Científicos de la Universidad de Bielsko-Biała, en Polonia, investigaron cómo aprovechar la lana de oveja no apta para la industria textil como fertilizante agrícola. El estudio, publicado en el Journal of Natural Fibers (2023), demuestra que este subproducto de baja calidad puede convertirse en un enriquecedor orgánico efectivo. Para probar su viabilidad, el equipo incorporó las fibras al terreno durante dos campañas consecutivas de trigo de invierno en parcelas del sur polaco.

El procedimiento comenzó cortando la lana gruesa descartada de ovinos, procedente de los montes Beskides, en segmentos milimétricos. Luego, aplicaron este material en parcelas de prueba a una profundidad de 15 centímetros bajo tres concentraciones distintas: el 0,5%, 1% y 2%. Se mantuvo una sección de control intacta para comparar resultados. Posteriormente, sembraron trigo de invierno en el área del ensayo para evaluar el comportamiento del cultivo.

Durante casi dos años, el grupo monitoreó el desarrollo vegetal junto con la biodegradación de las fibras y midió las concentraciones de nitrógeno subterráneas. Las superficies tratadas mostraron diferencias sustanciales respecto al área de control, confirmando una prolongada influencia del residuo ganadero. Los investigadores concluyeron que esa materia orgánica proporciona una alternativa sostenible y económica, promoviendo prácticas agrícolas de "cero residuos".

La queratina presente en la fibra ovina es rica en nitrógeno, un componente vital para formar proteínas y clorofila en los cultivos. Gracias a esto, el estudio demostró que esa materia orgánica actúa como un fertilizante de liberación lenta. Tras la primera cosecha, los restos de fibra mantuvieron su capacidad nutriente para el siguiente ciclo productivo, lo que llevó a los científicos a concluir que este residuo pecuario constituye un insumo natural de nutrición prolongada.

Sobre el terreno experimental, tras un mes de aplicación, la dosis máxima registró casi tres veces más nitrógeno mineral que el suelo testigo. Para mayo de 2021, los valores alcanzaron cerca de 20 veces los niveles del sector sin tratamiento, manteniendo índices elevados incluso dieciocho meses después de la incorporación inicial. Esta liberación sustancial de compuestos nitrogenados bajo la superficie se debió a una degradación progresiva de las fibras.

La nutrición superior se tradujo en tallos más altos, hojas de coloración intensa y un rendimiento vegetal notable. En la primera temporada, la parcela al 2% logró en promedio el doble de macollos respecto al grupo comparativo. "La influencia favorable podía durar durante dos cosechas sin añadir una nueva dosis del fertilizante de lana", destacaron los autores tras verificar niveles duplicados de nitrato hasta septiembre de 2022.

¿Cómo la lana de oveja puede revolucionar la fertilización agrícola?

El análisis previo confirmó que el insumo no procesado carece de niveles peligrosos de metales pesados, lo cual garantiza un uso seguro en el suelo. Aquella alternativa ambiental ofrece un destino rentable a fibras gruesas que carecen de valor comercial y que, en palabras de los autores, "en algunas regiones terminan almacenadas en las granjas o desechadas". Su integración en pequeñas fincas reduciría los costos en abonos sintéticos y fomentaría esquemas de "cero residuos". No obstante, las pruebas iniciales se limitaron a dos variedades de trigo invernal en el sur de Polonia, por lo que el desempeño podría variar. Ante esta restricción, el equipo investigador proyecta ampliar la línea hacia otros cultivos agrícolas y hortícolas, diferentes tipos de suelo y condiciones climáticas distintas. Dicha fase evaluará si una práctica local es capaz de escalar hacia una estrategia global de revalorización ganadera.

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