La muestra más reciente de Sandra Gamarra Heshiki abre con una interrogante planteada en un video dentro de la primera sala del Museo de Arte Contemporáneo (MAC). La pregunta es simple pero reveladora: ¿qué hacemos con los fragmentos de cerámica que se rompen al cocerse? En sus talleres, artesanos ayacuchanos explican que estos trozos se trituran hasta convertirse en un polvo extremadamente duro. Esta metáfora sirve para reflexionar sobre nuestra propia fragmentación como sociedad. Basándose en esta premisa, la obra de Gamarra, presentada bajo el título “Construcción de los hechos”, profundiza en las huellas coloniales de nuestra historia para confrontarlas con nuestro presente más difícil.

En una entrevista, la artista reflexiona sobre el arte como herramienta crítica, el peso de los silencios y el doloroso proceso de recomponer aquello que nuestra sociedad insiste en romper. Ante la idea de que ciertos conflictos son exclusivos del Perú, Gamarra responde: «Sí, no creo que sea un mal propio». Admite que quizás existe una particularidad local al creer que nuestros problemas solo ocurren recientemente; si empezamos a rascar, llegamos a los tiempos de la conquista.

También señala el error de traducir lo que era el estado incaico usando términos occidentales. En nuestro caso, hay una urgencia por avanzar que nos impide tener una perspectiva real de lo sucedido desde nuestros inicios. España comparte esta necesidad de correr hacia adelante, pues tal vez sus traumas son aún muy frescos y parece urgente taparlos. Pero, como ella advierte, «no se puede caminar sobre muertos», especialmente si están frescos.

La obra incluye piezas fragmentadas e intervenidas creadas por la artista ayacuchana Rosalía Tineo, una de las participantes clave en esta muestra que invita a mirar de nuevo nuestra realidad histórica y social. A través del barro, Gamarra propone ver lo roto no como algo sucio o finalizado, sino como materia prima para construir un futuro más sólido.

Una de las piezas fragmentadas e intervenidas para la muestra. Es una obra de la artista ayacuchana Rosalía Tineo.

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