Con la ’10′ en la espalda y su ADN pistero, código de esquina, chocolatero, caminante y buen pata, Alfonso Yáñez, nuestro nuevo fichaje, jugará su partido de debut en Trome, el diario papá, al frente del gran Roberto “Cucurucho” Guizasola, ‘Tonny Montana’ o ‘Tatún’, como lo conocen por todas las calles de su querido Puente Piedra-Disney World. El conductor de ‘Lateando con Puchungo’ se moverá por los barrios de los personajes más curiosos de nuestro deporte y los virales de nuestra farándula, y en esta ocasión el primer invitado es el amigo más íntimo de Jefferson Farfán y Paolo Guerrero.

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Antes de que llegue el personaje, Puchungo recorre la zona y se encuentra con viejos conocidos. “¿Qué tal, muchachos? Primer programa. Hoy día inauguramos ‘Lateando con Puchungo’, con Trome. ¿En qué zona? Es una zona muy familiar para mí. He tenido negocio, he dejado grandes amigos y el personaje que vamos a tener es el más querido acá”, adelanta mientras señala el cerro que domina el distrito. “El hombre es el dueño de Puente Piedra. ¿Ahí qué dice? Esta es su zonaja, así que vamos a preguntar antes de que llegue el hombre, porque seguro se van a... ¿La seguridad ha venido? Mira la seguridad... Nos hemos ido de cara con esta seguridad... Así que vamos a preguntarles a ese par de vaguitos. Tienen cara de choros, pero vamos a preguntarles si lo han visto por acá al hombre”, agrega entre risas.

¿Compadre, cómo está? ¿Ustedes son de la zona acá?

Acá estamos.

¿Cómo te dicen a ti?

No sé, tú debes saber.

¿Cómo le van a decir Puchungo? Yo pensé que era porque jugaba bien pelota, pero es porque es huasca como yo. Mi compadre ha jugado pelota y ha sido mi socio acá en Puente Piedra, y mi compadre Chamorro está chambeando de seguridad del hombre.

A este le decían acá Puchungo. Imagínense, yo caminaba y decían “Puchungo” y yo saludaba... “Oe, a ti no, a Puchungo, al otro”, y era para él. Mi causa ha jugado en la ‘U’ de chibolo y llegó, y yo jugaba fútbol, y miren cómo venimos a encontrarnos acá. En Puente Piedra nos encontramos con la familia Ramos, que es mi familia. Vamos a esperar al personaje, al gran Roberto “Cucurucho” Guizasola, en su zona, que es esa (señala el cerro), el rico Puente Piedra. Pero su zonaja, en realidad.

¿Su barrio, barrio es este, no, causa?

Claro, él es de acá.

¿De allá al fondo, no? Donde está... No es cerro eso, jajaja.

Las Casuarinas...

Las Casuarinas. Él le dice la favela, pero él le dice un nombre... Puente Piedra Disneyworld... Vamos a preguntarle varias cosas a Robertito y a pasearnos por su zona para que la gente conozca dónde se inició, dónde estuvo peloteando, mataperreando... arranchando gorras también. Voy a estar mosca con él. Ya saben, no se lo pierdan.

El ‘Cucurucho’ en su zona es el hijo de doña Alejita, una luchadora que, hasta en su último aliento, lo exhortó a sacar adelante su ONG en Puente Piedra. Esas calles donde rompió sus primeras lunas con la pelota también son las que muestran su historia más dura: vivía extenuantes jornadas de fútbol sin saber que en casa no había para almorzar, y fueron sus vecinos quienes le quitaban el hambre. Una vecina, en una inolvidable Navidad, le hizo probar su primer panetón. También estuvo a punto de perderse ‘con los amigos de lo ajeno’, y guarda un primer amor incomprendido que incluso le costó terminar con más de una relación amorosa.

Rico calorcito acá...

Bonito. Tú sabes que Puente Piedra te trata bien.

Pero no había dónde quedarse a dormir.

Pero ahora mejorado, pe, tío. Han hecho hoteles.

Había un hotel al frente, cinco soles con agua caliente.

Ja, ja, ja.

Iba a dormir parado. Pero rica zona acá. Usted es el hijo predilecto. Te sientes en casa acá siempre.

Siempre, tío. La verdad que toda mi vida, toda mi vida jugando fútbol, estando en el extranjero, en la selección, Navidad, Año Nuevo, siempre la he pasado acá.

