Jorge Elgegren, docente de Economía y Gestión Ambiental de la Universidad Antonio Ruiz de Montoya (UARM), alerta sobre un posible shock de oferta que podría disparar los precios entre 20% y 100%. Esta proyección depende directamente de la magnitud de los daños en cultivos, carreteras e infraestructura. El especialista identifica como más vulnerables al limón, mango, arroz, cebolla, tomate y papa. El escenario se vuelve crítico por la persistencia del Fenómeno El Niño. Actualmente, el ENFEN mantiene una Alerta de El Niño Costero, anticipando condiciones de intensidad fuerte e incluso extraordinaria para los próximos meses. Sin embargo, su evolución final dependerá de las variables oceánicas y atmosféricas. Es crucial entender que el impacto económico no será uniforme en todo el territorio. Un cultivo podría sufrir daños directos por lluvias intensas, mientras otro enfrentaría bloqueos logísticos debido al deterioro vial. En ambos casos, la consecuencia es una menor disponibilidad para los consumidores. Las dificultades para trasladar las cosechas hacia las ciudades suman presión sobre el mercado nacional. Las imágenes ilustran cómo las lluvias pueden reducir drásticamente el abastecimiento y elevar costos en diversas regiones del país. La situación actual requiere vigilancia constante, ya que la combinación de factores climáticos extremos y problemas logísticos configura un riesgo significativo para la canasta familiar peruana. La persistencia de estas condiciones pone en jaque la seguridad alimentaria, obligando a las autoridades y al sector privado a prepararse ante escenarios de escasez generalizada que podrían afectar el bolsillo de millones de ciudadanos en los meses venideros.

Costa norte concentra parte importante de la producción

Tumbes, Piura, Lambayeque y La Libertad aparecen entre las zonas que podrían enfrentar una mayor exposición. De acuerdo con Elgegren, estas cuatro regiones concentran más del 23% de la producción agrícola nacional y tienen una elevada exposición a inundaciones, además de posibles daños en vías de comunicación e infraestructura.

El riesgo climático para el sector agrario tampoco es menor a escala nacional. Según el dato citado por Elgegren, el 39,62% de los distritos del país presenta condiciones de vulnerabilidad frente a eventos climáticos.

La vulnerabilidad, sin embargo, no se limita a la costa. El especialista señala que en la sierra sur los riesgos están vinculados principalmente con eventuales condiciones de sequía, que pueden afectar la agricultura de secano y la ganadería.

El problema para los consumidores aparece cuando un menor volumen de producción coincide con dificultades logísticas. “Si las carreteras se bloquean, los productos tampoco pueden llegar a las ciudades”, explicó Elgegren. En ese escenario, incluso una producción que no haya sido completamente destruida puede terminar llegando en menor cantidad o con mayores costos de transporte.

Limón, mango, arroz y otros alimentos bajo presión

Entre los productos que podrían registrar mayores variaciones figuran el limón, mango, arroz, cebolla, tomate y papa, de acuerdo con la evaluación del economista. El pescado también podría presentar cambios de precio debido a que el calentamiento del mar puede modificar la disponibilidad de determinadas especies.

El mecanismo detrás del impacto económico de El Niño se entiende mejor gracias a experiencias recientes, aunque no garantiza que los mismos niveles de variación se repitan. Durante el evento costero de 2017, las inundaciones y las interrupciones en las carreteras afectaron severamente la producción y el transporte de alimentos. En consecuencia, el Banco Central de Reserva del Perú (BCRP) reportó un aumento del 133% en el precio del limón durante agosto de ese año, lo cual aportó 0,44 puntos porcentuales a la inflación mensual. Este antecedente histórico ilustra claramente por qué no todos los alimentos reaccionan ante estos fenómenos con la misma intensidad.

El efecto final sobre el bolsillo de las familias depende de múltiples factores: la producción disponible en cada zona, las condiciones del transporte y la posibilidad de sustituir un producto por otro. Por ello, el rango estimado entre 20% y 100% no debe interpretarse como una proyección para toda la canasta alimentaria, sino como una estimación específica para ciertos productos bajo escenarios de afectación de la oferta. El impacto real sobre la inflación dependerá de cuánto duren las interrupciones logísticas y de la capacidad de los mercados para compensar esa menor producción.

¿El impacto llegaría a la inflación?

El canal de transmisión sería relativamente directo: una menor cosecha reduce la oferta, mientras que el encarecimiento del transporte puede elevar el costo de llevar los productos hasta los principales centros de consumo. Si ambos factores ocurren simultáneamente, los precios pueden reaccionar con rapidez.

El BCRP ya ha documentado este tipo de episodios en el pasado. En marzo de 2017, la inflación alcanzó un 1,3%, que fue la tasa mensual más alta registrada desde 1998. Este contexto estaba marcado por alteraciones climáticas severas, inundaciones y bloqueos viales. Posteriormente, algunos de estos choques económicos comenzaron a revertirse conforme se recuperó el abastecimiento normal en las regiones afectadas.

La situación actual no debe interpretarse como una repetición automática de lo ocurrido en 2017, sino bajo un antecedente propio. El ENFEN prevé condiciones que podrían favorecer lluvias por encima de lo normal en sectores de la costa norte y central durante los próximos meses. Para los hogares, el riesgo trasciende cuánto podría subir un producto; se sitúa en cuánto tiempo permanecería elevado su precio. Un incremento temporal puede ser absorbido modificando el consumo o sustituyendo alimentos, mientras que uno prolongado presiona el presupuesto mensual y traslada la presión a las decisiones de compra.

El desafío para el mercado será evitar que una alteración climática termine convirtiéndose en un problema prolongado de abastecimiento. La evolución de las cosechas, las condiciones de las carreteras y el ingreso efectivo de productos a los principales mercados serán indicadores clave para determinar si el impacto queda concentrado en determinados alimentos o termina teniendo un efecto más amplio sobre el costo de vida.

Fenómeno El Niño, Inflación

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