La desaparición de Linda Razzell ocurrió en marzo de 2002, cuando se dirigía a su trabajo en Swindon, Inglaterra. Su hija Cat tenía entonces apenas 13 años, y desde ese momento la familia no ha podido recuperar el cuerpo ni saber qué pasó con ella. Glyn Razzell, esposo de Linda y padre de Cat, fue condenado a cadena perpetua en 2003 por el asesinato, pero nunca ha confesado dónde ocultó el cadáver.
Ahora, una nueva revisión judicial evalúa su posible excarcelación, y Cat junto a sus hermanos acudieron al Tribunal Superior para oponerse. Su argumento es que la negación de culpabilidad de Razzell agrava su dolor, por lo que piden que no sea liberado mientras no admita su responsabilidad ni revele el paradero de su madre. La Junta de Libertad Condicional ya había aprobado en abril su eventual liberación, pero esa decisión fue remitida posteriormente para revisión.
En declaraciones a la BBC, Cat fue contundente: “Mientras se niegue a admitir lo que le hizo a ella y, por extensión, lo que nos ha hecho a nosotros, las consecuencias de ese crimen persistirán”. La hija agregó además: “No creemos que alguien que esté dispuesto a hacer eso merezca ser puesto en libertad”.
Cat Razzell durante una entrevista para la BBC.
La familia busca así obtener dignidad para Linda, a quien recuerdan en una imagen de archivo cargada por su hija cuando era pequeña. El caso, que conmocionó a la comunidad local, sigue marcado por la incógnita sobre el lugar donde se encuentra el cuerpo de la mujer, un dato que solo Glyn Razzell conoce y que se ha convertido en la condición central que sus hijos plantean para aceptar cualquier posibilidad de libertad.
Linda tenía 41 años cuando desapareció mientras se dirigía al Swindon College, donde trabajaba. La familia se alarmó al ver que no acudió a recoger a dos de sus cuatro hijos de sus actividades extraescolares; luego, la investigación halló rastros de su sangre en el maletero de un automóvil que utilizaba Razzell. Por este crimen, el padre de Cat fue condenado a cadena perpetua.
Razzell ha pedido la libertad condicional en cuatro oportunidades y hoy cumple su pena en régimen de prisión abierta. En 2021, su solicitud fue rechazada bajo la denominada Ley Helen, que obliga a considerar la negativa de un condenado a revelar el paradero del cuerpo de su víctima. Durante la audiencia, el fiscal Tristan Jones lo describió como un “individuo profundamente engañoso” y mencionó una “campaña de violencia” contra Linda. Los jueces del Tribunal Superior ya cerraron la audiencia y se espera que definan en las próximas semanas si el condenado recupera su libertad.
Cat recuerda a su madre como una mujer “increíblemente cariñosa y generosa” y sostiene que su ausencia ha marcado cada etapa de la vida familiar. “Nos gustaría poder darle sepultura, brindarle la dignidad que se merece y, finalmente, poder decir: ‘Esto se acabó’”, expresó. La hija insiste en que, mientras su padre no revele dónde está el cuerpo, no debería ser liberado.
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