Cuando un perro se lame una misma pata o zona del cuerpo de forma insistente, hasta dejarla húmeda, irritada o sin pelo, la conducta deja de ser normal y se convierte en una señal que merece atención. Aunque lamerse de vez en cuando es parte de su comportamiento habitual, la repetición constante sobre el mismo punto revela que algo lo está molestando.
Detrás de ese lamido persistente pueden esconderse alergias, picaduras, heridas, infecciones en la piel o incluso dolor en músculos y articulaciones. También hay casos en los que el perro lo hace por aburrimiento, ansiedad o estrés. El riesgo es que, cuanto más se lame, más daña la piel y puede generar inflamación o infecciones secundarias.
Por eso, no basta con impedir que se lama o aplicar una crema por cuenta propia: lo esencial es hallar la causa del problema. Observar con precisión dónde se lame, desde cuándo comenzó y si hay otros cambios en su conducta puede darle pistas valiosas al veterinario para el diagnóstico.
Una conducta repetitiva nunca debe pasarse por alto. En muchos casos, ese lamido insistente es la única manera que tiene el perro de comunicar que siente dolor, picazón o que algo no anda bien en su organismo.
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