La verdad que yo te felicito porque son pocos los personajes, de repente unos porque ya no pueden, porque tienen una casa y familia, pero son pocos los que a su barrio no lo dejan.

No, no... Imposible.

O sea, ¿una semana que no vienes te sientes extraño?

No. Me siento mal y cada vez que vengo, ya entrando a Puente Piedra, mi mujer siempre ve que se me paran los pelos.

¿Tanto así?

Sí, es que es mi vivencia. Estas personas de acá de Puente Piedra, yo siempre voy a estar agradecido... Mi mamá lavaba ropa para la calle de todos los vecinos y así nos daba para los pasajes para ir a los entrenamientos. Entonces, ¿cómo no voy a estar agradecido de mi gente, tío? Toda la gente de Puente Piedra, en esos momentos, la quería mucho a mi madre y a mi mamá todo el mundo la conoce.

Roberto Guizasola le enseña la cuadra donde empezó a pelotear en su barrio  (Foto: GEC)

¿Y algún personaje de esos que te han ayudado de chibolo, que uno nunca lo olvida, lo has sorprendido ahora que la cosa ha mejorado?

A varias personas, a mis hermanos sobre todo, porque en los momentos que uno ha estado bien complicado siempre he tenido el apoyo de mis hermanos. Por eso he tenido esos gestos con cada uno de mis hermanos. Gracias a Dios, seguimos trabajando con mis hermanos en la ONG. Ahora los voy a llevar para que conozcan y ahí vamos aprendiendo día a día, un negocio más que todo familiar que estamos haciendo en Puente Piedra Disneyworld: un campo con restaurante y todo eso...

¿De dónde salió eso?

Yo, desde muy chiquito, le puse Puente Piedra Disney World. Mi mamá siempre me decía: “Puente Piedra nunca va a cambiar, hue..., el día que cambie Puente Piedra va a ser el día que tú hagas algo acá”.

¿Y te ha metido el bichito de la alcaldía?

No, no, eso es generar problemas.

Tú prefieres hacerlo de afuera.

Yo soy el vecino que pone su granito de arena desde afuera. Yo creo que meterme a la política no es lo mío, tío. Yo soy una persona que, con cada marca y con cada persona que me conoce, más saben lo que venimos haciendo.

Lo jodido es quién te rodea.

Nada más.

Conociéndote, y la gente te conoce, saben que vas a hacer buena chamba, pero los leones que están al costado te manchan gratis...

Ahí, tío, uno tiene que estar bien asesorado con personas que quieran hacer un bien para tu distrito. Gracias a Dios, los momentos difíciles ya pasaron. Sabes lo que es pasar hambre, puff, complicado.

Yo dije en entrevistas anteriores: yo he sido pobre, pero conociendo nuestra realidad en el Perú, no hemos sido tan pobres. Yo puedo decir eso... Yo tenía una casa, una cama, tenía un plato de comida en casa, pero la pobreza que ahora conocemos cuando vamos a jugar fútbol.

Las situaciones que cada persona ha podido vivir a uno lo marcan. Hay algunos que dicen: “Yo soy de tal barrio”, y sabes qué pasa, después la gente empieza a ganar sus chavos y van al barrio y se olvidan de su gente.

O hay veces que yo no tengo nada contra las personas, yo no me meto con nadie. Uno tiene que brindar lo que te da el corazón. Yo respeto a las personas que están en su Ferrari, tío, y en Navidad le regalan una chocolatada a un chibolo y en caja.

Y todavía llevan cámara y dicen: “Grábame”, le dan la chocolatada y le quitan la mitad. Hay un montón de esos chistosos... El que hace de bobo, la gente lo sabe, porque la gente dice: “Utiliza las redes”, pero las redes se utilizan para multiplicar eso.

Para generar y que puedan hacer lo mismo. A mí me pasa mucho que, con todas las marcas con las que yo trabajo, con Tecnograss, Apuesta Total, ellos saben cuánto percibo y cuánto ellos deben dejar a mi zona.

Vamos a latear... Qué rica zona, me siento en casa, mi terreno... Unas borracheras me he metido acá. Ese mercado.

El mercado.

Un caldo de gallina...

Espectacular. Ahora te voy a llevar.

No, porque todavía debo, jajaja.

LAS DIVISIONES MENORES DE GUIZASOLA

Cuando comenzaste a jugar, la gente acá, tu barrio, me imagino que se volvió loco de ver al niño engreído en el fútbol profesional.

Claro, una situación bonita, tío, porque yo vengo de una familia futbolera.

