decisión refleja un compromiso firme con su salud integral en los últimos tiempos.
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