El análisis de niveles socioeconómicos (NSE) revela una realidad contundente para el país entero. En el total nacional, nueve de cada 10 personas están ubicados en los segmentos medios (C) y bajos (D y E). Sin embargo, al desglosar la información se evidencia que existen dos realidades distintas: la de Lima y la del resto del territorio nacional, separadas por una brecha mucho más marcada en los estratos inferiores.

Esta disparidad es particularmente visible en el segmento E, el más bajo. En la capital, este grupo representa apenas un 6.6%, cifra que contrasta drásticamente con lo observado a nivel nacional, donde alcanza casi al doble: un 30% de la población se encuentra en ese grupo. De hecho, casi un tercio de todos los hogares peruanos está en la base de la pirámide socioeconómica.
Matías Garber, director del comité de niveles socioeconómicos de la APEIM, explicó que esta diferencia responde a la concentración de oportunidades en la capital. Solo Lima concentra alrededor de un tercio de los hogares del país, lo que genera una ventaja estructural.
"Perú no es Lima. Generalmente, donde hay más población es donde hay más desarrollo, oportunidades y esfuerzos del Gobierno por mejorar condiciones y servicios", afirmó el especialista. Aquí hay muchas más oportunidades en términos de ingresos, de movilidad y emprendimiento que en otras zonas. Este fenómeno se debe al centralismo que ocurre en todas partes porque aquí están todos los servicios", explicó a Gestión Garber.
Así, mientras la capital muestra una distribución más equilibrada hacia estratos medios-altos, el resto del país asume la carga de la pobreza con una magnitud casi tres veces superior en su base social. Este dato subraya la urgencia de políticas públicas que no solo atiendan la capital, sino que eleven las condiciones de vida en regiones donde la mayoría de los peruanos reside.
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Mientras en Lima se reportan más empleos formales, servicios y una oferta económica diversa que impulsa a sus habitantes hacia mejores condiciones socioeconómicas, en provincias se advierte un mayor peso de la informalidad y mayores niveles de pobreza.
¿Mejora o se estanca?
Garber señaló que antes de la pandemia, en el Perú, se veía una tendencia al fortalecimiento de los NSE medios y medio altos, y una reducción de los hogares ubicados en los segmentos bajos. Sin embargo, el proceso se detuvo tras el COVID-19, y aunque los apoyos extraordinarios -bonos, retiros de AFP, programas de emergencia- tuvieron efectos temporales, estos se desvanecieron conforme avanzaron los años.
Este año, la distribución por niveles socioeconómicos se mantuvo relativamente estable respecto al 2024, con mejoras en el nivel medio alto. En Lima, el NSE B creció 0.7 puntos, mientras que niveles menores cayeron ligeramente. A nivel nacional, el segmento B aumentó 0.6 puntos, mientras que el menor NSE retrocedió en 1% durante el último año.
Para Garber, este comportamiento es positivo porque muestra un movimiento “hacia arriba”, pero señaló que todavía es temprano para hablar de una recuperación contundente en los NSE frente a la tendencia que se tenía previo a la pandemia. "Ahora vemos una situación muy similar al periodo de la pandemia porque esos procesos que venían dándose de fortalecimientos de los niveles medios y altos tuvieron un retroceso entre 2023 y 2024“, resaltó.
"Ahora, vemos que, de nuevo, empezamos por ese camino de mejoría entre 2024 y 2025, pero todavía es muy incipiente todavía”, añadió el experto.
Aunque el representante de APEIM, Garber, reconoce que existe cierta movilidad positiva en la estructura socioeconómica del Perú gracias a la estabilidad macroeconómica reciente, advirtió que esta evolución podría ser más rápida si no existieran factores que frenan el progreso: uno de ellos es la inseguridad ciudadana.
Según explicó, los casos de extorsión a comerciantes, transportistas o dueños de pequeños negocios reflejan un entorno que limita la inversión y, en consecuencia, evita que los emprendedores mejoren su situación económica. “Aunque hay una cierta movilidad positiva en la estructura socioeconómica, vemos que el tema de la inseguridad está afectando. Esto impacta mucho el desarrollo de negocios, que son justamente lo que permite a los emprendedores moverse en la estructura socioeconómica”, sostuvo.
Además, Garber apuntó que la necesidad del Estado de destinar recursos a combatir la inseguridad reduce el espacio para programas sociales que podrían impulsar la movilidad de los niveles de NSE.
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