“María, la semana pasada te contaba la relación que vivió el gran Pancholón con Cindy, la mujer que le movió el piso a tremendo tramposo”, arrancó el Chato Matta mientras degustaba un poderoso sancochado con carne de res, pollo y su toque de chorizo, acompañado de arroz blanco, ajicito y una chicha morada para la sed. El encuentro en el restaurante sirvió para que el personaje rememore la historia que le confesó el gordito en un sauna, donde pidió un par de cervezas y siguió con sus historias alucinantes.

“Chato, la conocí cuando recién me había casado. Cindy era una delicia. La conquisté en La Trinchera”, relató Pancholón. Según su versión, su fama ya era grande en el Callao y a ella le había picado el bichito de la curiosidad. “Desde que la vi, le tiré maicito y a la primera la invité a bailar una salsa sensual”, agregó. De arranque, Cindy le soltó: ‘Así que tú eres Pancholón, tremendo jugador. Te he visto desde mi ventana con varias mujeres, eres terrible’.

Esa misma noche, Pancholón se la llevó a un ‘depa’ y comprobó su hermosura por dentro y fuera. “Era como una gatita tierna que se acurrucaba en mi pecho. Se metió en mi bobo”, confesó. El recuerdo lo llevó a cantarle al oído un tema del zambo Cartagena: ‘Sin ti, no hay nada si no estás tú/ Sin ti, se apaga el amor...’. En ese momento, admitió, tenía la cabeza caliente y pensó dejarlo todo para irse con Cindy.

Sin embargo, reaccionaba y, como buen ‘viejo zorro’, se decía a sí mismo: “no pasa nada, el varón y parador no se enamora en la calle. Si ella se metió conmigo sabiendo que era casado, después me la va a hacer a mí”. Las mujeres que lo conocen y han pasado por La Posada dicen que tiene el corazón de piedra, porque nunca se enamora. Solo amó a la que fue su esposa, pero Cindy lo tenía loco.

“Pero yo ya estoy curado de ‘floros’. La embarqué en su taxi y me fui cantando ‘Trampolín’, de El Gran Combo: ‘Recuerdo que al encontrarte llorabas desesperada/ El dolor y la amargura, mujer, de tu vida fracasada/ Y hoy que tienes otra vida/ ya te sientes liberada/ Terminó la pesadilla, mujer,/ de tu vida fracasada...’. Pensé por qué ser solo de una si puedo ser de todas’”. Ese Pancholón es un sinvergüenza. Terminará viejo y solo. Me voy, cuídense.

Antes de eso, el hombre contó que la reencontró en la calle “madurita y con mejor cuerpo”, cuando ella le reveló que en dos meses se casaría con “un viejo estadounidense” y se mudaría a Nuevo México. “No resistí la tentación y le invité unos tragos. Volvimos a La Posada y, en la oscuridad, me susurró: ‘Nunca te pude olvidar, Panchito. Tú eres el único que me hizo sentir mujer. Siempre seré tuya, así me case con ese gringo para asegurar la ciudadanía americana’”.

La historia de Pancholón arrancó cuando ella “salió embarazada”. “Ella ponía mi mano en su vientre y me decía: ‘Va a ser gordito como tú, hasta sacará la lengüita’. Por cosas del destino, perdió al bebé y lloró como una niña, pero algo se rompió entre nosotros y me fui alejando”.

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