"A veces una broma tonta se sale de control", explicó Clímaco Basombrío al intentar dar sentido a lo que ocurrió hace un cuarto de siglo. Según su relato, el incidente pudo originarse en un momento de diversión: uno de los presentes le pidió que fumara y él se negó tajantemente, mientras otro comenzó a bromear sobre la situación. Basombrío aclaró que no tenía ningún problema previo con esas personas; al ser consultado sobre algún hecho que pudiera haber provocado su ira aquella tarde, respondió contundente: "No, yo no tengo ningún problema con esta gente para nada" y negó ser una persona capaz de cometer tales barbaridades sin motivo. Sin embargo, reconoció la falta de memoria exacta respecto a los hechos y desmintió que se reconociera en las acciones descritas en el expediente judicial.
Su defensa también se centró en la evidencia forense. Basombrío aseguró que el examen toxicológico reveló una alta cantidad de metabolitos en su sangre y que una perito toxicóloga confirmó la presencia de la sustancia, elemento que considera vital al analizar lo sucedido. Además, cuestionó el objeto utilizado para el ataque: afirmó que no llevaba un martillo consigo y señaló que el expediente menciona un instrumento específico de mecánica para planchar vehículos.
"Mira, no solamente se habla de eso, se habla de muchas cosas, se habla de unos guantes, se habla de unas agujillas, se habla de un montón de cosas y un montón de cosas de las que hay que hablar", sostuvo. Para él, la realidad del caso es mucho más compleja que lo presentado en los documentos oficiales.
Finalmente, al interrogarle sobre quién le colocó la sustancia y por qué, planteó una hipótesis: "Y cuando se salen de control, tú agarras y dices, me arruino la vida yo o sigo tirándole barro a esta persona". Esta declaración subraya su visión de que un acto inicial lúdico degeneró en tragedia debido al descontrol emocional provocado por el engaño.
Básombrío cuestionó los peritajes de Medicina Legal, asegurando que sus propios especialistas no evaluaron adecuadamente su estado mental por falta de tiempo. Negó tener psicopatía y criticó las conclusiones del Estado. “Yo no creo que toda esa gente sea psicópata”, afirmó al referirse a otros internos con diagnósticos similares.
Sobre las obligaciones económicas, reconoció que la reparación civil supera los 700 mil soles. Dijo que durante su permanencia en prisión realizó 41 pagos en 60 meses, aunque por cantidades inferiores a 200 soles, debido a sus ingresos dentro del penal. “Si yo no trabajo, no puedo pagar las cuentas”, explicó al referirse a las dificultades que tuvo para cumplir con los pagos.
Ahora pretende conseguir recursos mediante un libro en el que contará su versión de los hechos y de sus 20 años en prisión. Aseguró que las regalías serán destinadas principalmente a cumplir con la reparación civil, especialmente a favor de Ida Merino. “La mayor parte de esto es para la reparación civil”, afirmó.
Durante su permanencia en Lurigancho, contó que administró restaurantes, vendió dulces y enseñó inglés para subsistir. “He administrado restaurantes, he vendido hasta chups”, relató.
Sobre las disculpas a las víctimas, aseguró que ya las ofreció en su momento y ante el juzgado. “Yo las disculpas no las tengo que dar cada vez que alguien me lo pide”, sostuvo. Sin embargo, el abogado de la familia Brenes señaló que no existe registro de ese gesto.
El condenado también sostuvo que su caso debió ser considerado homicidio simple y no homicidio calificado. Entre sus cuestionamientos mencionó que un perito de Medicina Legal no habría incluido la presencia de droga en su informe porque, según explicó, “no era el encargado de cuidar la muestra”.
Basombrío cuestionó al abogado Luis Lamas Puccio por sus declaraciones públicas, advirtiendo que podría denunciarlo por difamación. Mientras tanto, el condenado busca reintegrarse a la sociedad tras dos décadas en prisión y considera que su libro forma parte de ese proceso de reinserción. El crimen de Alexandra Brenes y el ataque contra Ida Merino, ocurrido hace 25 años en Surco, vuelve así a ser contado desde la versión del hombre responsable por ambos hechos. La sobreviviente continúa reclamando el pago de la indemnización establecida judicialmente, entre ellas una reparación de S/400 mil a su favor.Basombrío cuestionó al abogado Luis Lamas Puccio por sus declaraciones públicas, advirtiendo que podría denunciarlo por difamación. Mientras tanto, el condenado busca reintegrarse a la sociedad tras dos décadas en prisión y considera que su libro forma parte de ese proceso de reinserción. El crimen de Alexandra Brenes y el ataque contra Ida Merino, ocurrido hace 25 años en Surco, vuelve así a ser contado desde la versión del hombre responsable por ambos hechos. La sobreviviente continúa reclamando el pago de la indemnización establecida judicialmente, entre ellas una reparación de S/400 mil a su favor.
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