Las creencias de un "clima sísmico" datan del siglo IV a. C. y persisten en países con intensa sismicidad como Perú, Colombia, Ecuador y Chile.
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Las creencias sobre señales meteorológicas que advierten terremotos resurgen tras sismos recientes, sin embargo, el USGS desmiente estas supersticiones. | Ilustración LR/CDN/ChatGPT
Jennifer ValquiEscucharResumenCompartirTras un gran terremoto resurgen mitos ancestrales sobre supuestas señales meteorológicas precursoras, tales como calor sofocante, precipitaciones repentinas, bajas temperaturas, calma eólica o patrones nubosos inusuales. El Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS) aclara que esa superstición data del siglo IV a. C., época en la que Aristóteles atribuía los temblores a vientos atrapados bajo tierra.
Las creencias de un "clima sísmico" persisten en países con intensa sismicidad como Perú, Colombia, Ecuador y Chile. En dicho territorio sudamericano, la alta frecuencia de eventos telúricos obedece a una colosal frontera tectónica superior a 7.000 kilómetros, donde la placa de Nazca subduce la Sudamericana. A partir de esa realidad geológica, los científicos distinguen los fenómenos atmosféricos casuales de los mecanismos físicos capaces de provocar un sismo.

¿El clima cambia antes de un terremoto, según científicos?
Las variaciones meteorológicas en la superficie resultan incapaces de anticipar temblores. El Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS) aclara que "no existe un clima sísmico" y resalta una distribución uniforme de sismos bajo cualquier temperatura o precipitación. Esa diferencia surge de las distintas escalas físicas involucradas: los fenómenos del tiempo operan en la atmósfera exterior, mientras los procesos geológicos suceden a varios kilómetros de profundidad.
Las condiciones atmosféricas excepcionales, como huracanes o tifones, solo alteran la corteza terrestre en situaciones contadas. De acuerdo con el organismo norteamericano, las bajas presiones extremas llegan a incentivar deslizamientos en las fallas o eventos lentos; no obstante, los registros recopilados "no son estadísticamente significativos". Por aquella razón, el viento, la presión ambiental y los cambios térmicos carecen de utilidad práctica para pronosticar rupturas tectónicas.
La falta de correlación con la meteorología refleja una limitación estructural mayor dentro de la geofísica actual. Las herramientas tecnológicas permiten delimitar zonas activas, analizar la deformación de las placas y estimar probabilidades a largo plazo, pero la predicción exacta continúa fuera del alcance técnico. Los expertos afirman que conocen el origen de futuros movimientos, aunque "no tienen forma de decir cuándo ocurrirá".

¿Por qué ocurren tantos temblores en Sudamérica?
La causa central radica en el océano Pacífico. A lo largo del borde occidental continental, la placa oceánica de Nazca choca y se introduce bajo la Sudamericana en un fenómeno conocido como subducción. El USGS describe ese marco geológico como un arco tectónico de más de 7.000 kilómetros que se prolonga desde el sur de Chile hasta las proximidades de Panamá, cuya interacción impulsa el levantamiento de los Andes y sostiene la intensa cadena volcánica sudamericana.
En territorio peruano, el Instituto Geofísico del Perú (IGP) detalla que la placa de Nazca avanza hacia el continente con una velocidad promedio de 7 a 8 centímetros anuales. Esa dinámica no actúa de forma uniforme, pues la inclinación del bloque sumergido varía según la zona geográfica. Además de la fricción entre masas rocosas, la sismicidad responde a la deformación interna del zócalo oceánico ya hundido y a las fallas presentes dentro de la propia corteza terrestre.
Por su parte, el Servicio Geológico Colombiano (SGC) advierte un escenario más complejo ante la convergencia de tres placas: Nazca, Sudamericana y Caribe. Integrado en el Cinturón de Fuego del Pacífico, el territorio colombiano registra cerca de 2.500 movimientos telúricos mensuales, en su mayoría imperceptibles para la población. Este constante reajuste geológico en Chile, Ecuador, Perú y Colombia confirma que los sismos obedecen a la acumulación de energía tectónica, desmintiendo la creencia de que el clima influye en los temblores.
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