Si analizamos las tres películas anteriores, todas compartían un objetivo claro: regresar con Andy. Esa meta podía tomar distintas formas —ya fuera durante una mudanza, al volver del campamento o antes de su partida universitaria— pero siempre existía un propósito concreto que guiaba la narrativa. En Toys Story 4, en cambio, esa estructura desaparece. Lo que inicialmente parece plantearse como el eje central, la dificultad de Bonnie para adaptarse al colegio, se desecha rápidamente para desviar la historia hacia una feria. Es ahí donde se intenta introducir un dilema existencial: preguntarse si el propósito de un juguete debe limitarse a hacer feliz a un solo niño o también puede abarcar a muchos otros.

No obstante, siento que el filme hace muy poco por construir ese cuestionamiento con solidez. La única justificación real parece ser que Woody se siente desplazado temporalmente por Bonnie; al reencontrarse con Bo Peep, descubre una forma distinta de vivir como juguete: más independiente, con un sentido de comunidad y la posibilidad de alegrar a distintos niños. Esa idea también busca reforzarse mediante a Gabby Gabby.

A quien yo consideraría una falsa antagonista. Al final, su función no es realmente oponerse al ansiado objetivo, sino terminar de demostrar el punto que la película quiere defender, actuando como excusa para reforzar su mensaje. Por eso nunca llega a convertirse en una fuerza que desafíe verdaderamente los ideales de Woody y los demás, quedando como una versión mucho más suavizada de Lotso, quien sí poseía convicciones firmes y claramente opuestas a las de los protagonistas. Creo que por esa razón esta entrega nunca alcanza el mismo peso dramático que las anteriores.

Lo que queda, entonces, es una aventura correcta donde los personajes conservan su carisma y el desarrollo necesario para no terminar insatisfechos. Sin embargo, lamentablemente, incluso la despedida final —que debería ser el momento más conmovedor de toda la película— nunca genera ese impacto esperado. La razón de esto radica en que la entrega anterior ya había construido una adios mucho más emotiva; no solo por cerrar aquella aventura, sino al cargar con el peso emocional de dos filmes previos que nos habían preparado para ese instante durante años. Aquí esa construcción narrativa no sucede. Por ello, si la escena no provoca prácticamente nada en el espectador, es porque la despedida simplemente ocurre y cada personaje sigue su camino sin que se sienta realmente trascendente.

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