Pocos conocen la faceta más íntima de Anahí de Cárdenas: su pasión por la medicina. Quienes la recuerdan en “Dioses” y “¡Asu mare!” descubrirán, ahora, a una dramaturga cuya escritura dialoga con su propio proceso terapéutico. Ella aprendió, con el tiempo, a revisar los prospectos de medicamentos e incluso leer investigaciones en salud, como si quisiera estar lista para siempre saber descifrar los misterios del cuerpo y la mente. Tras superar el cáncer y años de terapia psicológica, encontró una salida en “No estoy loca”, su nueva obra teatral, que explora la depresión de una joven al ritmo de la música.

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