Salir de una consulta con la receta en la mano no garantiza que el paciente haya comprendido qué enfermedad padece, cómo debe tratarla o cuándo debe volver al médico. Esta escena, más común de lo que parece, puede derivar en un problema de seguridad del paciente, sobre todo cuando hay medicamentos, tratamientos complejos o señales de alarma que deben identificarse a tiempo.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que 1 de cada 10 pacientes sufre algún daño durante la atención sanitaria y que más de 3 millones de personas mueren cada año por una atención insegura. Más de la mitad de esos daños podrían evitarse, y los medicamentos están entre las principales fuentes de daño prevenible. En ese contexto, una comunicación deficiente entre médicos y pacientes se vuelve un riesgo adicional para la salud.

El doctor Augusto Saavedra, director médico de la Clínica Ricardo Palma, advierte que es frecuente que una persona abandone el consultorio sin recordar correctamente todo lo conversado. Escuchar una explicación no es lo mismo que comprenderla y poder aplicarla, señala. Un paciente puede decir que entendió y, minutos después, no recordar cuál es su diagnóstico exacto, qué medicamento tomar, qué dosis corresponde, por cuánto tiempo seguir el tratamiento o qué síntomas deberían llevarlo a buscar atención urgente.

Por eso, el especialista considera que la pregunta “¿entendió?” no basta. La respuesta casi siempre será afirmativa, incluso cuando persistan dudas. En lugar de eso, estrategias como pedir al paciente que repita con sus propias palabras lo que entendió son fundamentales para mejorar la comprensión y reducir los riesgos.

El problema puede originarse tanto en la forma en que el médico explica como en las condiciones en las que el paciente recibe la información. No siempre se trata de falta de atención: el lenguaje técnico, el poco tiempo de consulta o el estado emocional del paciente influyen en la retención de las indicaciones.

Especialistas recomendaron lo que todo paciente debe tener en cuenta al salir de una consulta.

La comunicación deficiente entre médicos y pacientes provoca confusiones sobre diagnósticos y tratamientos. Por ello, los especialistas recomiendan que el paciente salga de la consulta con ideas claras: saber qué tiene, qué debe tomar, cómo tomarlo y cuándo regresar o buscar ayuda urgente.

La comunicación deficiente entre los trabajadores de salud, los equipos asistenciales y los pacientes es identificada por la OMS como uno de los factores que pueden contribuir a los daños durante la atención médica. Y es que, del lado del profesional, uno de los principales obstáculos es el uso de términos técnicos que resultan familiares para los médicos, pero no para los pacientes: palabras como hipertensión, arritmia, insuficiencia renal o dislipidemia pueden generar confusión si no se explican en un lenguaje sencillo.

También influyen las consultas en las que se entrega demasiada información en poco tiempo, las instrucciones complejas, hablar rápidamente, no establecer prioridades o asumir que la persona ya conoce determinados conceptos. Otro punto crítico es entregar una receta sin explicar con suficiente claridad cómo utilizarla.

Del lado del paciente, la situación puede agravarse por la ansiedad, el miedo ante un diagnóstico, el dolor, el cansancio, la edad avanzada, dificultades para leer o comprender información sanitaria, problemas de audición o visión, barreras idiomáticas o culturales y la existencia de varias enfermedades o medicamentos. “Una persona preocupada o asustada puede tener más dificultades para procesar y recordar la información que recibe”, explica Saavedra.

Estas son las señales de que un paciente no entendió

Existen indicios sencillos que pueden alertar tanto al médico como a los familiares. Una señal especialmente importante es que el paciente mire constantemente a un familiar en busca de una explicación. También debería llamar la atención que no pueda precisar cuándo o cómo tomar un medicamento, confunda las dosis, no sepa cuándo regresar a consulta o desconozca cuáles son los síntomas que requieren acudir a emergencia.

Si una persona pregunta repetidamente lo mismo, confunde el nombre o propósito de sus medicamentos, no puede explicar con sus propias palabras qué enfermedad tiene o desconoce por qué debe seguir determinado tratamiento, también son señales de alerta. En estos casos, el especialista recomienda una estrategia sencilla: pedirle a la persona que explique con sus propias palabras lo que acaba de entender.

