Cultura
El escritor y periodista David Jesús Flores Heredia regresó al Perú con una novela bajo el brazo y cuatro años de historias acumuladas en México. Acaba de publicar Alonsito S.A., una obra que nació en Lima, continuó durante su estadía en el país azteca y terminó convirtiéndose en una ficción atravesada por una realidad incómoda: la piratería marina y el saqueo de los recursos pesqueros. Esta sátira construida entre la investigación periodística y la literatura pone el foco en la corrupción, las disputas geopolíticas y empresarios modernos.
Durante una entrevista en el programa Lima Gris, transmitido por Radio Planicie 91.5 FM y conducido por Edwin Cavello, el autor explicó que su viaje a México no estaba previsto como residencia literaria. En 2022 llegó para presentar su primera novela, Ya habilitó tres máquinas, publicada originalmente en Lima en 2019 y reeditada en Tijuana por el sello Lapicero Rojo. Lo que comenzó como una presentación terminó extendiéndose durante cuatro años.
En ese tiempo, el escritor pasó por Tijuana, Sonora y Ciudad de México, lugares donde retomó Alonsito S.A., una novela que ya tenía cinco capítulos y que encontraría en suelo mexicano el escenario y el tiempo necesarios para desarrollarse. El resultado es una historia que utiliza el humor y la sátira para abordar un negocio oscuro y de dimensiones internacionales. La trama sigue a un practicante de Derecho, a punto de terminar la universidad, que trabaja en una notaría marcada por la corrupción.
Un caso aparentemente atractivo lo pone en contacto con empresarios millonarios vinculados a intereses chinos y a un sofisticado negocio de seguridad tecnológica marina. Detrás de esa fachada, sin embargo, existe una maquinaria dedicada al saqueo de los océanos. Flores Heredia investigó durante la construcción de la novela el funcionamiento de las llamadas naves nodrizas.
Se trata de enormes embarcaciones que operan como gigantescas cámaras frigoríficas y permiten trasladar los recursos capturados por barcos menores. La ficción, de este modo, se alimenta de hechos que el periodista ha seguido durante años y que tienen como escenario los mares de Perú, México, Ecuador y Argentina. Así, la obra convierte un problema global en una historia de abogados, empresarios y piratas modernos, revelando las conexiones entre el crimen organizado transnacional y la burocracia local.
Flores Heredia investigó durante la construcción de la novela el funcionamiento de las llamadas naves nodrizas, enormes embarcaciones que operan como gigantescas cámaras frigoríficas y permiten trasladar los recursos capturados por barcos menores. La ficción, de este modo, se alimenta de hechos que el periodista ha seguido durante años y que tienen como escenario los mares de Perú, México, Ecuador y Argentina.
Flores Heredia investigó durante la construcción de la novela el funcionamiento de las llamadas naves nodrizas, enormes embarcaciones que operan como gigantescas cámaras frigoríficas y permiten trasladar los recursos capturados por barcos menores. La ficción, de este modo, se alimenta de hechos que el periodista ha seguido durante años y que tienen como escenario los mares de Perú, México, Ecuador y Argentina.
La novela Alonsito S.A., que se presenta el 28 de agosto a las 7 p. m. en el Centro Cultural Ricardo Palma de Miraflores junto a Hernán Migoya, Carlos Novoa y Juan José Sandoval, utiliza la ficción para abordar un problema marítimo cuyas consecuencias llegan hasta nuestra mesa. Para David Flores Heredia, la pota, el calamar gigante y otros recursos son parte de una disputa que trasciende fronteras y se vincula con grandes rutas comerciales, inversiones portuarias y la pugna geopolítica entre China y Estados Unidos; en su visión, el mar se ha convertido en uno de los nuevos escenarios para disputar el poder mundial.
Sin embargo, Alonsito S.A. no solo denuncia, sino que plantea una pregunta incómoda sobre por qué los Estados no pueden detener este saqueo. Según el autor, la respuesta reside en la corrupción y en cómo las sociedades han normalizado pequeñas y grandes formas de ilegalidad. Esta mirada también abarca la literatura: tras cuatro años en México, Flores Heredia encontró diferencias importantes en políticas culturales, especialmente respecto a becas, ferias y el respaldo que reciben los escritores desde universidades e instituciones.
México posee una infraestructura cultural más descentralizada, aunque comparte con el Perú problemas en las relaciones entre escritores y editores. Su regreso implica reencontrarse con una escena literaria que conoce bien: en México pudo acercarse al universo del infrarrealismo y al ambiente que sobrevive alrededor de Roberto Bolaño y Los detectives salvajes. Una experiencia que conecta la literatura con la calle, la bohemia y esas comunidades de escritores que viven lejos de los grandes circuitos.
Como periodista, además, conoció de cerca otra realidad mexicana: la violencia contra quienes ejercen el oficio. Su análisis del periodismo en México revela un escenario donde la corrupción, la política y el crimen organizado pueden convertir la investigación en una actividad de alto riesgo. Ahora, de vuelta en Lima, Flores Heredia presenta esta obra que mira de frente un problema que ocurre mar adentro pero cuyas repercusiones llegan hasta nuestra mesa.