Es cierto, Robertito, que el tema de la casa fue una ayuda del tío Guillermo (La Rosa).

Claro, ahora te voy a llevar para que conozcas.

Roberto Guizasola espera ser un factor de cambio no solo en su barrio , sino en le cientos de chicos que buscan destacar en el fútbol  (Foto: GEC)

Qué corazón el de mi tío Guillermo, un abrazo... Ese tío respira decencia.

Paz, tranquilidad... Siempre nos ha enseñado a ser humildes, a querer demostrar lo que no tenemos... Ahora vivimos en un mundo en el que la gente quiere demostrar lo que a veces ni tiene, y uno tiene que ser más humilde para que Dios te bendiga.

Esta es la escuela de mi tío Inocencio La Rosa, el que falleció... El primero fue Inocencio, de ahí Guillermo y después Chispeao. Mi tío tenía su academia de fútbol.

Mi tío nos enseñaba. Con él comenzamos... Tú tenías que pasar la prueba con mi tío. Él se ponía al frente, tú donde estaba la cámara, y te tiraba la pelota... Parar la pelota, interna, externa... Pasaste. Tú no sabías, repetías... Esta era la primera escuela de Puente Piedra.

Acá, a la vuelta, había un tío que era hincha del Boys.

Mi tío ‘Ranita’, que vendía anticuchos. Ahora el negocio lo tiene su hijo Gonzalo, que lo está manejando bien, pero ese negro no te fía nada... Te cobra todo.

Todos estos barrios tú has mataperreado acá.

En todos, pero antes no había pista, tierra nomás... Ahora yo veo a mi distrito así y, como siempre lo digo a todos los alcaldes que han pasado acá en Puente Piedra, siempre se los voy a agradecer... No tengo preferencia con nadie, pero ver mi zona así, esto ya es Los Ángeles.

Un día vine de ‘Villa 24’, con mis causas, y crucé para acá y bajé del carro... Allá estaba en Tierrocota... Acá todo pista, bonito. Si viene algún partido político, no para que chambees, sino para que tires una mano, si el hombre está legal...

Si está legal, quiere hacer las cosas bien, quiere mejorar, ¿cómo no, tío? A mí me da mucho gusto lo que hacen en el Callao. Tienen a todas las figuras que han pasado por el fútbol trabajando en la Municipalidad o en el tema de deporte, y eso a mí me agrada porque le dan un reconocimiento a futbolistas o exfutbolistas.

Pero lo que yo creo es que tenemos que prepararnos. Tenemos que estar capacitados, no porque jugamos fútbol. Yo también estoy orgulloso con lo del Callao. Pero acá también la pelotita ha sido brava... De acá ha salido Franco Enrique (Navarro).

Guillermo (La Rosa), Teófilo (Cubillas), Chispeao (La Rosa), Omar Reynoso.

El mejor bailador de música disco de Puente Piedra, John Travolta. Así lo recuerda un vecino, que lo retrata en los 80 y 90, en plena época del Moscú-Moscú. “Este me hacía bailar en la esquina. Yo venía de trabajar y hacían apuestas en la esquina. Yo venía a dejar mi equipo de música porque soy DJ y animador, y me ponía a bailar”, cuenta el vecino. Guizasola, por su parte, asegura que no había competencia en todo Puente Piedra: “El hombre era como John Travolta”.

El recorrido por el barrio continúa y Roberto señala un pasadizo. “Este ya es mi otro barrio. Ahí está el pasadizo donde está mi callejón, esa es mi jato”. ¿Y por qué jugaba allá? “Porque acá ya no nos querían ver. Ya estaban cansadas las tías: ‘Ta hue... me rompes mis ventanas’. Ya le había bajado como 10 ventanas y ya estaban asadas... Hasta ahora no le hemos pagado la ventana”.

En el camino aparece Martín Ramos, amigo de Puchungo y Roberto. “El más bravo de Puente Piedra”, lo presenta Guizasola, mientras el grupo sigue avanzando. “Este es mi barrio...”, dice Roberto, y de inmediato recuerda que las casas han cambiado: “Pero ahora las casas han mejorado, ahora las casas están arriba. Esta es mi casa. Esta es la casa que nos dio mi tío Guillermo, porque nosotros vivíamos en el cerro. Esta es la segunda casa que nos regaló mi tío”.

La dirección la tiene grabada: Pasaje César Vallejo 253. “¿Qué pasa, tío? Si yo soy el dueño de esta vaina”, suelta entre risas. Y al ser consultado sobre cómo hacía para irse de ahí a los entrenamientos de chibolo, responde: “Uy, complicado. Dos horas y media, tres horas y lo peor que, a veces, salía del entrenamiento y no había para el ‘richi’”.

