El portaaviones estadounidense USS Abraham Lincoln acumula más de 250 días de despliegue y se ha convertido en el centro de una controversia que involucra a sus aproximadamente 5 000 marineros e infantes de Marina, a sus familias y a legisladores de Estados Unidos. Las denuncias apuntan a escasez de suministros, fallas en el agua y la infraestructura del buque, y un preocupante deterioro de la salud mental de la tripulación, aunque el Pentágono niega las acusaciones.
La nave zarpó de San Diego el 21 de noviembre de 2025 con una misión inicial en el Indo-Pacífico, pero fue desviada hacia Medio Oriente, donde llegó en enero. Poco después, el 28 de febrero, Estados Unidos e Israel lanzaron los ataques conjuntos contra Irán que desencadenaron la guerra, y desde entonces el portaaviones es una pieza clave del dispositivo militar estadounidense en la región. Su retorno estaba previsto para mayo, según AP, pero la prolongación del conflicto lo impidió.
El senador demócrata Richard Blumenthal señaló que la nave superó los 200 días consecutivos sin tocar tierra, un récord, mientras que AP calcula en más de 240 días el período ininterrumpido en el mar. Los despliegues navales de EE.UU. suelen durar entre seis y nueve meses, aunque pueden extenderse en tiempos de guerra.
La preocupación se hizo visible en dos recientes reuniones entre familiares de los efectivos y altos mandos de la Marina. Según el canal 'MSNOW', los allegados confrontaron a las autoridades por las condiciones a bordo y exigieron saber cuándo volverán sus seres queridos a casa. Los testimonios describen problemas que van desde la alimentación hasta las condiciones sanitarias y laborales.
El senador demócrata Ruben Gallego, veterano del Cuerpo de Marines, resumió algunas denuncias: duchas con moho, suministro intermitente de agua caliente, comida y jabón racionados, baños fuera de servicio y jornadas de entre 12 y 16 horas sin días libres. Mientras tanto, otro portaaviones ya se dirige a Medio Oriente para reemplazar al Abraham Lincoln.
La principal alarma en torno al USS Abraham Lincoln no son los suministros, sino la salud mental de sus aproximadamente 5 000 tripulantes. Medios especializados como 'Navy Times' y 'Stars and Stripes' reportaron intentos de suicidio y una caída de la moral a bordo. Familiares, durante reuniones recientes, denunciaron graves crisis de salud mental y casos de miembros que habrían amenazado con arrojarse del portaaviones. “Las historias de miembros de la tripulación que amenazan con lanzarse del barco son una señal de alarma aterradora sobre lo grave que se ha vuelto la situación”, afirmó Gallego.
Las autoridades reconocen al menos un episodio concreto: un marinero cayó por la borda a principios de agosto y fue rescatado rápidamente. Tras ser atendido por el equipo médico del portaaviones, fue trasladado fuera del buque para recibir cuidados adicionales. Las circunstancias del hecho aún se investigan y la Marina no ha confirmado que haya sido un intento de suicidio. Al mismo tiempo, la institución asegura no haber detectado “un aumento en ideaciones suicidas ni en intentos” a bordo del Lincoln, aunque no entregó cifras que respalden esa afirmación, alegando motivos de privacidad y seguridad operacional.
En cuanto a las condiciones materiales, el senador Blumenthal envió una carta al Pentágono con denuncias sobre escasez de suministros básicos, contaminación del agua, problemas de plomería, seguridad en cubierta y fallas en el sistema de correo. Según la misiva, algunos paquetes enviados por las familias con artículos esenciales habrían permanecido perdidos durante meses. La Marina calificó en abril de “falsos” los primeros informes sobre escasez de alimentos, pero luego reconoció que la guerra generó un “entorno altamente disputado” que interrumpió los centros tradicionales de abastecimiento estadounidenses en Medio Oriente.
Esos problemas derivaron en escasez y dificultades con el correo, según la propia Marina, que dijo haber priorizado primero la comida, después los productos de higiene y finalmente la correspondencia. Las autoridades sostienen que actualmente la tripulación dispone de agua limpia y opciones de alimentación saludables. Pese a ello, el secretario de Defensa, Pete Hegseth, rechazó este jueves 13 de agosto la descripción de las condiciones a bordo y aseguró que los informes fueron “completamente tergiversados”.
La presión sobre Washington también se refleja en el plano político. El senador Blumenthal exigió respuestas a la Marina y al Pentágono, mientras que Gallego pidió organizar una visita oficial de una delegación bipartidista del Senado al portaaviones para comprobar las condiciones de primera mano. Las explicaciones de Hegseth no han detenido estos reclamos.
Mientras tanto, otro portaaviones estadounidense ya se dirige a Medio Oriente, en medio del rechazo del Pentágono a que exista una crisis a bordo del Lincoln. El USS George Washington, que opera habitualmente en el Pacífico, partió la semana pasada de Da Nang, Vietnam, acompañado por un crucero y un destructor. Posteriormente, fue visto atravesando el estrecho de Singapur y un funcionario de la Marina confirmó que se encontraba en el estrecho de Malaca, una ruta que lo ubica rumbo al océano Índico.
Un funcionario estadounidense confirmó a Reuters que el George Washington se dirige hacia Medio Oriente con la intención de reemplazar al Abraham Lincoln. Según esa fuente, el relevo había sido planificado con anterioridad. Su llegada permitiría finalmente poner fin a uno de los despliegues continuos más prolongados de la historia reciente de la Marina estadounidense.
Durante una visita a Panamá, Hegseth afirmó: "Nos aseguramos de que cada barco, cada tripulación y cada capitán dispongan de todo lo que podamos ofrecerles en todo momento". El funcionario reconoció que algunos despliegues son más prolongados que otros y destacó las condiciones "austeras" en las que trabajan los marineros, con menos escalas en puerto. También aseguró que quiere que la tripulación pueda regresar a casa y ser relevada lo antes posible.
La decisión de enviar al George Washington también expone una dificultad más amplia para Washington: la guerra con Irán está obligando a mantener durante meses una importante presencia naval en Medio Oriente, sometiendo a una fuerte presión tanto a los buques como a sus tripulaciones. Por el momento, no está claro cuándo esa presión disminuirá. Aunque las hostilidades con Irán se han reducido durante las últimas semanas, Estados Unidos volvió a imponer un bloqueo sobre los puertos iraníes en el estrecho de Ormuz. Hegseth aseguró que Washington tiene capacidad para mantenerlo "indefinidamente".
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