Henry Albañil (Obras), flamante presidente de la Comisión de Ética de la Cámara de Diputados, aseguró que trabajará con fuerza para transformar la imagen de un grupo que, en el pasado, solo sirvió para burlarse de los ciudadanos. Su inacción se amparó en la frase “otorongo no come otorongo” y convirtió a la comisión en “lavandería” de cuantos pillos y delincuentes fueron sometidos a proceso, ya sea por “mochasueldo”, faltosos, aprovechadores de recursos públicos o defensores de terroristas.

El legislador, que sin pensarlo terminó al frente de Ética, asume el cargo después de que este diario revelara que quien iba a encabezar el grupo, Heber López, también de la agrupación de Ricardo Belmont, tenía una denuncia por tocamientos a un menor de edad. Aunque el caso fue archivado y se presume su inocencia, ese hecho lo descalificaba para ser el “ángel guardián” de la moral y la decencia de la Cámara de Diputados. Habrá que darle el beneficio de la duda al nuevo presidente.

La comisión tendrá un arduo trabajo y ya tiene sobre la mesa, a manera de debut, dos casos: el del legislador Julián Mallqui (Juntos por el Perú), acusado de agredir a su expareja, y el de su colega de bancada Catherin Palomino, quien afirma que ingresa al penal Barbadillo para hacer labores de “fiscalización”, pero que luego apareció como presunta autora de unos chats amenazantes en los que se jacta de ser la pareja del recluso Pedro Castillo.

La exigencia para el diputado Albañil y sus colegas es clara: ser implacables con los impresentables y los delincuentes, o dar un paso al costado. No les debe temblar la mano para proponer sanciones ni para enviar al Ministerio Público a quien lo merezca. La ciudadanía está harta de las “paseadas” y de una Comisión de Ética que funcione como “lavandería”, donde el que entra “sucio” sale “limpio”, todo se arregla bajo la mesa y las faltas graves terminan en un “simbólico” llamado de atención con descuento de un mes de sueldo.

El arranque de este grupo, conviene recordarlo, no ha sido el mejor. Primero llamó la atención la presencia de Edgar Tito Rojas (Juntos por el Perú), fundador del Movadef, como integrante del grupo, algo que resultó inexplicable e indignante. Después vino el debate en torno al diputado Harvey Colchado (Ahora Nación), a quien el Ministerio Público pide cárcel por el presunto alquiler irregular de una propiedad de su familia a la Policía Nacional, entidad de la que el hoy legislador formaba parte; la discusión era si debía seguir en la comisión.

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