El excongresista Guillermo Bermejo redactó una carta íntima desde su encierro dirigida a su padre, quien recientemente falleció. Escrita en una hoja de cuaderno con la caligrafía de alguien que intenta ordenar el dolor, esta misiva funciona como un diálogo con un hombre que ya no puede responder.
"Papá", escribe Bermejo al comenzar. Desde esa primera palabra, el tono abandona cualquier referencia a la política y se instala en el territorio de la intimidad. El excongresista habla del reencuentro que imaginaba con su padre, de la posibilidad de volver a abrazarlo y de recuperar, aunque fuera por un instante, aquellas conversaciones y gestos cotidianos que ahora pertenecen al recuerdo.
La prisión aparece como el lugar desde el cual se escribe esta despedida. Bermejo habla de la espera, de la incertidumbre y de las preguntas que surgen frente a la muerte de alguien cercano. Entre ellas, una especialmente dolorosa: quién ocupará ahora ese lugar de confianza al que podía acudir, quién volverá a provocarle una carcajada o quién compartirá con él aquellas referencias que hicieron parte de su relación.
"Gracias por ser mi papá, mi viejo, mi corazón", escribe. La frase resume el sentido de una carta que, más que una despedida formal, es un inventario de afectos. El padre aparece como compañero de momentos felices, pero también como una figura que dejó lecciones para enfrentar las dificultades.
La carta está atravesada por la memoria. Bermejo recuerda a su padre a través de la música, el fútbol y el humor. También evoca sus enseñanzas y aquella idea de resistencia que, según cuenta, recibió de él: no importa cuántas veces la vida golpee, siempre queda la posibilidad de levantarse y seguir.
En otro pasaje, Bermejo menciona a Fabiola y habla de la familia que construyó, enlazando la historia de su padre con la continuidad de una nueva generación. Es, quizá, una de las formas más humanas de enfrentar la muerte: entender que una vida termina, pero aquello que dejó permanece en los hijos, los nietos, las costumbres y las historias que se siguen contando.
Hacia el final, la carta adquiere el tono definitivo de una despedida. Bermejo llama a su padre "Pacho" Bermejo y le pide que descanse en paz. Luego escribe una frase sencilla, pero definitiva: "Te amo, Papá".
Lima Gris tuvo acceso a la información sobre los resultados de la investigación antropológica forense realizada tras el accidente de la avioneta de Aerodiana en Nasca. La identificación de los fallecidos enfrentó graves limitaciones: restos humanos altamente fragmentados y quemados, falta de presupuesto para pruebas de ADN y un reducido número de antropólogos para una labor que se prolongó durante jornadas extenuantes.
El accidente terminó en un escenario que, para los especialistas forenses, poco tenía que ver con un cuerpo humano reconocible. En el lugar donde se estrelló la avioneta de Aerodiana, en Nasca, quedaron fragmentos, restos óseos, tejidos y segmentos corporales sometidos a las consecuencias del impacto y del fuego. La tarea no consistía simplemente en recoger cuerpos. Había que reconstruir, pieza por pieza, una identidad.
La documentación y testimonios revela que el trabajo en el lugar del accidente fue realizado bajo presión, con recursos limitados y con una dificultad central: en algunos casos prácticamente no existían elementos anatómicos suficientes para establecer una identificación convencional. La fuente sostiene que dentro del equipo forense solo hubo un antropólogo que participó en las labores de campo. El equipo estuvo integrado, además, por tres odontólogos, dos médicos legistas y dos técnicos.
Foto: Andina.
Reconstruir una identidad entre fragmentos
Nuestra fuente sostiene que dentro del equipo forense solo hubo un antropólogo que participó en las labores de campo. El equipo estuvo integrado, además, por tres odontólogos, dos médicos legistas y dos técnicos. La desproporción, según explica, fue particularmente evidente en el ámbito de la antropología forense. «Donde debería de haber más antropólogos solamente fue uno», señala.
La observación no es menor. La antropología forense cumple un papel decisivo cuando los cuerpos han sufrido una destrucción severa. El especialista debe analizar restos óseos, segmentos corporales y otros elementos que permitan establecer correspondencias y realizar una reasociación de los restos pertenecientes a una misma persona.
En Nasca, esa labor tuvo que realizarse en condiciones particularmente difíciles. La fuente relata que los profesionales trabajaron durante largas jornadas. El domingo pasado, según su testimonio, llegaron temprano y continuaron con las labores durante todo el día hasta aproximadamente las dos de la madrugada.
“Todavía quedaba una bolsa por revisar. Era la número 14 y contenía otros segmentos corporales. La decisión fue continuar al día siguiente”. No se trataba solamente de cansancio físico. Después de una jornada completa de análisis, la capacidad de observación y los parámetros disponibles ya no eran los mismos.
