La ciencia respalda con evidencia sólida que las actividades humanas pueden generar movimientos telúricos. El Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS) documenta internacionalmente los llamados sismos inducidos, aquellos que no se originan por el desplazamiento natural de las placas tectónicas, sino por intervenciones que alteran la estabilidad del subsuelo.

Entre los fenómenos con capacidad directa de desencadenarlos figuran el llenado de grandes embalses, la minería superficial o subterránea, la extracción de petróleo y gas, y la inyección de fluidos en formaciones profundas. El problema central es que estas acciones modifican la presión sobre fallas geológicas preexistentes, lo que puede provocar temblores. Si bien la mayoría presenta magnitudes pequeñas y un peligro limitado, existen antecedentes de movimientos de origen humano potencialmente dañinos.

Por ello, los especialistas diferencian estos eventos de los grandes terremotos que ocurren de forma natural. En EE. UU., por ejemplo, la incidencia de sismos aumentó desde 2009, un incremento que las autoridades geológicas asocian a este tipo de prácticas humanas.

Las actividades humanas, como la inyección de fluidos y la minería, contribuyen a la generación de sismos, según el Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS). Foto del autor lr.pe

¿Cómo provoca el ser humano terremotos y de qué manera es posible prevenirlos?

La entidad norteamericana atribuye a las operaciones de petróleo y gas un rol protagónico en el aumento de la sismicidad. La inyección profunda de aguas residuales —más que el fracking en sí— multiplicó los temblores de magnitud 3 o superior en el centro de EE. UU.: de 24 anuales entre 1973 y 2008 saltaron a 193 en el periodo 2009-2014, con un pico de 688 eventos en un solo año. No obstante, la regulación operativa ofrece un margen para mitigar el riesgo: suspender o limitar la disposición de efluentes en pozos de Colorado, Ohio y Arkansas logró frenar las sacudidas telúricas.

El USGS confirma que la intervención humana altera la sismicidad terrestre: "Los seres humanos pueden provocar terremotos cuando una actividad modifica las presiones o esfuerzos que actúan sobre una falla susceptible de deslizarse". Labores mineras, excavaciones profundas, embalses y la inyección subterránea de fluidos modifican las cargas del terreno y la presión en fracturas geológicas.

Si bien predecir cada episodio resulta complejo, ciertos factores elevan la vulnerabilidad del subsuelo ante catástrofes de gran magnitud: la cercanía a fallas, las tasas altas de inyección y la proximidad a rocas cristalinas profundas son señales de alerta que conviene vigilar.

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¿Se pueden predecir sismos, según los científicos?

Aunque ninguna técnica permite anticipar qué pozo industrial subterráneo desencadenará movimientos peligrosos, las actividades de ese tipo sí generan temblores que fracturan la corteza hasta a 16 kilómetros del punto de inyección y a profundidades variables. Por ello, el control operativo y la caracterización de fallas resultan claves para gestionar este peligro de origen humano. En cuanto a la predicción, el USGS advierte que la ciencia actual no puede anticipar temblores con exactitud: un pronóstico real exigiría fijar fecha, localización y magnitud a la vez, y los cálculos solo ofrecen probabilidades regionales a largo plazo. Las alertas tempranas, como ShakeAlert, no deben confundirse con predicciones previas: detectan la ruptura inicial y transmiten avisos breves antes del arribo de las ondas destructivas, aprovechando la velocidad tecnológica para otorgar segundos valiosos de protección a la población e infraestructura.

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