Una mala comunicación puede terminar en una hospitalización

Los riesgos no se limitan a la confusión momentánea. Una indicación mal entendida puede derivar en la toma de una dosis incorrecta, el uso de un medicamento con una frecuencia mayor a la indicada, la suspensión prematura del tratamiento, la duplicación de dosis o la combinación de fármacos que no deberían mezclarse. También existe la posibilidad de que el paciente use de forma inadecuada un inhalador, insulina u otra terapia, que no cumpla con la preparación requerida para un examen o que no identifique un efecto adverso. Incluso, hay escenarios donde la persona ignora una señal de alarma y prefiere quedarse en casa en vez de acudir a un centro de salud.

“Muchas veces no existe un único error, sino una cadena de pequeños errores de comunicación”, explica Saavedra. Esa cadena puede iniciarse con un diagnóstico explicado de manera incompleta, continuar con una receta que contiene instrucciones ambiguas y agravarse cuando el paciente no recibe orientación sobre cómo actuar ante una eventualidad. El eslabón final: nadie verifica si realmente comprendió las indicaciones.

Las transiciones entre el hospital y el domicilio merecen especial atención. Al momento del alta, el paciente debería tener claro qué medicamentos debe continuar, cuáles dejar de tomar, cuáles son nuevos, la fecha de su próxima cita y la especialidad que lo atenderá. Según la OMS, los daños por atención insegura pueden presentarse en distintas etapas del proceso y los errores de medicación, diagnóstico y comunicación figuran entre los riesgos prevenibles.

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El método para comprobar si realmente entendió

Para reducir estas brechas, una de las herramientas más recomendadas es el teach-back, también llamado “enséñeme de vuelta”. En lugar de preguntar al paciente si entendió, el médico le pide que repita con sus propias palabras lo que debe hacer. Por ejemplo: “Quiero asegurarme de que se lo expliqué bien. ¿Podría decirme cómo va a tomar el medicamento cuando llegue a casa?” u otra variante: “Para comprobar que fui claro, ¿qué haría si apareciera nuevamente ese dolor?”.

La diferencia es clave: el objetivo no es evaluar al paciente, sino confirmar que la explicación del profesional fue lo bastante clara. Antes de cerrar la consulta, el paciente debería poder responder siete preguntas fundamentales.

  • ¿Qué diagnóstico tengo?
  • ¿Qué tratamiento debo realizar?
  • ¿Cómo debo hacerlo?
  • ¿Durante cuánto tiempo?
  • ¿Qué efectos adversos debo vigilar?
  • ¿Qué síntomas requieren atención urgente?
  • ¿Cuándo debo regresar a control?

Lo mínimo que debe saber antes de tomar un medicamento

Antes de iniciar cualquier tratamiento, el paciente no debería salir del consultorio con la receta como único documento. Necesita conocer el nombre del medicamento, para qué sirve, qué cantidad debe tomar, cada cuánto tiempo, en qué horario y durante cuánto tiempo. También debe saber cómo administrarlo —por vía oral, inhalado, aplicado o inyectado—, si debe relacionarlo con los alimentos, qué precauciones debe tener y cuáles son sus principales efectos adversos. Igualmente, es clave saber qué hacer si olvida una dosis y reconocer los signos de alarma que requieren atención médica inmediata, además de cuándo corresponde su siguiente control.

Para Saavedra, entender el propósito del medicamento es particularmente importante. Una persona que sabe para qué sirve su tratamiento tiene mayores posibilidades de utilizarlo correctamente y comprender por qué debe cumplirlo.

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La seguridad también empieza preguntando

La responsabilidad de una comunicación clara no recae únicamente en el paciente. El profesional debe explicar en términos comprensibles, priorizar la información relevante y comprobar que las indicaciones hayan sido entendidas. Pero el paciente también puede asumir un papel activo: si no comprendió una palabra, una dosis o el motivo de un tratamiento, debe preguntar antes de abandonar el consultorio.

La seguridad del paciente no termina cuando el médico deja de hablar. Termina cuando la persona sabe qué tiene, qué debe hacer, cómo hacerlo y cuándo debe buscar ayuda. En un contexto en el que la OMS advierte que alrededor de la mitad de los daños relacionados con la atención sanitaria pueden prevenirse, mejorar la comunicación entre médicos, pacientes y familiares es una medida sencilla que puede contribuir a reducir riesgos.

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