Colombia vive una grave emergencia a una semana del sismo de magnitud 7.4 que sacudió el oeste nacional. El movimiento sísmico, con epicentro en San José del Palmar, departamento del Chocó, afectó desde la costa del Pacífico hasta el Eje Cafetero. Las autoridades reportan un balance de 289 fallecidos, más de 4,200 heridos y 185,000 damnificados.

Según registros oficiales, el desastre impactó a 120,238 familias en 15 departamentos. Un total de 127,557 viviendas sufrieron daños estructurales. A pesar del paso de los días y la disminución en las posibilidades de hallar sobrevivientes bajo escombros colapsados, los organismos de socorro mantienen la búsqueda activa de 143 personas desaparecidas.
Mientras tanto, cuadrillas operativas remueven toneladas de escombros para despejar vías de acceso. Este trabajo es vital para permitir el paso de maquinaria pesada a sectores prioritarios y facilitar la logística humanitaria. En paralelo, se ha establecido un centro de acopio en Bogotá destinado a la distribución de ayuda. Allí, miles de voluntarios se han organizado para gestionar los recursos destinados a las zonas más afectadas por el sismo.
La magnitud del evento sigue requiriendo una respuesta coordinada entre autoridades y civiles. La prioridad es salvar vidas restantes, brindar asistencia inmediata a quienes perdieron sus hogares y restablecer la normalidad en regiones devastadas por la fuerza telúrica que dejó un saldo humano trágico.
Siete días después del evento telúrico, las autoridades colombianas mantienen sus acciones centradas en la gestión de la crisis. Se dividen las tareas entre el retiro de material destruido, la localización de desaparecidos y la asistencia técnica a las poblaciones damnificadas en el occidente del país.
En este contexto operativo, en la ciudad de Bogotá se estableció el principal centro de acopio nacional. Este punto recibe, procesa y clasifica las donaciones de ayuda humanitaria destinadas a las familias afectadas por el desastre. En esta labor participan más de 7,000 voluntarios encargados de la recepción, empaque y posterior envío de alimentos, agua potable e insumos médicos hacia las regiones en emergencia.
La logística de apoyo internacional también ha llegado a otras zonas críticas.
Un avión aterrizó en Cali con 8 toneladas de ayuda enviada directamente por el Perú.
Mientras tanto, los damnificados continúan enfrentando la situación extrema.
Muchas familias sobreviven precariamente en campamentos de emergencia.
Entre los esfuerzos más conmovedores destaca un rescate histórico.
Se logró rescatar con vida a una mujer tras 38 horas atrapada bajo los escombros.
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