Guizasola recuerda que eran una bandita del barrio. “Mi vecino de acá al costado, éramos como siete... Pero, de pronto, en el camino, unos se quedan, otros sí quieren. A mí siempre me gustó”. A pesar de que algunos compañeros iban dejando el camino, él no tiró la toalla: “No, porque yo la tenía clara. Yo quería llegar y sabía el camino que tenía que tomar, y me ayudó mucho el internado Reyes Rojos, Constantino Carvallo. Dije: ‘Ya tengo el colegio cerca, ya me puedo quedar en Lima’, y simplemente podía venir los fines de semana a Puente Piedra y eso me ayudó un montón. Ya me quedaba de lunes a sábado en Barranco y de ahí me iba para Puente Piedra y estaba día y día y medio acá”.

El equipo del barrio era el de su tío Inocencio La Rosa, que se llamaba la Escuela de Fútbol, la primera escuela en Puente Piedra, de donde salieron bastantes jugadores. “Nuestro tope máximo fue la Copa Crema 2000, en Fertisa”, recuerda. En ese torneo quedaron terceros de 24 equipos. “Llamábamos mucho la atención porque mi tío, técnicamente, nos enseñaba cosas que no eran normales y ahí tenías que meterle la picardía”. Su base técnica, reconoce, se la debe a su tío Inocencio: “Nos enseñaba todo”.

Antes de llegar a ese punto, el recorrido empieza por la zona que hoy es urbana, pero que antes era pura tierra. “Y toda esta zona, todo era tierra. Tu barrio era al fondo”, dice el entrevistador, y Roberto responde: “Al fondo, doblando nomás”.

¿Y cómo peloteaban? “Acá tú tienes que ser mago. Podías romper el vidrio y ya sabías que salía la tía con el palo. Los carros, hasta a los carros les tenías que hacer huacha. Cuando juego con mis amigos y dices ‘carro’ y a veces no la paran”. El entrevistador comenta: “Eran carro o señora”. Y Roberto ríe: “Las paredes, tío, rebotaban, jajaja. Tío Puchungo, ¿qué pasa?”.

Las tiendas, ¿dónde eran? “Acá a la vueltita. Elenita debe de tener más de 40 años que me conoce, toda una vida. Yo soy muy agradecido a esta gente”.

¿Y cuándo comenzó la cosa bonita? “Todo cambió, pero esa satisfacción... Acá tú no puedes mentir, acá no puedes venir con el carrito, con el relojito, porque acá han visto que se te caen los mocos y acá tú tocabas la puerta para que te puedan dar un platito de comida y cada espacio te trae un recuerdo”.

Roberto agradece el programa del Trome: “Este programita, yo le agradezco a la gente del Trome porque esta vaina es bacán: caminar con la gente en el barrio que naciste”. Y rememora: “Acá jugaba yo con mi hermano y un vecino. No había carros, acá había planta de aceitunas y jugábamos 2 contra 2... Yo conté en el programa del Loco Vargas, yo jugaba acá y a las 12 del día siempre todos los vecinos ya comenzaban... Yo jugaba con Edgar... ‘Edgar, tu comida, hijo’. De pronto lo llamaban a José Luis... y en mi casa no había comida”.

Entonces, recuerda a su madre: “Y la negra siempre salía, pero para que los vecinos escuchen: ‘Totito, Tatun...’, así nos llamaba a mí y a mi hermano: ‘Vengan que ahí está su arroz con pollo’. ‘¿Mamá, y el arroz con pollo?’. ‘No, los estoy llamando nomás para que los vecinos escuchen, para no quedar mal’, ja, ja, ja”.

Al ser consultado sobre si bailaba salsa, responde tajante: “No”. El vecino bailarín aclara: “Techno y música disco”. Y agrega: “Eran los 80 y 90... Moscú-Moscú”.

Finalmente, sobre su familia, Guizasola reflexiona: “Somos una familia muy unida, y mi familia más se une en los momentos más difíciles. Cuando hay problemas más fuertes, todos se unen y salen adelante”.

La primera vez que Roberto Guizasola comió panetón fue gracias a su vecina, la señora María. “Su papá era marino y traían panetón de los marinos mercantes, y no era normal tener panetón en la casa... Era duro”, recuerda el exfutbolista. “Siempre le hago recordar y sus nietas, los familiares, no saben esta historia. Te pueden ver en la tele, en otras cosas, no saben cómo inició todo esto”.