El escritor vuelve así a casa con una historia que comenzó mirando el océano y terminó hablando de algo mucho más grande: corrupción, poder, literatura, periodismo y un planeta cuyos recursos también tienen dueños, aunque nadie los haya elegido. La presentación del libro se realizará el 28 de agosto, a las 7 de la noche, en el Centro Cultural Ricardo Palma de Miraflores, acompañado por Hernán Migoya, Carlos Novoa y Juan José Sandoval.
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Cultura
El 30 Festival Internacional de Cine de Lima PUCP llegó a su fin después de una intensa semana dedicada al encuentro con cineastas, conversaciones y diez días de proyecciones. La ceremonia de clausura se llevó a cabo en la Sala NOS PUCP, donde los jurados y el público oficializaron los reconocimientos entregados durante la jornada.
Uno de los momentos centrales fue el homenaje al director brasileño Kleber Mendonça Filho, figura clave del cine contemporáneo que consolidó su presencia regional tras ganar el año pasado el premio a Mejor Película por O Agente Secreto.
En la Competencia Latinoamericana de Ficción, el máximo galardón recayó en Seis meses en el edificio rosa con azul, una coproducción mexicana-brasileña-danesa dirigida por Bruno Santamaría Razo. La cinta obtuvo el Premio del Jurado a la Mejor Película, entregado por la Fundación BBVA con una dotación de US$5.000.
Por su parte, en la Competencia Latinoamericana Documental, el premio principal fue para Relicto, dirigida por Guillermo Quintero y producida entre Colombia y Francia. Esta obra recibió el Premio del Jurado al Mejor Documental, otorgado conjuntamente por EGEDA y la Pontificia Universidad Católica del Perú, con una dotación de US$5.000.
Mientras tanto, en la categoría de Mejor Ópera Prima, el jurado distinguió a La noche está marchándose ya, de Ramiro Sonzini y Ezequiel Salinas, una producción argentina que también recibió el Premio de la Crítica Internacional a la Mejor Película y el reconocimiento de APC Signis Perú.
Otros reconocimientos importantes incluyeron el Premio Especial del Jurado para La hija cóndor, de Álvaro Olmos Torrico, coproducción de Bolivia, Perú y Uruguay. Asimismo, la Mejor Dirección fue otorgada a Juan Pablo Sallato por Hangar Rojo, película producida en colaboración entre Chile, Argentina e Italia.
El premio al Mejor Guion correspondió a Fernanda Tovar, directora de Chicas tristes, producción internacional de México, Francia y España. La cinta también obtuvo el reconocimiento a Mejor Actriz, compartido por Rocío Guzmán y Darana Álvarez.
Hangar Rojo sumó otros logros significativos en la festival. Diego Pequeño obtuvo el premio a Mejor Fotografía, mientras que Nicolás Zárate fue elegido Mejor Actor. Adicionalmente, la Asociación Peruana de la Prensa Cinematográfica (APRECI) distinguió a la cinta como Mejor Película de la Competencia Latinoamericana de Ficción.
El festival, que se desarrolló entre el 6 y el 15 de agosto, cerró su trigésima edición con una pantalla apagada en la Sala NOS PUCP, pero dejando un legado duradero. Durante estos diez días, el Festival Internacional de Cine de Lima PUCP exhibió más de un centenar de largometrajes, mediometrajes y cortometrajes, sumando a esto una amplia gama de actividades paralelas. Un dato clave de esta programación fue la realización de más de 70 encuentros con cineastas, espacios diseñados para permitir que el público se acercara directamente a directores, actores y profesionales de diversas cinematografías latinoamericanas.

En el ámbito de la competencia internacional, el público eligió su película favorita: Comparsa, dirigida por Vickie Curtis y Doug Anderson. Esta cinta, producción conjunta de Guatemala y Estados Unidos, se llevó el Premio del Público a la Mejor Película. Por su parte, el cine peruano protagonizó una noche llena de éxitos en la Competencia Peruana.

La gran vencedora de la sección fue Manuales de supervivencia, obra de Luisa García Alva. La cinta obtuvo el Premio del Jurado a la Mejor Película, otorgado por EGEDA con un reconocimiento económico de US$5.000. Además, recibió el prestigioso premio del Ministerio de Cultura del Perú a la Mejor Película Peruana; este galardón integra los beneficios financieros de EGEDA junto con ayudas para la conversión, almacenamiento y preservación de la obra en distintos formatos audiovisuales.
Dentro de las distinciones específicas de la competencia nacional, el premio a Mejor Dirección fue para Samuel Urbina, por su película Aquella sombra desvanecía. Asimismo, el Premio Especial del Jurado correspondió al filme Ellas, dirigido por Eduardo Mendoza de Echave.
Otro hito importante fue el reconocimiento otorgado por la comunidad estudiantil: el Premio Comunidad PUCP a la Mejor Película Peruana en competencia lo recibió La anatomía de los caballos, una coproducción internacional entre Perú, España, Colombia y Francia, dirigida por Daniel Vidal Toche.
Entre los premios especiales destacó el reconocimiento de la NUNA, Asociación de Directoras de Cine del Perú. Esta entidad otorgó a la Mejor Directora Latinoamericana en competencia a Fernanda Tovar, por su película Chicas tristes.
Cabe mencionar también que la cinta Seis meses en el edificio rosa con azul obtuvo el Premio Spondylus a la Mejor Película con temática LGTBIQ+. Con este último reconocimiento, se sumó un nuevo título al recorrido de la película durante el festival.
Una década de cine y encuentro con el público
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