“Presidenta Keiko Fujimori, combata con todo a los criminales. Me voy, cuídense”. Con esas palabras, el narrador de esta columna cierra su conversación con María, la dueña del restaurante, a quien le pidió un estofado de gallina con arrocito y una jarrita de anís calientito. Antes de despedirse, le contó su preocupación por la ola de inseguridad que azota al país.

“María, el crimen organizado se ha desbordado en el país. Casi no hay negocio que no sea extorsionado o asaltado”, le dijo. La gente camina por las calles con miedo de que le roben el celular o la cartera. Los secuestros han reaparecido y, entre el 28 de julio y el 13 de agosto, 97 personas fueron asesinadas, muchas de ellas a manos de extranjeros. Desde las propias cárceles se traman extorsiones y se planean atracos y plagios.

La semana pasada, un reportaje televisivo evidenció que en el penal Castro Castro los presos tienen televisores, tragos, droga y hacen fiestas como si estuvieran en la calle. “Hay un descontrol total”, sostiene el columnista, quien califica a los centros de reclusión como ‘territorios liberados’ gracias a autoridades corruptas.

Frente a este escenario, ayer el ministro de Defensa, Rafael Belaunde Llosa, anunció que las Fuerzas Armadas asumirán el control perimétrico de las cárceles y reforzarán la vigilancia en las fronteras, dejando atrás su ‘rol decorativo’ en la lucha contra la inseguridad ciudadana. Además, se implementarán sistemas de monitoreo para bloquear las 24 horas las señales de celulares y se usará drones para vigilar los penales. “Es una buena noticia”, comenta el autor.

Sin embargo, advierte que urge una reestructuración del INPE para expectorar a los agentes y jefes cómplices de las mafias. La cárcel debe servir para regenerar a los hampones, no como su centro de operaciones. “No hay que tener contemplaciones con asesinos, extorsionadores y asaltantes”, enfatiza, y alerta que el Perú corre el riesgo de convertirse en un Estado fallido, como Haití, donde las mafias son tan poderosas como la Policía o el Ejército. También pide construir más penales de máxima seguridad para enviar allí a los hampones más avezados e irrecuperables.

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