Foto: Andina.
Píloto y copiloto fallecidos en accidente de Aerodiana en Nasca.
En una investigación antropológica forense, un error de asociación puede tener consecuencias graves. Por ello, cada elemento debe ser evaluado y relacionado con el conjunto de evidencias disponible; un fragmento no puede atribuirse arbitrariamente a una persona. La identificación forense se construye sobre la convergencia de distintos elementos. En el caso de Nasca, la información procedente de las autoridades consulares se cruzó con las características observadas en los restos y con los elementos materiales recuperados.
No obstante, no hubo un trabajo directo con los familiares durante la primera etapa de identificación. La información llegó a través de la Cancillería. Fue con esos datos, sumados a la evidencia recuperada en el lugar, que los especialistas pudieron avanzar. En este caso, la reasociación de los restos se realizó utilizando información proporcionada por las embajadas de los países de origen de algunas víctimas. Italia, España y Alemania suministraron sus datos, mientras que en el caso de los ciudadanos peruanos también se trabajó con la información disponible.
Ropa, anillos y tatuajes
Informe de la identificación antropólogica.
Uno de los aspectos más reveladores del procedimiento fue el uso de la denominada cultura material. Las prendas de vestir, los anillos y los tatuajes observados en algunos de los restos se convirtieron en elementos relevantes para establecer una primera identificación. Es así que se realizó una identificación inicial en campo a partir de esos elementos. Posteriormente, esas identificaciones fueron confirmadas o «positivizadas», mediante los procedimientos disponibles. La investigación no se apoyó, por tanto, en una sola evidencia.
La identificación por exclusión
Pero hubo casos especialmente complejos. Entre ellos aparece el de la copiloto peruana. Su identificación fue realizada por exclusión, un procedimiento que califica como un nivel básico dentro de la antropología forense. La razón resulta estremecedora: prácticamente no había elementos anatómicos suficientes.
«Lo único que se tuvo fue un útero y tejido blando», relata el especialista sobre este trágico hallazgo. En esas condiciones, la identificación no podía sustentarse en las características físicas habituales de un cuerpo completo. La ausencia de otros elementos obligó a recurrir a la información disponible y al proceso de exclusión.
Un caso similar se presentó con una víctima extranjera. Según la fuente, se trataba de un ciudadano italiano de edad avanzada que se encontraba gravemente quemado. Era, además, el único cuerpo que presentaba ese nivel de afectación. El fuego había reducido drásticamente las posibilidades de identificación mediante métodos tradicionales.
El ADN: la prueba que no podía esperar
Aunque un solo antropólogo forense de Medicina Legal acudió a Nasca, gracias a su cobertura nacional, el caso expone una realidad menos visible de la investigación: el factor humano.
Solo él representaba a esa especialidad en el terreno. Mientras que tres odontólogos, dos médicos legistas y dos técnicos participaron en la operación, la carga de trabajo fue tan fuerte que la revisión de los restos se extendió hasta la madrugada. Debido a esto, es que prácticamente trabajaron todas las noches; incluso la última bolsa tuvo que ser examinada al día siguiente para evitar que el agotamiento afectara el análisis.
No se trataba de una labor administrativa. Cada fragmento debía ser observado, comparado y reasociado. Cada objeto podía convertirse en una pista. Cada ausencia también podía ser significativa.
Un trabajo contra el tiempo
Normalmente una prueba de ADN puede tardar entre seis meses y un año, e incluso más en determinados procedimientos.
No obstante, en el caso de Nasca los resultados ya fueron obtenidos debido a la prioridad otorgada a la investigación. Esto resulta relevante porque permite establecer una diferencia entre dos etapas: la identificación preliminar realizada en campo y la posterior confirmación mediante los procedimientos científicos disponibles.
Existe otro aspecto que aparece detrás de esta investigación: el presupuesto. La fuente explica que las pruebas de ADN se encontraban inicialmente en situación de espera debido a la falta de recursos para adquirir los insumos necesarios.
El problema, según sostiene, no es exclusivo de este caso. Los servicios del Ministerio Público enfrentan restricciones presupuestales que afectan también otras investigaciones en las que la obtención de resultados científicos resulta fundamental.
La diferencia estuvo en que el accidente de Nasca adquirió una dimensión mediática y concentró la atención de las autoridades. «Ahorita lo que se ha priorizado son los extranjeros», señala la fuente.
Y añade que, de no tratarse de un caso mediático, la atención podría haber quedado desplazada por otros requerimientos acumulados.
Lo que queda después del fuego
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