El balance oficial de víctimas por el terremoto de magnitud 7,7 que sacudió el sábado la costa de la isla de Flores subió a 53 fallecidos y 135 heridos, según el último reporte de las autoridades de Indonesia. La Agencia de Gestión de Desastres Local (BPBD) contabilizó víctimas mortales en los distritos de Manggarai (25), Manggarai Oriental (20), Sikka (4), Ende (2), Nagekeo (1) y Manggarai Occidental (1).
El epicentro se localizó unos 62 kilómetros al noroeste de Ende, la ciudad más poblada de la isla, cerca de las 6.00 de la mañana hora local. Desde entonces, el sismo fue seguido por 341 réplicas y dejó más de 1.300 viviendas con distintos niveles de daños, mientras los equipos de rescate continúan la búsqueda entre los escombros en condiciones difíciles.
"El impacto ha sido significativo", señaló en un comunicado el gobernador provincial, Emanuel Melkiades Laka Lena, quien precisó que viviendas e instalaciones públicas sufrieron daños y que las actividades comunitarias quedaron interrumpidas. El Gobierno Provincial tramita un decreto de estado de emergencia por 14 días, medida que ya fue adoptada en las regencias y ciudades afectadas.
Evacuados y damnificados esperan ayuda en Flores
Más de 5.000 personas permanecen evacuadas en polideportivos y otros puntos de refugio en la isla de Flores, según indicó Berton Suar Pelita Panjaitan, portavoz de la agencia nacional de gestión de desastres BNPB. El funcionario señaló que los sobrevivientes "necesitan urgentemente" artículos de primera necesidad tras huir de sus hogares por el terremoto.
En la aldea Nangahale, en la costa norte de Flores, Umri, un poblador de 55 años, relató a la AFP que "necesitamos comida, bebida, medicamentos y pañales para los niños". El hombre pasó 24 horas en una colina por temor a regresar a su vivienda. En el pueblo de Kisol, Bertolomeus Tiga, de 42 años, contó que su casa se derrumbó y que "todavía no ha llegado ninguna ayuda".
El gobierno indonesio envió 50.000 paquetes de asistencia, equivalentes a 275 toneladas, hacia la zona afectada. Sin embargo, las labores de socorro se ven complicadas por las 341 réplicas que siguieron al sismo principal.
La BPBD contabilizó 914 viviendas con daños graves, 126 con daños moderados y 317 con afectaciones menores. También resultaron perjudicados 93 centros educativos, 36 centros de salud y 38 oficinas gubernamentales, lo que agrava la situación de los damnificados que esperan asistencia en la isla.
La noche del sismo, el repliegue del mar llevó a los habitantes de Flores a huir hacia zonas altas por temor a un tsunami. El servicio meteorológico indonesio registró olas de hasta 1,6 metros en algunas costas, aunque la alerta fue levantada horas después. El pánico revive en la isla el recuerdo del terremoto de 1992, también de magnitud 7,7, que desató un tsunami y dejó unos 2.500 muertos.
Nurhidayati, de 55 años, pasó la noche en una colina junto a otros vecinos. "Sigo aterrorizada, mi corazón late fuerte al recordar el temblor del sábado... estoy muy asustada, traumatizada por el terremoto de 1992", contó a la AFP. La isla se ubica en el Anillo de Fuego del Pacífico.
Por su parte, Fathur Rahman, responsable de los servicios de rescate, informó a la AFP que no se han reportado personas sepultadas o desaparecidas. "Por ahora nos concentramos en los esfuerzos de búsqueda", señaló. Mientras tanto, la Cruz Roja Internacional adelantó preparativos para llevar ayuda a los albergues temporales, y la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, ofreció el apoyo de los satélites Copernicus para las tareas de rescate.
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