Un meteorito hallado en Argelia, bautizado como NWA 13441, ha permitido llenar un vacío crucial en la historia geológica de Marte. Este fragmento rocoso no solo es distinto a los conocidos, sino que ofrece una "fotografía" de una etapa del planeta prácticamente ausente del registro disponible.
Pertenece al grupo de shergottitas, materiales ígneos formados a partir de magma dentro del planeta. Sin embargo, su edad calculada marca la diferencia: se cristalizó hace unos 1.273 millones de años. Esto resulta completamente inusual entre los meteoritos marcianos estudiados hasta ahora.
La mayoría de las shergottitas conocidas tienen menos de 600 millones de años, mientras que las siguientes más antiguas rondan los 2 400 millones de años. Ese intervalo dejaba casi 1 800 millones de años sin muestras capaces de contar qué estaba ocurriendo con la actividad magmática y volcánica marciana. NWA 13441 aparece justo dentro de ese periodo perdido.
El trabajo, publicado en la revista Geochimica et Cosmochimica Acta, analizó la composición mineral, química e isotópica para reconstruir su origen y evolución.
Uno de los análisis más importantes se centró en el neodimio, un elemento cuyos isótopos funcionan como rastros químicos del material donde se originó un magma. La sorpresa fue que la composición isotópica inicial del neodimio se parece a la de materiales muy primitivos formados durante los comienzos del sistema solar.
Ese patrón nunca se había observado de esta manera en otra shergottita, lo que sugiere que el magma pudo surgir de una región marciana desconocida. Los científicos plantean que esa fuente podría corresponder a una parte del interior de Marte que permaneció poco modificada durante miles de millones de años.
Hasta ahora se han identificado unos cientos de meteoritos procedentes de Marte, lo que hace que cada muestra diferente aporte información difícil de obtener. NWA 13441 es especial porque conserva señales antiguas del interior marciano y ayuda a reconstruir capítulos perdidos sobre cómo evolucionó el planeta durante miles de años.
Marte resulta particularmente útil para estos estudios, ya que, al carecer de una tectónica de placas activa como la terrestre, no recicla constantemente grandes partes de su corteza. Así, esta roca podría mantener intactos registros profundos del manto rojo.
La evidencia mineralógica sugiere que su cristalización comenzó cerca del límite entre la corteza y el manto. Además, conserva señales de haber sufrido un impacto violento, coherente con el proceso necesario para expulsar fragmentos desde la superficie marciana hacia el espacio.
Ese viaje interestelar comienza cuando un gran golpe lanza rocas fuera del planeta, colocándolas en trayectorias interplanetarias. Algunas cruzan el cosmos hasta alcanzar la Tierra; sobreviven al paso por nuestra atmósfera y quedan disponibles para que los científicos las estudien directamente.
No obstante, existe otra posibilidad: que la composición observada surgiera al mezclarse materiales procedentes de reservorios marcianos diferentes, conocidos previamente por sus características químicas particulares. En cualquier caso, el hallazgo demuestra que las muestras disponibles probablemente representan solo una pequeña parte de la diversidad existente dentro del manto.
Este análisis subraya la importancia de seguir explorando estos fragmentos cósmicos para comprender mejor los misterios geológicos del vecino planeta rojo.
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