El Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI) cataloga como «muy altamente significativa» la reducción que sufre el Perú: solo en el segundo trimestre del 2026, la población económicamente activa de los menores de 25 años cayó en 215 mil personas. Esta cifra representa un retroceso marcado de 7,8% frente al mismo periodo del año pasado. Los especialistas advierten que las menores oportunidades, la falta de experiencia y los problemas de formación golpean con fuerza a quienes recién empiezan su vida laboral. La tendencia negativa se mantiene desde hace tres años, lo que confirma una crisis estructural en el acceso al empleo para esta generación.
Paola Herrera, economista senior del Instituto Peruano de Economía (IPE), explicó a RPP que algo ha estado ocurriendo ya desde hace varios trimestres: la caída del empleo juvenil no afecta únicamente a los que trabajan activamente, sino también a aquellos que buscan trabajo o entran al mercado laboral por primera vez. «Tienes varios jóvenes que de repente han estado buscando trabajo por bastante meses, incluso con un título universitario o de algún tipo superior, y no han estado consiguiendo esas oportunidades laborales», detalló Herrera. Para ella, el problema no es la ausencia total de puestos, sino que estos no son accesibles ni rentables para quienes recién inician su trayectoria profesional.
En números concretos, de cada 100 jóvenes en edad de trabajar, alrededor de 44 están trabajando o buscando activamente un empleo. Sin embargo, la situación es aún más grave si se observa el mercado ocupado directamente: en el mismo periodo mencionado, la población ocupada de los menores de 25 años cayó en 73 mil personas, una reducción del 3%. Mientras tanto, el empleo aumentó entre otros grupos demográficos: subió en 80.700 personas entre los trabajadores de 25 a 44 años y alcanzó las 308.200 en el grupo mayor de 45 años. Este contraste resalta cómo la fuerza laboral joven está perdiendo terreno frente a otras generaciones.
Miguel Jaramillo, investigador especializado en mercado laboral, considera que «la cifra no es una sorpresa». Según su lectura, desde antes de la pandemia hasta el año pasado, el 20% de la oferta laboral de jóvenes ha desaparecido del mercado. Hace siete años teníamos más jóvenes en el empleo de los que tenemos hoy. Esta dinámica preocupa a los expertos porque, al no encontrar alternativas formales, algunos terminan siendo captados por actividades ilegales que agobian al país. Jaramillo señala que es posible que estos jóvenes encuentren más fácil la vida de hacer pequeños hurtos eventuales, donde no hay horario de trabajo y el ingreso es inmediato. «Esta dinámica es bien clara, más involucramiento en actividades criminales», explica el investigador.
La falta de oportunidades puede alejar definitivamente a los jóvenes del mercado laboral formal. No basta con que existan puestos; importa si son atractivos para quienes recién están entrando al sistema. La combinación de una formación insuficiente y un entorno económico desacelerado ha creado un escenario donde la permanencia en el empleo es cada vez más difícil. Los datos indican que esta situación no es coyuntural, sino un fenómeno estructural que requiere atención urgente para evitar que una gran parte de la juventud se integre a la economía sumergida o al crimen organizado. La caída del 7,8% en la población económicamente activa es solo el primer síntoma de un problema mucho más profundo que afecta el futuro productivo del país.
Coincide Herrera al señalar que la menor participación laboral podría estar vinculada con el auge de las economías ilegales. "Con este avance de la minería ilegal, también llegan a capturar parte de esta población joven", apunta Herrera. Esto ocurre porque los jóvenes no tienen mejores oportunidades para conseguir un empleo de calidad o con ingresos adecuados, por lo que son atrapados por bandas criminales que les resultan más rentables que un trabajo formal que no paga suficiente. La falta de experiencia pesa como una desventaja conocida desde el inicio.
Esta barrera existe desde mucho antes de la pandemia. "La falta de experiencia siempre ha sido, antes de la pandemia, hace 15 años, un problema para los jóvenes para que encuentren un trabajo de calidad", señaló Herrera. Sin embargo, según su análisis, a ese problema previo se sumó algo más reciente: las empresas han recuperado su ritmo tras los shocks económicos recientes y en ese proceso priorizaron la contratación de trabajadores con mayor experiencia o edad avanzada.
"Las empresas han estado priorizando contratar mano de obra más experimentada o de mayor edad porque han estado recién recuperando esta situación económica que fue afectada por los choques de los últimos años", explicó el experto. Por eso, según datos del INEI, los mayores de 45 años sumaron más de 300 mil ocupados mientras los jóvenes perdieron 73 mil puestos en el último periodo analizado.
No obstante, para Jaramillo, quien lidera la Comisión presidencial enfocada en la informalidad laboral, no necesariamente las empresas están cerrando la puerta a los jóvenes. En conversaciones con compañías ha encontrado casos de demanda por trabajadores jóvenes, particularmente para ocupaciones específicas.
"Muchas empresas dicen que a los jóvenes no les interesan esos trabajos. Entonces, ellos contratan gente mayor porque los jóvenes no se interesan por ese tipo de actividad", sostuvo Jaramillo a este medio. Como ejemplo citó empleos vinculados con energía, instalación de redes y trabajos manuales, actividades donde tradicionalmente había una mayor presencia de trabajadores jóvenes.
