La angustia de los lectores se ha disparado tras los recientes sismos en Venezuela y Colombia. “Ya está cerca de nosotros”, me escriben, alarmados, mientras este Búho recibe sus mensajes. Pero lo primero es la calma: los expertos insisten en que los sismos no se pueden predecir, así que la alerta debe convivir con la serenidad, no con el pánico.

Un terremoto podría sacudir el país hoy mismo o quizás recién dentro de cincuenta años. En la vida, la preparación es clave. Basta recordar el sismo de Pisco, de 7 grados en el 2007, que dejó más de 500 muertos; un evento similar en la capital sería sencillamente desastroso. Por eso, no sorprende que el pueblo peruano, consciente de vivir en una zona sísmica, haya convertido en su momento a la película ‘Terremoto: La falla de San Andrés’ en un exitazo de taquilla. Somos masoquistas, qué le vamos a hacer.

Para los más jóvenes, ese filme fue toda una novedad, pues no habían nacido cuando se estrenó su predecesora, la pionera y espectacular ‘Terremoto’ (1974), que marcó historia con el sistema de sonido Sensurround. Esta columna la vio de niño en el cine Roma. En la cinta más reciente, Dwayne Johnson, ‘La Roca’, interpreta a Ray Gaines, un piloto de helicóptero de los bomberos que, justo en el instante en que un devastador sismo de 9.6 en la escala de Richter sacude la ciudad, sobrevuela entre rascacielos que se derrumban. En medio de la destrucción y las nubes de polvo, ¡oh, sorpresa!, divisa a su exesposa Emma (Carla Gugino), a quien salva milagrosamente. Juntos emprenden entonces la búsqueda de su única hija, Blake (Alexandra Daddario).

La escena de la lancha rápida en la que ‘La Roca’ desafía un tsunami que amenaza el puente de San Francisco le resta credibilidad a la película, pese a que sus efectos especiales superan a los de ‘Terremoto’ (1974), protagonizada por Charlton Heston, el mismo de ‘Ben-Hur’. En medio de la alerta mundial por los violentos movimientos telúricos, no hay que burlarse de los simulacros. Este Búho vivió uno en carne propia: un sismo fuerte lo sorprendió en un séptimo piso de un edificio antiguo del Centro de Lima, donde funcionaba la antigua redacción de Trome. Fue horrible, y para colmo, quedamos atrapados en la salida de emergencia; vi a muchas colegas al borde de un ataque de nervios. Como el desastre de Pisco ocurrió a las 7 de la noche, teníamos que trabajar la edición, pero nadie quería subir. Tuvimos que ponernos fuertes y ordenar el regreso a la Redacción, porque los periodistas no podemos darnos el lujo de abandonar el trabajo: la noticia es la noticia, por más fuerte que sea el terremoto. Apago el televisor.

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