Con 27 años, Elisa Tokeshi ha construido una carrera que abarca la música, la escritura, la pintura y la creación de contenido digital. La joven artista peruana convirtió sus experiencias personales y procesos de transformación en el eje de su propuesta creativa, lo que le ha permitido conectar con una comunidad que sigue de cerca sus proyectos y reflexiones.
Su faceta como escritora dio un nuevo paso con la presentación de 'Borderline sagrada', su primera novela, en la Feria Internacional del Libro de Lima (FIL Lima). La publicación amplía su universo artístico y recoge parte de esa mirada personal que también plasma en otras disciplinas, explorando nuevas formas de contar su historia.
En cuanto a la exposición pública que implica su carrera, Tokeshi asegura que siempre ha sido "una persona muy abierta y muy para afuera". Su personalidad, dice, fue así desde hace mucho tiempo, por lo que cuando empezó a tener una relación más pública a través de Instagram fue "algo bastante natural". Aunque ahora hay más gente que la sigue y la exposición puede sentirse más fuerte, la artista afirma tener el privilegio de no pensar demasiado en que la están juzgando.
Sobre las críticas, la escritora cuenta que sí lee los comentarios, pero que si alguien escribe algo muy feo, lo bloquea. Su reacción ante esos mensajes es pensar: "Bueno, ya nunca me va a ver el perfil". Y si la persona crea otra cuenta para seguir viéndola, hasta lo considera un halago.
Para Elis Tokeshi, el punto de quiebre llegó cuando pronunció en voz alta lo que durante años cargó en silencio: “tengo un problema con el alcohol, con las drogas”. A partir de ahí, dice, “todo empezó a ser más fácil”. La escritora sostiene que no existe un único camino para salir de una adicción, pero recomienda buscar ayuda y exteriorizar lo que uno atraviesa, porque mientras la negación mantiene todo en el plano interno, la lucha se vuelve mucho más difícil.
Su libro, presentado en la reciente Feria Internacional del Libro (FIL), nació de un proceso que ella compara con construir un bloque de mármol. Primero escribió todo lo que había vivido, de manera catártica, y recién después llegó la etapa creativa: transformar la historia, cambiar personajes, pulir y editar. Fue justamente la edición la fase que más disfrutó, porque ahí pudo separar a Julieta, su personaje, de su propia vida. Ese trabajo lo hizo primero en solitario y luego junto a Lucía Patsias, editora del libro en Planeta.
Desde el inicio del proyecto, Tokeshi tuvo claro que quería publicar de manera convencional. Tener un libro físico era un sueño, confiesa. Y revela que la escritura fue una herramienta clave para atravesar sus primeros meses de sobriedad: cuando dejó el alcohol, sabía que quería escribir uno, y hacerlo la ayudó mucho en ese momento.
El fragmento que aparece en la obra, con la protagonista frente al espejo, remite a un episodio de su propia historia, aunque la autora prefiere no adelantar detalles al respecto.
Hace tres años y medio, Elisa Tokeshi dejó por completo el alcohol y la marihuana. Hoy, con 27 años, se describe como una persona muy agradecida, extrovertida y alegre, aunque de niña era sorprendentemente tímida. “Después de haber pasado tanto tiempo sintiéndome triste y bajoneada, ahora me siento mucho más estable”, confiesa. Buena parte de los últimos diez años los pasó entre estudiar, dejar de estudiar y tener una mala relación con las sustancias. Actualmente estudia pintura y también es músico; antes estudió música, pero en ese momento gestionaba muy mal su vínculo con las drogas y el alcohol, y terminó alejándose de la carrera. Durante mucho tiempo eso fue un gran arrepentimiento, aunque ahora piensa que también le permitió construir una relación diferente con sus canciones.
La escritora encuentra muchos puntos en común con Julieta, su personaje, especialmente en ese instante en que ella decide finalmente cambiar su vida. Para Tokeshi ese momento también existió: cuando dejó el alcohol y decidió empezar a escribir el libro. Sobre el oficio, aconseja a quien quiera escribir pero no sepa cómo comenzar que no piense que debe hacerlo sobre algo en particular: puede empezar simplemente con lo primero que se le pase por la cabeza. “Mi diario es casi una imagen textual de lo que está ocurriendo en mi mente”, asegura. Cuando escribe literatura, poemas o canciones también es muy impulsiva: primero sale todo y después viene la edición.
Mafe Delgado fue la encargada de liderar la presentación de Elisa. 
¿Hay algo de ti que no te guste?
Hoy no me siento capaz de decir algo. He aprendido que las cosas que antes podían disgustarme simplemente me hacen humana. Los humanos somos impulsivos, resentidos, dramáticos y cometemos errores. Hace tres años y medio probablemente habría podido escribir una lista enorme, pero ahora tengo una muy buena relación conmigo.
¿Cómo ves actualmente la escena artística peruana?
Le tengo mucha fe. No la veo solamente como una escena local, sino como algo que puede crecer muchísimo y llegar afuera. Mucha gente me pregunta si quiero irme del país y no. Me gustaría poder hacerlo desde aquí y demostrar que es posible. Sobre todo, creo mucho en las mujeres músicas peruanas. Veo muchas ganas de comerse el mundo. Hace diez años, cuando recién empezaba, casi nadie escuchaba música peruana y ahora existe más interés. TikTok también ha abierto nuevas posibilidades para que la gente descubra artistas. Eso me da muy buena vibra.
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