Con apenas 126 avistamientos registrados en más de cien años, la Stygiomedusa gigantea, conocida como medusa fantasma, es una de las especies más enigmáticas de las profundidades marinas. Esta enorme medusa, que fue registrada científicamente por primera vez en 1910, destaca por sus cuatro brazos planos que pueden superar los 10 metros de longitud.
El océano profundo esconde especies que rara vez han sido observadas por los seres humanos, y esta criatura es una de ellas. Su escasa presencia la convierte en un misterio para la ciencia, y su hábitat hace que sea difícil de estudiar. Sin embargo, en 2023, un avistamiento en Costa Rica permitió obtener nuevas imágenes y datos sobre sus características.
Esta especie de medusa se alimenta atrapando presas con sus largos brazos planos. Además, se desplaza lentamente para conservar energía en el océano profundo, donde vive en las profundidades.
La medusa fantasma se desplaza con lentitud para reducir al mínimo su gasto energético, pues habita entre los 1.000 y 3.000 metros de profundidad, en una zona oceánica donde la luz es prácticamente inexistente y los recursos escasean. Para alimentarse, emplea sus largos brazos como una especie de red que le permite envolver y atrapar pequeños peces y crustáceos. Los investigadores han observado que se mueve de manera pausada y constante, y hasta ahora no se le conocen depredadores naturales importantes.
Su cuerpo tiene forma de sombrilla y puede superar un metro de ancho, mientras que sus cuatro brazos alcanzan longitudes superiores a los 10 metros. A diferencia de muchas otras medusas, esta especie no posee células urticantes y presenta una coloración que varía entre marrón rojiza y amarillenta. En más de un siglo, solo se han registrado 126 avistamientos de esta criatura.
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