Por ello, plantea que hay dos posibles problemas: las empresas no están encontrando jóvenes con ciertas características o los jóvenes no están interesados en los puestos disponibles. "Habría que hacer algún tipo de estudio que permita separar los dos factores. Pero desde la perspectiva de las empresas, ellos no tendrían problema en contratar a jóvenes", afirma.
Según su experiencia conversando con empresas, muchas están dispuestas a capacitar a los jóvenes en habilidades técnicas específicas del puesto. El problema estaría en algunas capacidades básicas que esperan encontrar desde el inicio. "La mayor parte de empresas te dicen: nosotros les damos eso, nosotros les enseñamos", señala Jaramillo.
No obstante, las compañías requieren que los candidatos lleguen con ciertas competencias fundamentales: deben tener capacidad de aprender, llegar a la hora puntual y saber entender órdenes. Sin estas habilidades base, la capacitación técnica no es suficiente para cubrir la vacante, generando un círculo vicioso donde el perfil ideal se vuelve cada vez más difícil de conseguir en el mercado laboral actual.
“Tienes un montón de jóvenes que terminan estudiando una carrera que no es, o no les rinde lo que ellos esperaban, no encuentran, o se encuentran con un mercado laboral que no está demandando esa carrera”, explica la especialista del IPE. En otras palabras, un joven puede haber completado su formación académica y aun así no encontrar una puerta clara de entrada al empleo. Para ella, además de la experiencia, existe un problema estructural de desconexión entre lo que los jóvenes reciben en el aula y las necesidades reales del mercado.
“Para poder entender órdenes tienes que haber tenido cierta educación mínima, que en muchos casos el sistema de educación no da”, sostiene Herrera. “O sea, buena parte de los chicos salen sin saber entender un texto sencillo. Y con habilidades matemáticas que en chicos de 16, 17 años, que son similares a la de un chico de 10, 11 años”. Para ambos analistas, el panorama es alarmante: para Herrera hay una enorme deuda con los jóvenes por parte del Estado; para Jaramillo, el sistema educativo no entrega las herramientas básicas ni la especialización adecuada.
El 84% de los jóvenes es informal
Entre julio de 2025 y junio de 2026, el 84% de los jóvenes ocupados de 14 a 24 años tenía un empleo informal. Es la tasa más alta entre los grupos de edad analizados por el INEI. De cada 100 jóvenes que trabajan, 84 lo hacen en la informalidad y solo 16 cuentan con un puesto formal.
Aunque hay una pequeña mejora frente al 85,4% registrado un año atrás, la situación sigue siendo crítica para la enorme mayoría de los jóvenes. La comparación con otras edades revela aún más profundidad del problema: entre los trabajadores de 25 a 44 años, la informalidad llega a 64,6%, y entre los mayores de 45 años, se sitúa en 69,9%. Por tanto, la informalidad juvenil es 19,4 puntos porcentuales mayor que la de los adultos jóvenes.
Para Herrera, esta situación está relacionada con las propias barreras de entrada al mercado laboral. “Para los jóvenes, precisamente porque tienen menos experiencia, acaban en estas actividades más informales, donde trabajan de repente también menos horas y ganan menores ingresos”, explica. Sin embargo, Jaramillo sostiene que el otro factor determinante es el costo de contratar formalmente.
¿Por qué tantos jóvenes terminan en la informalidad?
Jaramillo sostiene que el problema no puede analizarse solamente desde la falta de experiencia del joven. También hay que mirar cuánto cuesta contratar formalmente en Perú. “¿Por qué ocurre eso? Porque es cara la contratación formal, por el salario mínimo, por todos los costos adicionales, todos los beneficios sociales, entre comillas, que tiene la contratación formal”, afirma.
Según el economista, las obligaciones laborales se han ido acumulando y haciendo más compleja la contratación en planilla. “La contratación formal se ha ido haciendo cada vez más y más onerosa”, sostiene. Considera que esto termina generando un incentivo perverso: mientras más costoso sea para una empresa contratar formalmente, más difícil será que un joven sin experiencia consiga su primer empleo.
“Tenemos más de 2 mil páginas de normas laborales que se supone que cada pequeño empresario debería conocer. Eso no tiene ningún sentido”, afirma y apunta ir “hacia una legislación más sencilla que proteja los derechos fundamentales de los trabajadores”. El desafío es claro: reducir la burocracia para facilitar el acceso al empleo formal sin sacrificar las garantías de quienes ya trabajan.
Una generación que llega a un mercado distinto
Jaramillo advierte que el fenómeno merece atención porque no se trata simplemente de una mala cifra trimestral. Según el economista, desde 2019 la oferta laboral juvenil se ha reducido de manera persistente. Y mientras tanto, el Perú está atravesando un cambio demográfico: la población envejece y el peso relativo de los jóvenes tenderá a disminuir.
Herrera coincide en que esto vuelve urgente actuar ahora sobre la empleabilidad y la productividad. «Estamos en las últimas décadas en las que vamos a poder aplicar políticas enfocadas en que los jóvenes sean más productivos, tengan una mejor empleabilidad, que mejoremos la productividad de las empresas, de las microempresas, de los trabajadores que trabajan en esas microempresas, de reducir la informalidad», sostiene.
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