La señora María lo conoce desde que era un niño, amigo de sus hijos. “Se escapaba por jugar fútbol”, cuenta. Y aunque no rompió lunas, sí tuvo un incidente en su patio: “Uno de sus hermanos se cayó en mi patio. Él lo tiró (señala a Roberto). Me rompió una tina nomás, ja, ja, ja”. Al rato escuchó un golpe: “¡pum! Era Totito y él (Roberto). ‘Yo no he sido’. Se escondió. Era terrible”.

En el barrio de Puente Piedra, la madre de Guizasola, la señora Alejita, era muy querida. “Una buena madre los crió”, dice otra vecina. La señora María recuerda que “ella le daba el quaker a mis hijos”. El propio Guizasola explica: “Ella le repartía a la gente... y eso es lo que ya no encuentras con tus nuevos vecinos. Ahí es donde empieza la unión. La vecina era tu tienda de abarrotes. Todo te prestaban”.

Las celebraciones en el barrio eran especiales. “Cuando es cumpleaños de la señora Aleja, hay toldo, empieza el bailetón, las chelas. Se celebra”, cuenta la segunda vecina. Y cuando no había agua caliente, la solución era sencilla: “La tinita la subíamos al techo y acá en Puente Piedra siempre sale sol y te calentaba el agua. Entonces, la gente se bañaba con agua tibia”.

Guizasola nunca dejó su barrio. “Navidad, Año Nuevo, yo siempre he parado acá. Nunca dejé mi barrio y eso también me tuvo muchos problemas con mi anterior pareja, porque a veces me decía: ‘Me quiero ir a Cancún de vacaciones’... No, Puente Piedra Disney World”. Para él, las vacaciones siempre fueron ahí: “Acá soy feliz, acá es el mundo real, acá tú no puedes mentir, aparentar lo que no eres, porque son tu infancia”.

El exjugador reconoce que su madre fue muy querida en la zona y que por eso los vecinos lo saludan como si nunca se hubiera ido. “Lo que pasa también, tío, es que mi mamá ha sido muy querida, muy querida”. Y asegura que en el barrio nadie le pide fotos: “Y acá uno disfruta y ni foto me piden, ya me ven tanto que... fuera, m...”.

Guizasola se define como una persona reservada: “Yo he sido una persona no muy abierta a muchas personas. Yo tengo un grupo reducido de personas que me acompañan porque me pasaron cosas”. Cuando recién empezaba en el fútbol, con 20 años se fue a Bélgica y allí le detectaron un soplo al corazón. “Fuimos allá (Bélgica). Pasa lo del Mundial, que algunos jugadores de Senegal fallecen. Me comienzan a hacer las pruebas y ya me detectan el problema al corazón”, relata. Antes de eso, no tuvo ningún aviso: “No, nada”. Y recuerda que en esa época, antes del diagnóstico, salía a divertirse: “De antes que me suceda eso, yo iba a la discoteca del Puente y yo era el tipo... Es que todo muchacho debe pasar por esa vivencia”.

Sobre su amistad con Jefferson Farfán, Guizasola cuenta que “siempre hubo química desde un inicio por la chacota. Éramos un grupo muy alegre del club donde compartíamos momentos espectaculares con sencillez”. Añade: “Es lo más bonito crecer con tus amigos cuando no hay nada... y, de pronto, te motiva ver cómo cada uno de ellos va creciendo: a Paolo, Jefferson, y uno atrás no se quiere quedar y quiere seguirles sus pasos. Y, de pronto, pasar el tiempo y ver todo lo que consiguieron como jugadores a nivel mundial”.

En cuanto al origen del podcast con Farfán, Guizasola revela que la idea fue del propio Jefferson: “El negro lo tenía pensado y siempre lo quería hacer. Porque al futbolista siempre lo ven un poco cohibido, nos entrevistan y decimos lo mismo. Nosotros, del lado del futbolista, no queremos que nadie nos critique y no nos damos cuenta de que la estamos cagando y no tienes la hidalguía de reconocer que la estás haciendo mal. Negro, el botar cómo hemos sido como futbolistas, las jergas que se utilizan”.

El exdefensor también recuerda los reencuentros con sus compañeros de equipo: “El presidente cada año nos lleva para recordarlo y, gracias a ese reencuentro, nos despedimos de muchos amigos, como El Pana Tejada o Ciciliano”.

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