Más de medio siglo se ha transcurrido desde que Alfredo Bryce Echenique publicara en 1970 su emblemática novela Un mundo para Julius. Dado el gran cariño ganado por parte del público lector y el prestigio acumulado a través de los años, nadie asumía el enorme reto de llevarla a la pantalla grande. Se compraron los derechos en varias oportunidades, pero nadie logró trasladarla del lenguaje escrito al cinematográfico. Hasta que, finalmente, en 2021 la cineasta Rossana Díaz Costa presentó la esperada película.

La cinta ha recibido una excelente acogida por parte de espectadores de todas las edades, logrando ser presentada en diversos países de América, Europa y otras latitudes gracias al trabajo de su directora. Además, para difundir el largometraje y conversar con los asistentes tras las proyecciones, la autora viajó a muchos puntos del país: Trujillo, Huancayo, Puno, Chachapoyas y más.

Aparte de este constante esfuerzo promocional, la producción posee verdaderos méritos técnicos. Susana Torres diseñó una dirección de arte muy cuidada, especialmente en los interiores de la casa donde vive el protagonista. Gabriel Di Martino, por su parte, ejecutó una sólida dirección de fotografía que muestra una iluminación claramente diferenciada para representar a personajes de distintas clases sociales.

El guion, obra de la misma directora, resume con acierto los cientos de páginas del original literario. El reparto entrega actuaciones muy verosímiles y Rossana Díaz Costa otorga un sentido de unidad y agradable fluidez a toda la narración audiovisual. La voz en off de Salvador del Solar —protagonista de El elefante desaparecido y director de Magallanes— al inicio del film le otorga un tono de cuento a la historia.

En sus 104 minutos de duración, la obra contiene drama, humor, momentos entrañables, injusticias, solidaridad y esperanza. Es un espejo de la vida misma, con sus luces y sombras. La película logra capturar esa esencia compleja que hizo tan querida a la novela original.

Nacido en una familia de clase alta, el niño Julius es interpretado por Augusto Linares y Rodrigo Barba. Su sencillez y simpatía naturales lo distinguen dentro del hogar, a diferencia de sus hermanos Santiago (Mathias Spitzer) y Bobby (Nico Strauss), quienes practican la discriminación sistemática. La cinta está ambientada en la Lima de mitad del siglo XX, donde las divisiones sociales eran mucho más marcadas que hoy en la ciudad capital peruana.

A pesar de su estatus privilegiado, Julius y su hermanita Cinthia (Pamela Saco) son empáticos y no otorgan mayor importancia a las diferencias entre clases sociales. Tal vez debido a la inocencia de sus edades o la pureza de sus almas, son muy queridos por los empleados de la casa. Con ellos juegan, conversan y ríen amicalmente. La magnífica actuación de Mayella Lloclla como Vilma, Liliana Alegría como Nilda, Fernando Bacilio como Celso, Hermelinda Luján como Bertha, Antonieta Pari como Arminda y Américo Zúñiga como el chofer que lleva a Julius a conocer amigos de su edad en un barrio clasemediero es fundamental para esta conexión. El niño no entiende las barreras que sus pares imponen.

Hay una escena conmovedora que quizá resume la esencia del noble Julius: cuando ordena que lleven el ataúd de Arminda por todo el primer piso de su enorme y hermosa casa, brindándole a su despedida física el respeto y la dignidad que él hubiera querido darle al funeral de Bertha también. Cuando su madre Susan (estupenda interpretación de Fiorella de Ferrari) detiene a su antipático esposo Juan Lucas (el español Nacho Fresneda) para que no interrumpa dicha despedida, resulta un acto de justicia. Además, con el espíritu de la pequeña y dulce Cinthia acompañando el cortejo fúnebre de a pie.

Por un momento, Julius y su madre demuestran el profundo cariño que le tienen a sus leales trabajadores del hogar. Es una metáfora del respeto que debería haber entre las personas con dinero y quienes trabajan diariamente para ellos. Es una de las escenas más logradas del film, acompañada de la acertada y elegante musicalización del español Francesc Gener (que ha recibido distinciones en el Festival de Málaga 2003 y los Premios Gaudí 2004 por su labor).

A través del ojo de la cerradura de la cocina, Julius observa y escucha a los trabajadores, una dinámica que suele marcar el acercamiento entre clases sociales: con cierta distancia y curiosidad. No obstante, el niño no los mira desde arriba, sino como sus iguales, otros habitantes de su propia casa. Esta mirada empática es parte del éxito de la cinta, que finalmente recibió tres Premios Luces (a mejor película, actriz y actor) del diario El Comercio, fue nominada a los Premios Gaudí 2022 en España y a tres Platino 2022 por cine educativo, mejor interpretación femenina y dirección de arte. Rossana Díaz Costa ha demostrado una gran madurez con su actual estilo de dirigir, y es esperanzador que pronto llegue el siguiente film de esta autora.

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